J. Rafael Bernabeu Galbis, autor de esta obra que él titula “Ontinyent: arte e iglesias”, fruto de esa búsqueda suya y de su asumida y devota reflexión. Y no es, digámoslo también, la primera vez que lo hace, siempre en torno a su ciudad, la que le vio nacer, en la que formó una familia y trabajó: Ontinyent. Y mientras transcurría su vida, y aún después de su jubilación, una afición  constante: la de la fotografía, esa que también puede ser arte, que fija en un instante cualquier imagen presente ante la mirada, reflexiva o no, bella o fea, para siempre, para ese siempre que llamamos historia.

Sobre esta afición, sobre sus numerosas colecciones fotográficas, acumuladas a lo largo de toda su vida, sobre su ciudad y sus gentes, J. Rafael Bernabeu Galbis ha ido convirtiendo una realidad, lo que él veía, la suya o la de todos, en otros sueños, los suyos y los que también pueden ser los nuestros si nos las muestra.

Y eso es lo que ha hecho en este nuevo libro que nos ofrece, como anteriormente lo hizo en otros: “San José de Ontinyent. Cronología del nacimiento y desarrollo de una parroquia”, “Oratorios y ermitas de Ontinyent”, “Escudos nobiliarios de Ontinyent”, “Imágenes devocionales de Ontinyent”, “Iconografía mariana”, y “Les nostres fonts”. En él, en este nuevo “Ontinyent: arte e iglesias” nos presenta, en una aproximación afectiva y tal  como él lo  vio y todavía lo  ve, el arte de su pueblo, especialmente el que existe o existió en su templos religiosos, descubriéndonos, ya para nuestra memoria, el que existió, vendido o expoliado, en ese desaparecido museo de la finca llamada de La Ereta. Iconografía fotográfica que acompaña de breves comentarios que sitúan al lector en aquello que fue, lo que es y lo que no debió ser. Lo que será el arte en Ontinyent ni el autor ni nadie lo sabe; todo ello tal  vez (ese pasado, ese presente y ese futuro) lo intuyó, para            que no sea así, Eugenio D’Ors cuando escribió: “Todo lo que no es tradición, es plagio”. Al lector de este libro le corresponde ya juzgar viendo y leyendo las páginas que siguen.    

 

                

J. Rafael Bernabeu Galbis

ONTINYENT:

ARTE  E  IGLESIAS

 

A María Ángeles,        

                                                                mi esposa, en nuestras      

                                                                Bodas de Oro. 1959-2009. 

Ontinyent: Arte e iglesias

 

Fotografías propiedad del autor y otras que se indica su procedencia.

 

Prólogo: Fernando Lliso Bartual

 

Tratamiento informático:

Vicente Ferrero Torró

Rafael Bernabeu Galbis

Álvaro Bernabeu Sanchis

 Prólogo

La primera imagen que nos viene a la memoria cuando hablamos de Rafael Bernabeu Galbis es la de un hombre detrás de una cámara de fotos o un tomavistas. En actos culturales o festivos, en conmemoraciones, en manifestaciones religiosas, en cualquier situación de la vida social de Ontinyent, ahí ha estado Rafael levantando acta para dar testimonio a las generaciones venideras. Y lo ha hecho en momentos no tan proclives a la imagen como los presentes, como pudieran ser las primeras décadas de la segunda mitad del siglo XX. Ha sido y es una constante en su familia la defensa y reivindicación de lo nuestro, de nuestro pasado y de nuestro patrimonio.

En el libro que tienen en sus manos el autor ha optado por una aproximación afectiva al arte de nuestra ciudad, especialmente el relacionado con los templos religiosos. Y es afectiva al menos en dos sentidos. Por una parte su acercamiento al tema le viene por un interés personal incuestionable al que le ha llevado la estima por cualquier aspecto del pasado y presente de Ontinyent, y es desde esa estima desde donde proyecta su visión de la obra artística. Y por otra parte busca, y consigue, con el libro despertar en el lector una actitud positiva hacia edificios, pinturas, esculturas y otros elementos que, por su cercanía, en demasiadas ocasiones pasan desapercibidas a los que vivimos a orillas del Clariano.

El libro se apoya fundamentalmente en las imágenes. Desde ellas, y con el apoyo de los datos, breves, imprescindibles, nos aproxima a una realidad material construida desde la idea de la trascendencia. Es la concreción física de la espiritualidad que han tenido las generaciones que han poblado estas tierras desde la Edad Media cristiana, si bien hay una mención a los primeros pobladores. Es otra de las constantes del autor, su interés por la religiosidad de Ontinyent y sus manifestaciones, en este caso artísticas.

Sin duda la división en estilos, aunque complicada por la historia misma de los templos de los que se habla, va a ser muy útil para numerosos lectores a los que la sistematización les permite conocer en conjunto, integradamente, obras y elementos que por separado son difíciles de entender. A ello contribuye la proliferación de fotografías, con gran detalle algunas de ellas, que dan al libro un carácter gráfico y didáctico.

          Quiero destacar la oportunidad que ofrece esta obra de reparar en detalles que de otra manera serían imposibles de conocer. Por una parte la mención a lo ya desaparecido, que gracias a la recuperación de imágenes antiguas y al archivo personal del autor pueden ser, al menos, vislumbradas por el lector.

          De otra parte, es complicado poder ver con detenimiento y precisión, si no es gracias a una obra como la presente, el apostolado de Segrelles, hornacinas de diversos templos, inscripciones relativamente ocultas, o objetos en los que es difícil reparar.

En definitiva, estamos ante una obra que invita a redescubrir nuestro patrimonio, incluso el ya, tristemente y demasiadas veces, desaparecido. A partir de ella, a buen seguro, muchos lectores verán con otros ojos a Ontinyent, y quizás algunos profundicen en el conocimiento del legado de muchas generaciones que nos precedieron y nos legaron la expresión artística y material de sus creencias, de las que, de una manera u otra, todos los hijos de Ontinyent somos herederos.

Fernando Lliso Bartual

 

 Introducción

  

Para comprender lo que es el arte habría que preguntarse en primer lugar y especialmente lo que, en esencia, caracteriza al hombre y lo distingue del animal, lo que lo diferencia - o en muchos casos debería diferenciarlo - de él por su dignidad, por su nobleza no instintiva y por su deseo de conocer y juzgar el motivo de sus actos, la razón por la cual existen las cosas y se producen los hechos que lo rodean: superar, en fin, los instintos, los apetitos, los impulsos y los deseos que, aún teniéndolos, constituyen la simple "animalidad" de los otros seres que forman la cadena de la existencia.

Aunque también podríamos preguntarnos si el esfuerzo de conocer, de saber sirve para algo. ¿Tal vez solamente como sabiduría o intuición de lo que ha sido nuestra historia, el pasado que nos ha conducido a lo que ahora somos y lo que podrá existir en el futuro, el nuestro y el de aquellos que nos sucedan?

La respuesta estaría en el ir más allá de ello en base a ese conocimiento, en el saber lo que queremos y, tras ello, elegir. Pero esa elección implica juzgar lo que es bueno y lo que es malo, lo que es hermoso, bello, y lo que es malo, feo. Lo cual, sin duda, conduce a la realización de ese a veces trabajoso esfuerzo de alcanzar el conocimiento lúcido, el sentido de la calidad, además del deseo de mejorarnos a nosotros mismos y a quienes, en su caso, constituyen la sociedad que nos rodea.

Con todo ello nos encontramos a la vez, para conseguirlo, con el arte y la moral, con la ética y la estética. Aunque de lo que se trata, aquí y ahora, es de la "creación", que sería el arte, sin olvidar la "acción", que sería la moral con la que nos comportamos. Una doble vertiente, conocimiento y calidad, a la que responde la historia del arte en general, una historia a través de la cual podemos saber lo que como ser viviente hemos

sido a través de los siglos reflejado en el testimonio vivo de sus obras, sondeando en ellas nuestra sensibilidad y nuestro espíritu, en el pasado y en el presente.

Asumida esa necesidad del arte, admitido ese necesario conocimiento de su diversa manifestación con que el hombre lo ha tratado, ciñéndolo a sus creencias principalmente religiosas, a sus necesidades tanto espirituales como materiales, y sin caer en la tentación de confundir esa historia del arte con la de la humanidad en general (hechos históricos de toda índole, desde lo político al suceso más cotidiano) podríamos llegar a la conclusión de que las manifestaciones físicas del arte en cualquier lugar o ciudad - en este caso en Ontinyent - pueden caracterizar, entre otros factores, lo que se denominan señas de identidad de un pueblo o nación, señas formadas - aunque a veces a partir o contagiadas por un mito - a lo largo de las distintas etapas de su historia.

Un patrimonio artístico común que a menudo es difícil poner de manifiesto para su contemplación porque, en muchos casos, ya no existe más que en el recuerdo, plasmado en una pintura o en una fotografía, víctima como ha sido de la acción destructora, a menudo confusa, irracional e insensible de los mismos hombres que, ellos o sus antepasados, las realizaron.

Por el camino, pues, de esas premisas discurre este estudio titulado Ontinyent: Arte e iglesias en el que he pretendido exponer la forma en que se ha ido desarrollando la historia de los hombres que han habitado estas tierras desde remotos tiempos configurando nuestra sociedad, entre otras actividades, a través del arte que fue y ya no es y del que, por suerte, todavía existe. Porque nuestra identidad se fundamenta más de lo que imaginamos en la pervivencia de aquellas obras que llevaron a cabo nuestros antepasados, a menudo ya solamente vivas en el recuerdo de un texto o de un documento gráfico, aniquiladas por la especulación, por el expolio y por la ignorancia. Nuestro trabajo ha consistido, pues, en el intento de recopilar lo que histórica o contemporáneamente ha caracterizado más o menos artísticamente nuestra ciudad. Y así y para ello el "Museu Arqueològic d’Ontinyent i la Vall d'Albaida" (MAOVA) nos ha facilitado información y fotografías del periodo comprendido entre el V al II siglo antes de J.C. sobre los pobladores del núcleo que hoy conocemos por Ontinyent y sus alrededores, concretamente en torno del río Clariano, donde, en cuatro asentamientos o abrigos naturales, dejaron constancia de su paso con varias expresiones esquemáticas rupestres, testimonio de su incipiente arte. Sobre ellas ha escrito Agustí Ribera, director del citado museo, desde 1989 hasta la fecha, varios estudios, habiéndolo hecho también otros autores sobre ese arte rupestre esparcido por diversos lugares de esta zona geográfica.

Si el arte, aquí como en otros lugares, ha tenido en el pasado su principal manifestación en el hecho religioso, tanto a nivel privado como público, fruto de encargos y donaciones, dando prueba de ello las iglesias en su arquitectura y en las obras pictóricas, entre otras formas de arte, que guardan y que todavía quedan tras la destrucción y el robo cometidos por las hordas incontroladas, ignorantes y no tan ignorantes, en su más nefasta irracionalidad siempre, durante la efímera II República española y el inicio de la consiguiente Guerra Civil de los años treinta del pasado siglo, trata también de ello y lo muestra este libro, que también incorpora las nuevas realizaciones, tanto religiosas como civiles, no demasiadas, desde entonces hasta ahora.

Con la esperanza de que en el futuro hayan desaparecido los conflictos y las alienaciones a los que ha estado sometido el hombre de hoy y la función del arte no esté sometida ni a la magia ni a ningún tipo de educación discriminadora socialmente, sino que sea una actividad normal y creadora libre de prejuicios y convencionalismos, ofrezco al lector las páginas que siguen.

 

 

PREHISTORIA

 

MESOLÍTICO-ENEOLÍTICO

 

Como arte rupestre se designa a las pinturas prehistóricas realizadas en las paredes de cuevas o abrigos, que normalmente forman grupos geográficamente homogéneos y con una cronología muy diversa. El grupo mas antiguo encontrado corresponde al paleolítico superior (entre 30.000 a 10.000 antes de J.C.) y las más famosas en España son las de Altamira.

Durante el Mesolítico y Neolítico se realizó en el área levantina de la península Ibérica (concretamente en tierras que abarcan las sierras de Aitana, Mariola, Benicadell, etc.),                                                     un conjunto de pinturas rupestres caracterizadas por su carácter esquemático, halladas en abrigos rocosos, con una antigüedad de unos diez mil años habiendo declarado la UNESCO a alguna de ellas, Patrimonio de la Humanidad.

Hay ídolos oculados, sobre huesos, de un enterramiento del eneolítico en Ontinyent (ver Joan Bernabeu) y otros lugares de la Comunidad Valenciana.

Cercano a Ontinyent, en el nacimiento del río Clariano, se hallan en abrigos poco profundos, varios testimonios catalogados de estas pinturas rupestres correspondientes al Eneolítico, de  trazado muy esquemático, y que, para conocimiento de curiosos y estudiosos, exponemos a continuación.

 

“L’Abric de la Creu”, en el Barranc dels Tarongers, a 3 kilómetros al Sur de Ontinyent, en la parte izquierda del citado barranco, en una estrecha terraza de difícil acceso y a unos 50 metros  sobre el lecho del barranco, es el primero de los cuatro conjuntos encontrados.   

 

                                                  “Abric de la Creu“. (Foto MAOVA)

Sus pinturas se encuentran  situadas en dos cavidades próximas que, para mejor exponerlas, se han dividido en dos imágenes.   (Fotos MAOVA).

“Abrics de la Monja”. Son dos cavidades situadas en el paraje conocido como el Pou Clar (nacimiento del río Clariano), a una distancia de 2,5 kilómetros de Ontinyent.

Abiertas al sur del Barranc de l’Avern, en la base de la pared de La Monja y a unos 20 metros sobre el lecho del río. Sus paredes aparecen ennegrecidas por el humo, como consecuencia de haberse realizado hogueras, así como deterioradas por graffitis.

“Abrics de la Monja”. (Foto MAOVA)

Debido al proceso de degradación padecido por la figura, aparece ésta muy desvaída en su pigmentación.
 (Foto MAOVA).

“Abric de la Fos”. Este abrigo se encuentra en el Barranc de la Fos, a unos 4,5 kilómetros al nordeste del término municipal de Ontinyent, cerca de una cueva de grandes dimensiones denominada Cova del Puntal o Cova de la Fos. A la izquierda de una terraza donde hubo un asentamiento de la Edad del Bronce: el “Molló de les Mentires”.

“Abric de la Fos”.  (Foto MAOVA)

Pinturas rupestres del Abric de la Fos. Se cree que algunas de estas representaciones rupestres pueden tener una “lectura” simbólico-religiosa. (Foto MAOVA)

En las inmediaciones del Pou Clar, en un abrigo del barranco llamado “Abric del Gegant”, se encuentra esta pintura.  (Foto MAOVA)

Se trata de la representación de una figura antropomorfa ubicada en un abrigo rocoso de escasa profundidad. Parece ser un ser humano, con cabeza, extremidades inferiores y ancho tronco (o brazos). Debido a estar cubierto de calcificación no aparece clara la figura representada. Los pigmentos utilizados en su confección son rojo y negro, típicos del arte levantino, al igual que el uso de la figura humana.

EDAD MEDIA

  

EL PERÍMETRO MURAL DE LA VILA

Hasta que no se realicen nuevas investigaciones, hay que hablar del punto donde está enclavado Ontinyent como un lugar o aldea  sujeta a la jurisdicción de Xátiva que, con la llegada de los árabes, incrementa su fortaleza.

El pergamino  más antiguo documentado que poseemos sobre el origen de Ontinyent aparece en la “Crónica latina del Cid”, del siglo XII, y responde al nombre de “Ontignano”. Más tarde, en el “LLibre del repartiment”, aparecen las siguientes denominaciones: Utiye, Ontine, Ontiyent, Ontignen, Ontiyen.

Tras la conquista de Ontinyent, en Jaime I, le concedió a esta villa el título de “Muy Noble”, con derecho a Voto en Cortes. Otorgándole el título de “Muy Leal”  Pedro IV, entre otras valiosos privilegios, debido a los muchos sacrificios llevados a cabo por sus habitantes durante la guerra contra Castilla y los unionistas.

Cuanto antecede es una pequeña introducción de Ontinyent en la Edad Media, y ahora, para completarlo, cabría referirnos a una frase de Miguel de Unamuno, que analizó como nadie las raíces más hondas de lo español, en “Andanzas y visiones españolas”: “¡...viejo pueblo, relicario de recuerdos, que duermen al sol guardado por sus murallas!... ¿Qué habrá allí dentro?”. Ese misterio, esa curiosidad, está en manos del lector. Abre sus páginas y encontrarás las impresiones de un hijo de Ontinyent.        

Entre otros núcleos de asentamiento que se gestaron en lo que hoy conocemos por el termino municipal, es nOntinyent el núcleo que resistió al embate de los siglos, gracias a encontrarse situado sobre un promontorio a la derecha del profundo barranco por donde transcurre el río Clariano.

Para defenderse de sus enemigos, sus habitantes construyeron una vertical muralla, parte de la cual se puede apreciar en la presente fotografía, por el vertido incontrolado de escombros durante siglos, perdiendo el aspecto de su  encanto. Con el tiempo, el ribazo se ha consolidado. Prueba de ello es que, para evitar derrumbes, se reforzó la muralla con los contrafuertes que se aprecian en la misma.    

Otro tema de las murallas de la antigua villa de Ontinyent recayendo al barranco sobre el río Clariano lo observamos en esta imagen donde estas se fusionan con esas edificaciones dispuestas alrededor de la iglesia Plebanía de la Asunción de Santa María de la que sobresale su esbelta torre. Entorno éste que fue declarado Conjunto Histórico Artístico Nacional en 1974, conforme a los informes preparados a tal efecto por el arquitecto municipal de aquellas fechas José María Espí Sánchez.
También en la parte sur, recayendo al barranco de San Jaime, hoy cubierto con una bóveda con el fin de que transcurran sus aguas, se puede ver este fragmento de muralla, junto al arranque de la torre campanario de la iglesia de Santa María. La cual, con doce campanas, cuenta con 71,61 metros de altura, lo que le convierte en el más alto de la provincia.

Jaume I de Aragón, conocido por el “Conqueridor”, distinguió a la villa de Ontinyent el 28 de marzo de 1275, mediante carta de población,  con el título de “Vila Reial” y  prerrogativa de voto en Cortes. 

Los reyes de las casas de Austria y las de Borbón concedieron a esta villa  distinguidos títulos y privilegios que sus hijos merecieron, parte de cuyos documentos se conservan custodiados en el Archivo Municipal.

Aparece aquí un aspecto de lo que fue  la única  y primitiva entrada a la villa amurallada  de Ontinyent, donde se aparecen dos de las tres líneas divisorias que formaban el conjunto defensivo del acceso. 

En la parte derecha del fotograma vemos la base de la torre “del Mirador”. también llamada del Hacha,  que por su situación estratégica dominaba una vasta zona. En 1861 decidieron las autoridades municipales instalar, en este lugar, una fuente y un lavadero público.

Un bodrio urbanístico junto a la base de la torre del Mirador, conjunto que aún sigue conservando su riqueza medieval, de la que ofrece al visitante la evocación de una noble página de nuestra historia. Aunque con anterioridad existió una destartalada edificación que se aprovechó para almacén municipal, Casino de la Unión Musical y más tarde Conservatorio de Música José Melchor Gomis (Centro de enseñanza de grado elemental), debía haberse respetado el entorno y no añadir el pegote de ese edificio en tan noble lugar.

Los archivos históricos de nuestra población nos dicen que desde lo alto de la torre Mirador se proclamaban los bandos públicos o “crides”, por medio del “trompeta”, dándose acto seguido cuenta al notario de Sala, quien levantaba la correspondiente acta. Cualquier pueblo español estaría orgulloso de poseer un rincón como éste en su patrimonio histórico y lo conservaría intacto, consciente del aspecto cultural que representa, respetando el artículo 56 de la Constitución española, que establece conservar el Patrimonio Artístico como recuerdo para las nuevas generaciones.   

Como consecuencia de los cambios sociales y urbanísticos, producidos especialmente durante el siglo XX, y debido sobre todo a la poca sensibilidad histórica-artística de los munícipes de nuestra villa, se han construido edificaciones que desentonan en el lugar donde están ubicadas, como, por ejemplo, esta que nos muestra la imagen que corresponde a la Puerta del Ángel, en la subida de la Bola.

El visitante o turista que contemple este mal compaginado conjunto podrá pensar que no se ha tenido el debido respeto al entorno que ofrecen las viejas piedras que ennoblecen los restos de la vieja muralla y la nueva edificación, aunque respetando la institución que alberga, como es el Santo Hospital Beneficencia, regentado por las Hermanas de la Caridad de san Vicente de Paúl, debería haberse tomado otra forma de construcción, más acorde con este entorno.

Observamos una perspectiva del barrio de la Vila, tomada desde la otra parte del río o zona llamada del Tirador, donde se destaca, entre las construcciones normales, una torre semicircular llamada de los Baños o “dels Banys”. Bastión defensivo de la época   medieval realizada en tiempos del rey Jaume II, llamado el Justo, nieto del “Conqueridor”, que mandó la apertura de dos nuevas puertas de entrada a la villa, pues hasta ese momento sólo tenía una. Esta nueva puerta se llamó “de la Santísima Trinidad”.

Estas nuevas entradas se tuvieron que realizar ante la imposibilidad de una normal convivencia entre los conquistadores cristianos y los conquistados musulmanes, debido a tener cada uno una cultura esencialmente diferente, en lo tratante a religión, pensamiento, familia, etc, que chocan continuamente unos con otros, lo que era motivo continuas riñas y  escándalos.

A los cristianos les ofendía la estridencia de la música islámica, el ruido de sus ceremonias, el perfume que utilizaban, los colores llamativos de sus ropas, siendo las de los cristianos más austeras. Igualmente ofensivas les parecían ciertas prácticas, como la de sentarse en el suelo para comer y la de dormir en el suelo de forma oriental sobre la típica alfombra y no en cama, todo lo cual, y mucho más, hizo que se tuvieron que tomar medidas para una correcta convivencia y mandarlos a vivir al exterior de las murallas, en alquerías. Para facilitarles el acceso a la población se les abrió dos muevas entradas.

Junto al palacio-fortaleza de la “Duquesa de Almodóvar del Pinar” se abre otra puerta llamada de “San Roque”, acceso a la antigua villa mandada abrir en 1319, a requerimientos realizados por los musulmanes que vivían en los alrededores de la villa.  Jaume I de Aragón estableció que los musulmanes no debían vivir dentro del recinto amurallado, debido a su cultura completamente diferentes a la cristiana y evitar así motivos de múltiples reyertas.

 

 

Ante esta puerta, el viernes 5 de mayo de 1995 varias bandas de música, festeros ataviados con los trajes de sus respectivas comparsas, y  gran numero de espectadores, tuvo lugar el acto conmemorativo del 750 aniversario de la toma de Ontinyent por el rey  Jaime I. Se representaron las embajadas que el magistrado Joaquín-José Cervino y Ferrero, vinculado muy directamente con Ontinyent, escribió en el siglo XIX para nuestras fiestas de Moros y Cristianos, que vienen a ser un símbolo ritual de representación. Los festeros que interpretaron en este acto de la embajada fueron, por el bando moro, Rafael Albuixech García, de la comparsa de Moros Españoles y, por el cristiano, Manuel Penadés Bernabeu, de la comparsa de Almogávares.

EL GÓTICO

 

EN LA ASUNCION DE SANTA MARIA

El paso del románico al gótico, o mejor la invención del estilo gótico, constituye la revolución más grande que ha habido en la historia de la construcción. Consiste esta reforma en eliminar los milenarios muros de carga sobre los que la humanidad había levantado siempre las más importantes edificaciones  y sustituirlas por arcos ojivales, arbotantes, bóvedas de crucería, etc, dándoles mayor esbeltez a las construcciones. 

El estilo arquitectónico gótico nació en el norte de Francia en el siglo XII y sobresalió en toda Europa  hasta finales del XV, predominando en cada país sus modismos locales. Por ello, al hablar concretamente del gótico podemos referirnos al gótico francés, ingles, español o portugués, cada uno, con ser lo mismo, guarda diferencias que los distinguen entre sí. Este estilo es igualmente llamado ojival, caracterizándose principalmente por su espacio formado por la verticalidad y ligereza de las estructuras dinámicas, y la perfecta unidad conseguida entre la audacia técnica y las formas artísticas. En el arco ojival o punta de almendra, descansan las bóvedas de crucería y, entre los nervios de éstas y los pilares de los arcos se abren, en ocasiones, grandes vidrieras policromadas.     

La iglesia de santa María de Ontinyent, nacida con trazos románicos, utilizó la técnica gótica de bóvedas de crucería para  cubrir la nave central, estando románico y gótico emparejados en su estructura que, a lo largo de los siglos, por diversos motivos, ha sufrido modificaciones y ampliaciones, que en cierto modo han desfigurado algo su entorno.

ASUNCIÓN DE SANTA MARÍA

La iglesia de la Asunción de Santa María es un edificio que honra y dignifica a Ontinyent. Este histórico lugar constituye una página de la historia local.

A partir de la conquista por Jaume I, una vez cristianizada la villa, fue edificada la iglesia sobre el solar de una antigua mezquita derruida como consecuencia del desastroso terremoto de 1248, calificado entre los más severos, de una intensidad entre nueve o diez grados en la escala de Mercalli, que asoló Ontinyent y a partir de este momento empezó a edificarse. El templo es gótico, de los más primitivos ejemplos de nuestra zona, de una sola nave ojival, sin cúpula ni crucero, muy austero, con proporciones derivadas del románico.

Mirando la presente fotografía observamos un saliente en la fachada que pertenece a la base del antiguo campanario derruido por encontrarse en malas condiciones, antes de la construcción del que existe actualmente.  

Este templo ha sufrido mucho los agentes atmosféricos, las modas, que han amontonado estilos y reformas, y hasta alguna calamidad arquitectónica; también los siglos han incidido sobre el mismo, así como la casi ruina del patrimonio artístico y religioso durante la Guerra Civil de 1936.

Este edificio, con su torre campanario, así como el barrio de la Vila de Ontinyent, esta declarado Monumento Artístico nacional, junto con el  barrio de la Vila, fue declarado igualmente Conjunto Histórico Artístico de carácter nacional, según el Decreto 12.088 de 1974 de la Jefatura del Estado,  publicado en el B. O. E. con fecha 21 junio 1974 del mismo año, todo ello gracias a los preceptivos informes, preparados al efecto por el arquitecto municipal e hijo de Ontinyent José María Espí Sánchez.  

Esta iglesia tiene dignidad de Plebanía, pues Ontinyent tenía una posición especial dentro del mapa eclesiástico. La Plebanía de Ontinyent fue creada por el Papa Pío II, a ruego del Rey Juan II (arch. Reg. Valentino Regtº 9º, fol. 56 v). El 17 de septiembre de 1722 el Papa Inocencio XIII ratificó la categoría de Plebanía (Véase Apéndice Documental). El penitenciario de san Pedro de Roma, hijo de Ontinyent, intervino en su ejecución. 

Primitiva puerta de entrada a la iglesia, adintelada con dovelas, hoy clausurada.

Por detrás de la imagen del Buen Pastor,

colocada en la hornacina de la puerta de entrada a Santa María por la plaza de la Iglesia, se observa la posterior puerta gótica abierta en el lienzo mural sustituida con poca fortuna en el siglo XVII por otra adintelada con hornacina.

Puerta principal de la iglesia de Santa María, con acceso por la parte de poniente o plaza del Fosar, nombre que le viene por los múltiples enterramientos allí realizados. Para salvar el desnivel en el primer escalón se produce la horizontal, y apoyados en los primeros escalones se levantan los dos basamentos.

Es de estilo plateresco, superación y continuación del estilo renacentista. Su nombre se debe al excelente trabajo de esculpido sobre las piedras, semejante al arte de los plateros. Se desarrolló durante el siglo XVI, aunque su denominación de estilo plateresco no tuvo su uso hasta el siglo XVII debido al cronista Ortiz de Zúñiga. Dos aldabas situadas en el alto de las puertas rompen la monotonía de las mismas.

Ampliada la imagen de la puerta principal de Santa María, se aprecia que es una joya del arte plateresco por sus primorosos detalles. Está compuesta de dos columnas semicirculares con capiteles que soportan dos figuras; en la parte izquierda hay una imagen de san Pedro con el símbolo de la llave y, en la derecha, otra imagen con báculo;  finalmente, dos leones rematan las pilastras. La puerta es de medio punto con archivolta adornada con figuras míticas. A ambos lados y para ocupar el espacio que forma la curvatura hasta el dintel, vemos dos relieves con dos santos, con imágenes que representan la Anunciación, con la Virgen a mano izquierda y el ángel anunciador a la derecha. Sobre éstas, un friso con varios temas fantásticos o mitológicos y en el centro, sobresaliendo por su buena talla, el rostro  del Padre Eterno.

El tímpano está compuesto por una concha como fondo, para resaltar la imagen de la Virgen con el Niño Jesús en brazos. Esta talla es anterior, no pertenece a este conjunto. Durante los tristes días de la Guerra Civil, esta imagen fue semidestruida, desapareciendo la cabeza de la Virgen; terminada la contienda, fue restituida por el marmolista de esta localidad Francisco Bolinches y Bolinches.

Durante el tiempo de la Guerra Civil se destruyó todo valor artístico y religioso del templo y éste se empleó para taller colectivo de ebanistería.

Los dos leones existentes a ambos lados de la parte superior de la cornisa son dos añadidos poco afortunados colocados con posterioridad. 

 

Entrando a Santa María por la puerta con acceso por la plaza de La Vila y casi en el techo se encuentra, salvada de la destrucción durante la Guerra Civil, una arqueta con los restos mortales de un héroe de nuestra villa, con la siguiente inscripción “HICI – IACET – LOP LOPEZ DVAELLO Y DECALDERO”.

Al producirse el destructivo terremoto que asoló Ontinyent en 1248, el Rey Jaime I condonó las rentas que Ontinyent tenía que satisfacer al Rey mientras se reparaban las derruidas murallas. Robert Ignatius Burns, en su obra “Jaume I i els valencians”,  dice que sobre la reparación de los daños para la reconstrucción de esta terrible emergencia las cantidades que la Villa debían desembolsar al Rey debían emplearse sólo para la reparación de las murallas y edificios y únicamente debían respetar y pagar las deudas contraídas con  “Llop de Bailó”.

   Imagen de la iglesia de Santa María de Ontinyent anterior a la Guerra Civil, tomada de una vieja postal editada por la papelería y librería de José Soler.

En el Cabildo municipal del 22 de marzo de 1849 se acordó arreglar el pavimento de esta iglesia de Santa María con materiales extraídos del derruido convento de Dominicos. Parece ser que esta obra terminó el año siguiente.

El Consell de 27 de febrero de 1684 acordó arreglar la bóveda situada sobre el altar mayor que, al estar por algún tiempo  sin tejado debido a reparaciones, las lluvias la habían estropeado. Se construyó otra de estilo barroco, dirigida por el fraile arquitecto Fray Alberto Pina, decorada a la moda del siglo XVII, ocultando la primitiva gótica. Esta obra fue realizada por Juan Pérez de Valencia en 1687, costando 200 libras, según consta en el “llibre de Consells”. Detrás del altar mayor existía una pequeña capilla en la que se veneraban las imágenes de los santos Abdón y Senén, así como también la de san Pedro de Verona.

Las piedras no hablan, pero son testigos de excepción para miles de almas, con más o menos fe, que a lo largo de los siglos han admirado estas bóvedas góticas. Esta primitiva bóveda fue cubierta por otra de estilo barroco, construida y decorada a la moda del siglo XVII. Al descubrirse en el verano de 1978 y después de comprobar su estado favorable, en febrero de 1979, siendo plebán de Santa María Blas Asensio Castelló, se inició el descubrimiento de las bóvedas primitivas bajo los auspicios de la Dirección General del Patrimonio Artístico y retirado el falso techo en acertado trabajo. Se pudieron  admirar así con toda su pureza las primitivas nervaduras góticas, que forman las tres bóvedas de crucerías estrelladas, cuyos nervios descansan en los contrafuertes. Intervino eficazmente en la consecución de aportaciones económicas Roberto Belda Revert, Alcalde de Ontinyent y Diputado Provincial.

El interior de las iglesias en España, en la parte  artística, es una de las mejores raíces de la cultura española. Aquí, al fondo, aparece el presbiterio arropado con un apostolado y otras pinturas del artista albaidense José Segrelles Albert, así  como las imágenes de  los santos Abdón y Senén, antiguos patronos de la villa de Ontinyent. Esta distribución fue dirigida por el arquitecto Camilo Grau. En cuanto al trabajo de madera se realizó por la  empresa Bautista Barberá Doria.

Al descubrir la primitiva bóveda en el verano de 1978, aparecieron seis ventanas de estilo ornamental en forma de tracería, muy usadas en ventanas y rosetones en la arquitectura de estilo gótico, las cuales estaban formadas por combinaciones de líneas y figuras geométrica talladas en piedra. Siendo Plebán  Fernando Cremades, fueron restauradas las ventanas por el picapedrero Ramón García, de Adzaneta de Albaida,  con diseño del arquitecto José María Espí Sánchez. Por delante de la ventana existe una barandilla de hierro forjado que protege una falsa galería. Se observa también parte del decorado del cubrimiento o estuco del desaparecido falso techo o bóveda del siglo XVI.

Nervios de bandas salientes del arranque de distribución de la bóveda que separan las nervaduras de crucería. Obsérvese a mano izquierda una oquedad que fue cerrada, así como la utilización de ladrillo en lugar de piedra en el arco diafragmático. Parece ser que  esto es debido a las múltiples modificaciones y reformas que se han acometido en el edificio. Una de ellas corresponde a la realizada entre 1951 y 1952, siendo arcipreste Juan Comes Doménech, para adecentar con albañilería y pintura la iglesia, que durante la Guerra Civil se encontraba en muy delicado estado de conservación. Esta restauración, cubierta por suscripción popular, costó la suma de 53.090,35 pesetas.

En la parte inferior de la fotografía aparece la anterior decoración que existía antes de la retirada de la bóveda.

El baptisterio es el lugar más sagrado de la iglesia después del presbiterio. En el de Santa María se halla esta pila bautismal, una de las pocas obras de arte salvadas de su destrucción durante la Guerra Civil. Tiene forma de copa y es de mármol blanco de Carrara de 1,50 m. de alto, y la pila bautismal  1,60 m. de diámetro, con un peso, solo la copa, de 2,500 kilos. Pertenece a la escuela florentina, obra de  extraordinario valor, de estilo renacentista. Fue encargada construir a finales del siglo XVII por el Plebán Vicente Calatayud. En 1667, en su último testamento, Gaspar Febrer, ante el notario Gaspar Donad, dejó y legó al Clero de Santa María 200 libras para que de ellas se comprara una pila bautismal de piedra de mármol. (Del Consell de la Villa 15 octubre 1667).

En una hornacina, detrás de la pila bautismal, se encuentra una imagen reciente de san Juan Bautista, original de Francisco Bolinches Bolinches. Quedó completamente restaurado y separado de la iglesia mediante una cancela de hierro forjado el 19 marzo de 1952, fecha ésta en que tomó posesión oficial de la Parroquia de Santa María Juan Comes Doménech, después de cuatro años de permanencia provisional.  

Fragmento superior del retablo perteneciente al altar de ánimas salvado de su destrucción durante la Guerra Civil, que estuvo en la iglesia de San Miguel, testimonio de calidad que evidencia un pasado espectacular en el tipo de manifestaciones religiosas. 

Según el jesuita ontinyentí Antonio Conca Alcaraz, en su obra “Descripcione oderica de Espagna” dice que el retablo de las Ánimas de san Miguel era original de Nicolás Borrás.    

Sobre la figura de Tomás Borrás se puede decir que fue alumno predilecto de Juan de Juanes. Su vida transcurrió desde 1530, en que nace en Cocentaina, hasta su muerte, en 1610, en Covalta, Gandia. Fueron muchas las obras pictóricas que dejó por toda la región valenciana, entre otros el retablo de san Jerónimo en el monasterio de Covalta en 1575, donde ingresó en su comunidad como religioso.  

En “Flores sactorum” el P. Rivadeneyra dice: “Y quedó (la Virgen) en total tristísima Soledad, ocupados los ojos solamente en llorar, pues no tenía en la tierra qué ver.” Así es como deberíamos tomar el dolor de María en esta magnífica obra de Mariano Benlliure, en un dolor contenido, en un raro dolor que se expresa con una sola palabra: “Soledad”.  

La compra por un precio excepcional de veinticinco mil pesetas, pagadero en tres plazos, de la imagen policromada a tamaño natural de la Soledad, por parte del Ayuntamiento de Ontinyent al artista mundialmente conocido Mariano Benlliure Gil, quedó formalizada mediante contrato 28 abril de 1943, una vez sometido el 5 abril  a dictamen y aprobación de la Comisión Gestora. El Ayuntamiento quería recibir la imagen vestida, pero el autor descartó esta posibilidad sugiriendo que debía estar toda ella tallada, y solamente tenían que ponerle un manto. La entrega de la obra quedó estipulado que sería en enero de 1944.

Efectivamente, el 20 enero de 1944 la España Artística de Madrid escribía al Ayuntamiento diciendo que tenía embalada en una caja la imagen  y mandaba la factura del embalaje que ascendía a 286,23 pesetas. 

Santa María posee una colección de diecinueve pinturas del artista José Segrelles Albert (Albaida, 1885-1969). Este renombrado pintor estudió en Valencia en las Escuelas de Artes y Oficios y de Bellas Artes de de San Carlos y, más tarde, en la Escuela de la Lonja de Barcelona, siendo discípulo de Isidoro Garnelo y de Joaquín Sorolla. Son numerosas y muy destacadas sus creaciones para ilustrar publicaciones, pero destacó en todas las facetas de la pintura, tanto en acuarelista como en cartelista, donde son muy renombradas sus obras.     

El conjunto de 19 cuadros pintados por Segrelles para decorar y reponer parte de lo destruido durante la Guerra Civil costaron 125.000 pesetas

La iglesia de Santa María tiene por titular en su misterio de la  Gloriosa Asunción de la Virgen María y bajo esta advocación figura en lugar preferente del Altar Mayor. Es el más logrado y bonito de todo el conjunto de diecinueve obras de Segrelles. Está dotado de una gran espiritualidad pictórica que obedece a conceptos renacentistas y nos recuerda en muchos aspectos al Greco, siempre que dejemos al margen la estilización de las figuras. El marco de esta pintura ha permanecido mucho tiempo como el que aparece en la fotografía (actualmente tiene un patinado en oro que resalta la pintura).

Para reemplazar el magnífico patrimonio artístico que poseía la iglesia de Santa María, desaparecido durante la Guerra Civil, se realizaron varias obras de arte y con ello dotar a la misma de elementos artísticos que ayudasen a los fieles a elevar la espiritualidad hacia las cosas divinas.  

En lo más alto del retablo se encuentra la Santísima Trinidad, dominando desde el trono de la gloria todo el templo, mostrándonos Segrelles, con toda su expresión pictórica, una  gran serenidad. El color es el componente esencial que define la pintura. La gama cromática que el artista emplea aquí mayormente son los colores cálidos, rojos, amarillos y anaranjados, que son intensos, vitales, y se relacionan con el sol y la alegría, actúan sobre la sensibilidad y contribuyen a modificar la óptica del espacio y a agrandar y acercar las imágenes al espectador  Ha de hacerse constar que, al tomar erróneamente el tamaño del cuadro, se tuvo que  añadir dos rectángulos, uno en la parte baja más otro a mano derecha, lo que produjo una saturación de nubes y sombras azuladas, todo lo cual hace descentrar un poco las imágenes.    

El 8 de diciembre de 1946, Monseñor Fray Vicente Roig Villalba, Obispo auxiliar de “Arad”, vicario Apostólico de Vallepur (Colombia) y Administrador Apostólico de Riohacha, durante la misa de la Purísima   consagró los diecinueve cuadros de Segrelles.

Jesús entre los doctores. Segrelles centra la luz en los doctores de la sinagoga que escuchan maravillados las explicaciones de Jesús, y les recuerda que sus conversaciones debe estar dirigidas en las cosas del Padre.

El episodio del niño Jesús perdido y hallado en el templo, con ocasión de la Pascua, como hacía todo buen israelita en aquella principal “fiesta del peregrinación,” lo narra el evangelista Lucas 2, 41-52.

Encuentro con la Samaritana. Alguien ha dicho que este encuentro con la Samaritana es la resurrección del alma de esta mujer. Con una gama de colores fríos, sedantes y apacibles, los verdes y azules, propios del agua y el mundo vegetal, Segrelles nos presenta esta página evangélica. Técnicamente en este cuadro cuesta reconocer la categoría del maestro Segrelles.

El hecho del encuentro de la Samaritana con Jesús en un pueblo de Samaria, llamado Sicar,  situado cerca del pozo de Jacob, se puede hallar en evangelio de Juan 4, 5 -42. 

Jesús y los niños. Jesús, el gran profeta enviado por Dios se rebaja hasta estas ingenuas criaturas y nos pone el humilde ejemplo: “Si no os hicierais como niños, no entrareis en el reino de los Cielos”.  Nosotros nunca hubiéramos alcanzado semejante grandeza en el alma infantil. La luz del cuadro se centra en las imágenes de Jesús y los niños, dejando a los extremos unos colores tremendistas.
Los mercaderes profanan el templo. Segrelles expone el momento en que Jesús expulsa a los mercaderes del templo y nos muestra que Cristo es, ante todo, el defensor del templo, de la gloria del Padre: “Me incita el celo por el esplendor de tu casa”.

La resurrección de Lázaro. La admiración que crea el cuadro es subjetiva. El empleo de colores y la colocación de los personajes es correcta. Con ello Segrelles centra su atención en Jesús y Lázaro y vierte abundante información visual que forja el conjunto, pero, además de ser tan importante las figuras  de Cristo y de Lázaro, al contemplar este último da la impresión de irradiar destellos de luz y los contraponen al conjunto de las figuras de la parte de la izquierda. Como el destello de luz emanado por un potente foco.

Segrelles tenía ganada una gran fama de acuarelista, pero también dominaba con mucha destreza el óleo y el gran formato.

Cuando el 30 de abril de 1942 el arcipreste de Santa María Francisco Martinez Ortiz y Luis Mompó Delgado de Molina como Alcalde, Jefe Local de F.E. y de las J. O. N. S., “representante en el orden religioso y moral y político administrativo de Ontinyent”, como dice literalmente el contrato, que firmaron con el artista José Segrelles Albert de Albaida para la realización, por éste último, de los cuadros destinados a la iglesia de Santa María, encargados en 1941, y cuyo anteproyecto mereció la aprobación por parte de toda la población y, en especial, de los mayores contribuyentes de la misma, se convino, además de pintar los 12 apóstoles, siete cuadros más, siendo como superación de todo el conjunto el cuadro de la Virgen de la Asunción y dejando al albedrío del pintor el realizar la pintura de otros temas como los siete dolores o los siete gozos de la Virgen María, aunque, finalmente, se quedaron en las pinturas de los temas que aparecen en este libro.

El coste de este trabajo quedó fijado en 125.000 pesetas, reconociendo José Segrelles haber recibido 20.000 pesetas, a cuenta, del Arcipreste, comprometiéndose el Alcalde y el Arcipreste a entregar al artista mensualmente 2.000 pesetas, o sea 1.000 pesetas directamente del Ayuntamiento de Ontinyent, de la consignación que tenía fijada para la reparación de templos, según acuerdo unánime tomado por todos los Concejales en la sesión extraordinaria de ese mismo día, y las 1.000 pesetas restantes por el Arcipreste.  

Este Apostolado, quizás el único  que pintó Segrelles, salió de un momento de plenitud del artista.  No se observan altibajos. Expuestos en el retablo del Altar Mayor de Santa María, se aprecia mucha  uniformidad en las figuras. En ninguno de los doce Apóstoles se observan estridencias entre ellos mismos y esto hace que se puedan contemplar y admirar de una manera agradable y serena. 

Los doce Apóstoles fueron: Simón, llamado Pedro, Andrés, hermano de Juan, Santiago, hijo de Zebedeo, Juan, su hermano, Felipe, Bartolomé, Tomás, Mateo, el publicano; Santiago (hijo de Alfeo), Tadeo, Simón el Cananeo, Judas Iscariote, el traidor. (Lista tal como la da el Evangelista Mateo). Más tarde, al desaparecer Judas, fue reemplazado por Matías.

En el contrato suscrito el 30 abril de 1942,mencionado anteriormente,  entre el entonces arcipreste de Santa María Francisco Martínez Ortiz y el artista José Segrelles Albert, para la realización de las pinturas de los doce Apóstoles para el altar Mayor se describe la colocación de cada apóstol como sigue: san Pedro, san Andrés, san Juan, Santiago el Mayor, Santiago el Menor, san Felipe, san Judas o Tadeo, san Simón Celotes, san Bartolomé, santo Tomás, san Mateo y san Matías.   

Iconografía: Los artistas han puesto siempre, desde un principio, al plasmar  sus cuadros,  mucho cuidado en dar a cada personaje la indumentaria que les correspondía según su condición social o su lugar de origen. A los Apóstoles se les representaba con túnica y manto terciado. Igualmente, según la época de la plasmación pictórica, se les incluían los atributos pertinentes. Tenemos, por ejemplo: en san Pedro se le distinguía con una llave o un gallo, así como los demás Apóstoles que tampoco aparecen aquí con su correspondiente simbolismo. Nada de ello se da en el apostolado de Segrelles.

En las doce tablas (cada una de ellas de 1´50 x 0’60) del Apostolado, el tratamiento de los vestidos, de los pliegues de las tela, de la luz y de las sombras, hace que en algunos momentos nos recuerde en lo más general la escuela del tenebrismo.

Hechas las observaciones que anteceden, hemos de referirnos a las personas en sí, a los Apóstoles, pues ahí están sus imágenes.

La suerte, no sabiendo de qué otro modo hacer pagar a los grandes su grandeza, los castiga como discípulos. 

Todo discípulo, con serlo, no lo comprende todo, sino solamente a medias, es decir a su manera, según su capacidad de espíritu; por eso, aún sin querer traiciona la enseñanza del maestro; la deforma, la hace vulgar, la empequeñece, la corrompe...

El discípulo tiene siempre compañeros, y, no estando solos, siente celos de los demás; quisiera ser, al menos, el primero entre los segundos. Por eso acecha a sus  condiscípulos; cada cual cree ser único intérprete perfecto del maestro.

En todo discípulo, aun en los que parecen más adictos y leales, hay la semilla de un Judas.    

Con todo, nadie ha podido prescindir de tales discípulos.

Cristo estaba exento hasta de las pequeñeces de los grandes; pero, al aceptar todas las cargas de la Humanidad, no quiso tampoco eximirse de las que dan sus discípulos. Antes de ser atormentado por sus enemigos, quiso ser atormentado por sus amigos.

Los sacerdotes le hicieron morir una sola vez; los discípulos le hicieron sufrir todos los días. Su Pasión no hubiera estado completa de crueldad de no haberle herido, además de los Saduceos y los Esbirros y los Romanos y la Plebe, el abandono de los Apóstoles.

Jesús, como Galileo los escogió galileos: pobre, los adoptó pobres, sencillos, pero de una sencillez divina que sobrepujaba todas las filosofías.   

Sabía que aquellas almas rudas, pero intactas, ignorantes, pero entusiastas, hubiera podido, al fin, cambiarlas según su deseo, hacerlas ascender hasta Él. Pero fue menester, para tal mutación, la

llama encendida del Espíritu Santo. Hasta Pentecostés prevalecieron demasiadas veces sus imperfectas naturalezas, cómplices de todas las caídas.   

Si miramos de cerca los Evangelios, a aquellos discípulos, no podemos menos  que sentir apretado el corazón. Aquellos hombres afortunados que recibieron la gracia inestimable de vivir con Cristo, junto a Cristo, de caminar, de comer, con Él, de escuchar sus palabras de su misma boca: estos doce afortunados, a quienes millones de almas han envidiado secretamente a través de los siglos, no siempre se mostraron dignos de la suprema felicidad que sólo a ellos les tocó sentir.

Les vemos duros de cabeza y de corazón, incapaces de mantener las más limpias parábolas del Maestro; torpes para entender, aún después de su muerte, quien era Jesús y de qué suerte era el Reino que anunciaba; faltos, muchas veces de la fe,  de amor, y fraternidad; ambiciosos de recompensas, envidiosos unos con otros; impacientes de las recompensas con que han de encontrarse por su espera; intolerantes para quien no está con ellos, soñolientos, indecisos, terrenos, avaros, cobardes. Uno le niega tres veces; otro espera venerarlo cuando ya está en el sepulcro; un tercero no cree en su Resurrección; otro, en fin, lo vende a sus 

enemigos y lo señala con el último beso a sus captores; algunos, después de discursos harto elevados, “se echaron atrás y ya no iban con Él”.

Jesús tuvo que reprocharles varias veces su tarda comprensión. Cuenta la parábola del Sembrador y no comprenden su sentido: “No  comprendéis esta parábola, ¿pues  cómo entenderéis las otras?”. Les advierte de que se guarden de la levadura de los Fariseos, y creen que habla del pan  

 material: “¿No reflexionáis ni comprendéis todavía? ¿Tenéis el corazón endurecido? Teniendo ojos ¿no veis? ¿Y no tenéis memoria?

 Creen casi siempre, como la baja plebe, que Jesús es el Mesías carnal, político, guerrero, venido a levantar de nuevo el

Trono temporal de David. Incluso cuando está para subir al cielo siguen preguntándole: “Señor, ¿es éste el tiempo en que piensas restablecer el Reino de Israel?”. Y antes, el día de la Resurrección, los discípulos de Emmaús dicen: “Nosotros esperábamos que sería Él quien restauraría a Israel, y en cambio...”.

Litigaron entre sí por saber quién tendría el primer puesto en el nuevo Reino, y Jesús tuvo que amonestarles: “¿De qué veníais hablando por el camino?” Y callaban, porque habían discutido sobre quien de ellos era el más grande. Y Él, una vez que se hubo sentado, llamó a los Doce y les dijo: “Si alguien quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos”.

La palabra apóstol significa en griego “enviado” . En la vida civil era, pues, un apóstol aquél a quien se enviaba a tratar algún asunto o a comunicar una decisión o noticia, como habían sido los Profetas y otros enviados de Dios. También el Sanedrín de Jerusalén tenía sus apóstoles que eran de quienes se servía para enviar sus comunicaciones, especialmente de la Diáspora. Incluso parece que estos apóstoles continuaron funcionando después de la destrucción de Jerusalén.     

Pero con los apóstoles ordinarios el judaísmo (prescindiendo de los profetas y otros antiguas manifestaciones carismáticas), los apóstoles instituidos por Jesús no había nada común, fuera del nombre. Los primeros eran simples

encargados y representaban a una

 

persona dada en un asunto bien determinado. Los segundos, en cambio, constituían una institución precisa y permanente, mientras en un sentido no menos verdadero, pero más noble, eran “enviados” porque debían ser los portadores materiales y espirituales de la “buena nueva”.

Su número de doce guardaba evidente analogía con las doce tribus que de ellos descendieran para formar la nación antaño predilecta de Dios (Yahvé).  Puesto que la casa de Israel amenazaba ahora con no acoger al Mesías que le enviaba Yahvé.

San Juan, Apóstol y Evangelista, el discípulo amado de Jesús, lo representan  los pintores de Occidente medieval joven y en general imberbe. Destaca en los cuadros junto a Jesús durante la última cena o al pie de la cruz, junto a María. Los símbolos de Juan son variados, pues además del águila, recoge el rollo del Evangelio o del Apocalipsis, los instrumentos del cáliz o la paloma.

Juan es el tercer testigo de la resurrección de Jesucristo, el que participó directamente en el entierro y embalsamamiento de Jesús. Por eso, su narración está llena de grandes detalles.     

SANTOS ABDÓN Y SENEN. Antiguos patronos de la Villa. El 4 de abril de 1.600, al acrecentarse la horrorosa peste que diezmó toda la región levantina y abrumados por tanto mal, los hijos de esta Villa los eligieron  como patronos.  En el verano de 1837 se suspendieron estos festejos que anualmente dedicaba a sus antiguos patronos los santos de la piedra Abdón y Senén. Con anterioridad, el 29 de marzo  la Villa  proclamó patronos suyos a san Roque, san Gregorio, san Doroteo y san Bernardino de Siena. 

Las actuales imágenes de los santos Abdón y Senen fueron costeados por los vecinos de la calle Calvo Sotelo (hoy plaça de Baix).

Costaron 10.000 pesetas y son obra del imaginero Tena.

 

 

Estas dos imágenes fueron bendecidas en 1947 por el Arcipreste Juan Comes Doménech, siendo sus padrinos los jóvenes José Antonio Vidal Tortosa y Carmela Tortosa Calatayud.

Jaime I, al conquistar Ontinyent, donó a la iglesia de Santa María las reliquias de estos santos, perdidas durante la destrucción de la Guerra Civil. Estuvieron en principio en un monasterio de Montpelier, población de nacimiento del rey Jaime I.

Los atributos de los santos son unos racimos de uva y un manojo de espigas. Su fiesta es el 30 julio.

El inmortal escultor valenciano Mariano Benlliure demostró un gran conocimiento anatómico  al modelar magníficamente esta imagen del Cristo yacente. El marqués de Lozoya dice, al hablar de Benlliure: “La perfección de su modelado y la finura de su gubia se ponen al servicio de una emoción sinceramente sentida, que motiva singulares aciertos del amor y del dolor”.

Al contemplar esta bella escultura a tamaño natural, nos daremos cuenta que Mariano Benlliure creó un perfecto espacio, una magnífica composición, del Cristo yacente, todo ello producto de la personalidad creadora del artista.  Para los escultores el gran reto del tallado de imágenes es el no poder añadir nada en caso de error, por lo que suelen hacerse minuciosos estudios preliminares para no equivocarse.

Las pesadas andas fueron realizadas en la empresa textil ontinyentina Joaquín Torró y Cía., entonces situada en los solares que ocupa hoy el Centro Comercial El Teler. 

Para testimoniar y dejar una prueba fehaciente de las tradiciones y la fe del pueblo, concretamente la Cooperativa Industrial de Fabricantes de la Producción Textil de Onteniente, en reunión celebrada el 8 de junio de 1942 bajo la presidencia de José Sanz Delgado de Molina, acordó costear el tallado de una imagen de Cristo yacente, y así contribuir a ensalzar la procesión del Viernes Santo, tan arraigada y solemne como se realizaba antes de la ignominiosa Guerra Civil de 1936, que aniquiló todo símbolo cristiano.

El 13 de mayo de 1943, cuando la escultura estuvo en Ontinyent,  el presidente  de la Cooperativa Textil, José Sanz Delgado de Molina, siguiendo las formalidades legales, solicitó al notario  residente en Ontinyent Francisco Faus Fortea para que, en acta notarial, diera  fe de la entrega de esta imagen a la iglesia de san Miguel. Estaban presentes representantes de las treinta empresas que entonces formaban  la Cooperativa textil, que en proporción al numero de trabajadores habían contribuido al pago de la imagen. Asistió igualmente el Alcalde de Ontinyent, Luis Mompó Delgado de Molina, el Juez de Primera Instancia, Rafael Vidal Albalat,  el Arcipreste, Francisco Martínez Ortiz, que bendijo la imagen, y gran número de fieles.

El conjunto de la Agrupación de la Industria Textil que sufragó la imagen era el siguiente: José Mª Coll y Coll; La Paduana José Simó, representada por Isabel Aynat y sus hijos José, Vicente, Faustino, Patricio e Isabel Simó Aynat; Tortosa y Delgado Sucesor, representada por, Rafael, Francisco y Pilar Tortosa Delgado de Molina, y Antonio Vidal Tormo; Martínez Reig y Llin, S.L., integrada por José Martínez Doménech, Joaquín Reig Colomer y Arturo Llin Segura; J. Torró y Cia, constituida por José Sanz Delgado de Molina, Vicente Martínez Calvo y Joaquín Torró Sansalvador; Enrique Pérez Moltó; Diego Turpin Torres; José Ferri Francés; Tomás Espí Casanova; Vda. de José Galiana Donad y José Galiana Cerdá; Antonio Úbeda Galiana: José Pastor Barberá; Hijo de Pascual Vidal; J. Rafael Galeote Gómez; J. Rafael Ferrero Ferri; Joaquín Sanz Aura; Francisco Revert Galbis; Francisco Santonja Bernabeu; Ramón Plá Mollá; Manuel Revert e hijos, S.L., integrada por Ramón Revert Oriola y sus hijos Ramón, Manuel y Rafael Revert Nadal; José Valls Esteve; Rafael Ferrero Prats; Vicente Tortosa Donad; Juan Jorge Laso; José Valls Such; Rafael Ferrero Morell; José María Martínez Belda; Enrique Espí Ferri; Alfredo Tortosa Poquet, Industrias Reunidas Jordá S.A., constituida por Miguel Jordá Cantó y hermanos.

Conjunto de la capilla de san José en la iglesia arciprestal  de Santa María. Rodeando la estatua del santo sostenida por una ménsula, aparecen cinco cuadros pertenecientes a los pintores Vicente López, Juan de Valdés Leal, Francisco Ribalta y dos anónimos, que el mecenas Gonzalo Vidal Tur, canónigo de la concatedral de san Nicolás de Alicante, e hijo de Ontinyent, cedió al morir para que se expusieran en este templo.

Este conjunto se representa con más detalle en las páginas siguientes.

De la colección de cuadros donados, al fallecer, a la iglesia de Santa María por el canónigo de la concatedral de Alicante e hijo de esta población, Gonzalo Vidal Tur, sobresale este  del  artista Vicente López (Vicente López Portaña, Valencia 1772 – Madrid 1850, discípulo del franciscano Antonio de Villanueva, pintor de cámara de Fernando VII. Es autor de los frescos religiosos que decoran el Salón de Carlos III en el Palacio Real y otros muchos, como, por ejemplo, los retratos de Goya, Calomarde, Castaños, Martínez de la Rosa y el Marqués de la Rosa. Nos muestra en este cuadro el rostro del diácono protomártir san Esteban, con la mirada puesta en lo alto. Según los Hechos de los Apóstoles (Hch.  7, 54 - 8,1): “Al oír estas cosas se llenaron de rabia sus corazones y rechinaban sus dientes contra él. Él, lleno del Espíritu Santo, miró al  cielo y vio la gloria de Dios y a Jesús en pie a la diestra de Dios y dijo: “Estoy viendo los cielos abiertos y al Hijo del hombre en pie, a la diestra de Dios”.Ellos, gritando a grandes voces, tapándose los oídos se  arrojaron a una sobre él. Sacándole fuera de la ciudad, le apedreaban. Los testigos depositaron a los pies de un joven llamado Saulo; y mientras le apedreaban. Esteban oraba, diciendo:“Señor, no les imputes este pecado” . Y diciendo esto, se durmió. Saulo aprobaba su muerte. Aquel día comenzó una gran persecución contra la iglesia de Jerusalén”. 
Bella estampa que posiblemente pertenezca a la escuela clásica española, de autor anónimo, aunque se le atribuye a Antonio Palomardi. Nos muestra  una composición religiosa donde un angelito con un ramo de flores descubre un cortinaje y a sus pies, sobre un lecho el Niño Jesús y su madre, la Virgen María, con las palmas de las manos juntas, adorándole.

Colocada en el altar de la derecha y  flanqueando la talla de san José, se halla una pintura, de autor desconocido, que representa a santa María Magdalena. Esta santa vivió en torno a Jesucristo y los Evangelios la colocan en el camino de Jesús. Es confundida con la anónima pecadora que, durante una comida en la casa de Simón el fariseo, inunda de perfume los pies del Señor y después los enjuaga con sus cabellos (Lc 7, 36-50) . María Magdalena fue curada por Jesús de los demonios que la poseían (Lc 8, 2). Estuvo presente en la Crucifixión y entierro. Jesucristo le reservó su primera aparición después de su Resurrección.

Según la tradición, los hermanos Lázaro, Marta y María, después de la Ascensión del Señor fuero a evangelizar al sureste de Francia y allí María se retiró en una cueva a hacer penitencia.

Imagen de santa Bárbara realizada por el pintor Juan de Valdés Leal (Sevilla  1622-1690). El temperamento de este artista era contrario a su contemporáneo Murillo, así como el modo de entender su arte que en toda su obra se observa con un carácter nervioso y el gusto por el movimiento. Un ejemplo lo podemos tomar en la pintura de “Elías en el carro de fuego”, que forma parte del altar mayor de la iglesia del Carmen de Córdoba.

La imagen de santa Bárbara, virgen y mártir, aparece aquí caminando y llevando en la mano su símbolo, la torre. La vida de Bárbara transcurre entre la historia y la leyenda. Nació en Nicomedia, cerca del mar de Mármara, hija de un sátrapa llamado Dioscuro.

En ausencia de su padre se convierte al cristianismo, y al regreso de éste, después de causarle muchos suplicios, la decapita. Su padre, poco tiempo más tarde, muere  herido por la descarga de un rayo.  

El pintor Francisco Ribalta, nacido en Solsona en 1564 y muerto en 1629 en Valencia, nos dejó esta escena pictórica, del claroscuro o tremendísmo, típica  del artista, en la que nos muestra  a san Antonio en una de las visitas que le hizo san Pablo Ermitaño  en el desierto de Egipto antes de morir. Ambos ermitaños son los fundadores de la vida eremítica. Después de la muerte de san Pablo, a san Antonio se le considera el fundador de la vida conventual.  
Imagen barroca de san José toda ella de madera, pues no se ha paliado en ningún relleno o retoque de estuco. Es obra de los artistas valencianos Román y Salvador, sobre boceto de Carlos Tormo (Carlets). El coste de la imagen, adquirida por suscripción popular, fue de 9.680,- pesetas, siendo colocada sobre una peana en 1952, cuando era arcipreste  Juan Comes Doménech.

El domingo 22 de octubre del año 2000 se celebró en Santa María (momento que recoge la fotografía) el acto religioso de la inhumación de los restos de ocho venerables mártires pertenecientes a los testigos de la fe de Ontinyent: Rafael Alonso Gutiérrez, Carlos Díaz Gandia, Crescencia Valls Espí, Manuel Torró García, Encarnación Gil Valls y Vicente Galbis Gironés, que posteriormente fueron beatificados, en acto multitudinario, por Juan Pablo II en el Vaticano el 11 de marzo del 2001.

 

Para dejar constancia de la beatificación el 11 de marzo del año 2001 por Juan Pablo II en el Vaticano de los 233 mártires de la persecución religiosa española durante el periodo de la Guerra Civil (1936/39), hombres y mujeres de todas las edades y condiciones que siguieron a Cristo en su vida y su muerte, y siguiendo las recomendaciones del Santo Padre de “hacer todo lo posible para no perder el recuerdo de quienes han sufrido el martirio”, los fieles de la parroquia de Santa María, encabezados por el Plebán Fernando Cremades, encargaron al artista Helios Gisbert Peidró un cuadro que perpetuara la memoria de los nuevos beatos. En solemne ceremonia celebrada a las 12 de la mañana del 22 de septiembre de 2002 fue bendecido por el Plebán Fernando Cremades, ante las arquetas que contienen los restos de Rafael Alonso Gutiérrez, Carlos Díaz Gandia y Crescencia Valls Espí. Alguna vez solemos mirar sin ver la actitud de un artista empeñado en captar lo que no puede expresar y expresarlo.

Fue en 1956, cuando un grupo de amantes de la música, compuesto por. Vicente Palop Tortosa, José Mª Bernabéu Prats, Rafael Penadés Ferrero, Vicente Gil Gandia, José Mergelina Mollá, Manuel Esteve y otros, presididos por el organista y sacerdote Justo Bellver, empezaron a recaudar fondos mediante donativos, rifas, loterías, etc., con el objeto de adquirir un órgano para sustituir los dos que se destruyeron durante la Guerra Civil en la iglesia de Santa María, a fin de dar mayor realce en las grandes solemnidades litúrgicas, como había ocurrido durante siglos.

El nuevo órgano de Santa María fue realizado por la empresa ORGANERÍA ESPAÑOLA, S. A. ALBERDI, costando 350.000 pesetas. Unidas a las 19.741,30 pesetas de embalajes transportes y montaje, ascendió a un total de 369.741,30 pesetas.

El martes 28 de junio de 1960, a las ocho de la tarde tuvo lugar el solemne traslado de la Purísima de su Camarín al Altar Mayor para la bendición e inauguración del órgano. Actuaron de padrinos Rafael Mompó Delgado de Molina y Amparo Buchón de Mompó. Ofició en la bendición el Plebán Julio Roig Villalba. A continuación el sacerdote organista Justo Bellver, junto con Antonio Alberdi y Rafael Tapiola, director de la Orquesta de Cámara de Gerona y organista de San Felix la Mayor, interpretaron un concierto con artísticas composiciones.   

Para cubrir el ventanal existente junto al órgano, se colocó una moderna vidriera que representa a la imagen de la Virgen en el instante de su Gloriosa Asunción, advocación titular de esta iglesia.

En la sacristía se hallan estas tablas a modo de retablo junto a una imagen de la Purísima, obra artística que se realizó durante 1939, una vez finalizada la Guerra Civil, con el fin de poder celebrar las fiestas de la Purísima. Las tablas pertenecían a un armario fuerte empotrado, situado en el sótano de la sacristía, que también se salvó de la destrucción durante la Guerra Civil por el hecho de que algún entendido en arte, con la pretensión de salvar esta obra, la embadurnó de cal. Después de la fraticida contienda un curioso, separando con cuidado la sustancia alcalina, encontró estas pinturas. Se trata de unas figuras de la Virgen y el Arcángel en el momento de la Anunciación. Se sabe muy poco sobre el origen de estas tablas. Debemos situarlo en el siglo XIII, ya que las figuras son de un inconfundible románico, perteneciendo a la época de transición al gótico, época en que no se presentan las figuras con realismo, pues ningún artista de aquellos siglos se interesaba en reflejar, como consecuencia del momento muy religioso, que buscaba lo sobrenatural, como se deriva de la pintura.   

Reliquias en Santa María. Antes de la destrucción en la Guerra Civil, la iglesia de Santa María poseía las reliquias siguiente: “Relicario con una Espina de la Corona de Jesús, cráneo de Sta. Córdula, fragmento del hábito de san Vicente Ferrer. Reliquias de sta. Úrsula, sta. Cecilia, etc. En octubre de 1957, el Revdo. Rafael Cerda entregó con los consiguientes documentos de autenticidad a Sta. María las siguientes reliquias: de santo Domingo Savio, santa Cecília y  san Antonio de Padua”.

Adornando  las paredes de la sacristía se halla el presente bajo relieve  con la figura central del Sagrado Corazón de Jesús y figuras alegóricas como ángeles, nubes y una vista parcial de Ontinyent, obra Virgilio Sanchis, imaginero local, domiciliado en Valencia. Este motivo ornamental se encontraba anteriormente en la Sala Capitular de nuestro Ayuntamiento desde que finalizó la Guerra Civil. Con anterioridad hubo otra imagen destruida en 1936. En 1979 fue retirada de su primitivo lugar entregándolo a la Parroquia de Santa María.
El Catàleg del Patrimoni Arqueològic i Artístic d’Ontinyent, realizado en 1982, identifica este elemento artístico, además de otros, y lo define así: “En el interior hay una fuente de piedra en la sacristía y rodeada de azulejos valencianos del s. XVIII”. El motivo de esta escena pictórica es la aparición de Jesús a los Apóstoles sobre las aguas. Aparecen dos leyendas en latín, que traducidas al español dicen: en la parte superior “Señor sálvame”, y en la parte inferior, “Da Señor la virtud de mis manos para que limpias de toda mancha y sin mácula el alma y el cuerpo pueda servirte a Ti”.  

EL RENACIMIENTO

Cuando Florencia se abre al esplendor en el siglo XV, se produce un movimiento cultural arquitectónico que alcanza a toda Europa. cuyo principal creador e impulsor fue Filippo Brunelleschi. Este es un movimiento arquitectónico bautizado con la palabra italiana “rinascimiento”, que la adaptaron los humanistas del siglo XV. Significa volver a restaurar los antiguos patrones y motivos de Roma. Es el nuevo espíritu de ruptura con la arquitectura de la Edad Media, poniendo las bases firmes y señalando el camino de lo que habría de ser la nueva arquitectura y, también, porque su talento matemático descubrió las leyes de la perspectiva geométrica, que es una de las aportaciones de más impacto que se ha producido. Es obligado destacar de esta arquitectura la gran cúpula de Santa María de las Flores en Florencia, que representa un hito señero, una obra cumbre de la invención constructiva y de osadía por sus proporciones.

En nuestra ciudad de Ontinyent, encontramos varios ejemplos.   

Construcción renacentista, monumento que los hijos de Ontinyent quisieron levantar en honor a su Patrona la Purísima Concepción. Empezó a edificarse  el 9 de abril de 1663. En la sesión del 22 de diciembre de 1662, el Concejo de la Villa, oído el sentir del vecindario, dió el oportuno permiso de obra. Está unida a la parte sur de la iglesia de la Asunción de Santa María. Fue propiedad de la iglesia, pero en la Desamortización pasó a formar parte de los bienes municipales. Los bajos de este edificio albergaron durante buena parte del siglo XX las oficinas de los Juzgados de Primera Instancia y Municipal, siendo actualmente sede del “Museu Arqueològic d’Ontinyent i la Vall d’Albaida” (MAOVA).

A los  pies del edificio, a mano derecha, una inscripción recuerda la construcción de este edificio de la siguiente forma:

 “AD HONOREM SUAE PATRONAE B. MARIAE VRG IN PRIMO CONCEPTIONIS EI IMMACULATAE INSTANTI AB ORIGINAL LABE PRAESERVATAE FONTINENTANA PIETAS HANC FABRICAM A EUNDAMENTO ERE XIT VI IDUS APRILIS ANNO MDCXIII”

Podríamos leer la traducción de la siguiente manera:

 “EN HONOR DE SU PATRONA LA BEATÍSIMA MARÍA, VIRGEN EN EL PRIMER INSTANTE DE SU CONCEPCIÓN INMACULADA, PRESERVADA DE LA MANCHA ORIGINAL, LA PIEDAD DE ONTENIENTE ERIGIÓ ESTA FÁBRICA DESDE SUS CIMIENTOS EL DIA 27 ABRIL DE 1663” “que els llauradors y persones devotes determinen fer la capella de la Purísima que els concedisca llicencia per a poder fer aquélla en dita esglesia major en lo puesto que mes convindrá”. Empezó a edificarse el 9 de abril de 1663. En la sesión del Consejo de la villa del 22 de diciembre de 1662 se puso de manifiesto el deseo del vecindario y las autoridades dieron el oportuno permiso: Las autoridades, además de concederles autorización les ayudaron con un préstamo de cincuenta libras para los gastos iniciales de los que se comprometieron a devolver “tres o cuatre llauradors honrats”.

 Según relata el franciscano P. Fullana en su “Historia de la Ciudad de Onteniente”, el 19 de marzo de 1642 reunidos en consistorio los Honorables Jurados eligieron y votaron por Patrona Única a la Inmaculada, bajo el título de “Purísima Concepción”. La devoción que el pueblo todo, hizo que naciera la idea de construir un santuario para darle el culto merecido y decidieron que tuviera el privilegio de los reyes por lo que solicitaron esta gracia. Fue comisionado para esta gestión al licenciado Francisco Gisbert, beneficiado de Santa María, quien se dirigió a la Reina Gobernadora de las Españas, viuda de Felipe IV, solicitando el título de “Real Patronato”. Doña Mariana de Austria concedió esta gracia después de haberse informado a través del Lugarteniente General o Virrey y Capitán General del Reino de Valencia Don Gaspar Felipe de Guzmán, Marqués de Leganés.

En su Historia de Ontinyent, el Padre Fullana dice que “Aún no estaba terminada   la Capilla y  ya tenía el privilegio de Real Patronato”.

Puerta de acceso a la Capilla de la Purísima de estilo renacentista. Sobre dos pilastras, el dintel rematado con un frontón y cornisas inclinadas en las zonas del vértice, llenando el hueco central una hornacina con la imagen de la Purísima y un grupo de cabezas de ángeles a sus pies.

A petición de la villa, que siempre profesó extraordinaria devoción a la Purísima Concepción, la Santa Sede concedió el Patronato de la Villa a favor de la Inmaculada Concepción. El 23 de enero de 1745, gestionada por el Arzobispo de Valencia Andrés Mayoral, el Papa confirmó la aprobación canónica como patrona de la villa.

Aspecto de la cúpula de la Capilla de la Purísima. Desde el arranque de la linterna y para regular el desnivel de la cubierta la cúpula está sostenida por un tambor con ventanas ciegas cubierta, con tejas vidriadas azules, aunque parte de ellas, al envejecerse por el paso del tiempo, han sido  sustituidas por  otras no esmaltadas. La cúpula termina en una cruz y veleta que se encuentra apoyada en el remate y cuyo objeto es proporcionar luz al interior.
Perspectiva interior de la cúpula gallonada de la capilla de la Purísima. Cada uno de los cuatro triángulos esféricos, constituidos por el anillo de la cúpula y los arcos torales que sirven para pasar de la superficie cuadrada a la planta circular y a la cúpula de una forma limpia y elegante. Este sistema constructivo ha sido utilizado por los arquitectos a través de los siglos desde el arte mesopotámico, romano, bizantino, románico, llegando al clásico y renacimiento, época artística en que está comprendida la construcción de esta cúpula. Los cuatro ángulos o pechinas que sostienen la base del óculo, así como los radiales que forman la cúpula contienen decorados en relieve con alegorías o símbolos marianos

La capilla de la  Purísima está situada paralela a los cuatro primeros tramos de la nave de Santa María con acceso por el segundo y data de 1663.

El Clero de Santa María, en prueba de su amor mariano, como juzgó que la capilla gozase del privilegio de Real Capilla. A tal efecto, y para obtener este privilegio, el clero comisionó al Licenciado  Francisco Gisbert para que solicitara “Real Patrocinio” a la Reina Gobernadora de España, viuda de Felipe IV, siendo de menor edad el Príncipe Carlos, privilegio que fue concedido el 31 de agosto de 1666.

Como durante la Guerra Civil fue destruido todo el conjunto que adornaba la iglesia de Santa María y concretamente en la Capilla de la Purísima, el Arcipreste Juan Comes Doménech quiso darle estética y belleza a esta Capilla para resaltar la efeméride del centenario de la Declaración Dogmática de la Inmaculada Concepción, así como perpetuar el recuerdo de la Coronación Canónica de la Patrona de Ontinyent. Por ello, encargó al decorador local Carlos Tormo Martínez, conocido por el cariñoso nombre de “Carlets”,  la decoración en yesería ornamental de las paredes, para resaltar sus entornos con dibujos adamascados en bajorrelieves. El decorado empezó a realizarse en julio de 1952. Cumplió el artista este deseo,  dejando con sencillez la belleza y el buen gusto, en un lugar donde los sentidos se inclinan hacia el espíritu.  

El autor de la actual imagen de la Purísima Concepción, patrona de Ontinyent fué el orfebre de Valencia  Agustín Devesa Olmos, según consta en el contrato de fecha 29 de diciembre de 1940, entre la representación de la Junta de Festeros de la Purísima, autoridades religiosas y civiles. Dicho contrato consta de seis cláusulas entre ellas una que dice: “ha de ser de plata, cantidad que en peso se le ha entregado”.  El trabajo del orfebre estaba estipulado en 16.000 pesetas que se le harían efectivas a la entrega de la imagen el 23 de mayo siguiente. Fue bendecida en la Catedral de Valencia  el 25 de mayo de 1941 por el arzobispo Marcelino Olaechea. Dato que se hacia constar en el mencionado contrato; por ello, debía estar a punto la imagen dos días antes. 

 La Comisión Gestora del Ayuntamiento en sesión Ordinaria del 31 diciembre de 1940, quedó enterada del referido contrato y así consta en acta.

Otro dato importante es la construcción por el artista Virgilio Sanchis, con un coste de ocho mil pesetas, de un grupo de ángeles para las andas, según contrato 15 junio 1940.

En el libro de actas fecha 17 mayo 1943 de las sesiones municipales consta que la Corporación Municipal quedaba enterada del programa de actos para los días 22 y 23 del mismo mes, con motivo de la inauguración del Camarín de Nuestra Señora la Purísima Concepción y de la consagración al Corazón Inmaculado, cuyos actos los presidiría el Excelentísimo Señor Arzobispo de Metynne.    

En octubre de 1963, se procedió al adecentamiento de la imagen y del grupo que sirve de peana. Se sustituyó el grupo de faroles sostenidos por ángeles por una palma y un estandarte con el escudo de Ontinyent en plata y oro.

El pueblo todo de Ontinyent siente una predilección muy especial por la Purísima. Yo diría, embargado por una profunda serenidad de espíritu y por una confianza filial en aquella, que es “vida, dulzura y esperanza nuestra”.

El Plebán Blas Asensio Castelló quiso perpetuar, mediante este cuadro de Helios Gisbert Peidró, colocado en la capilla de la Purísima, el momento solemne en que el 3 de diciembre de 1666 hacía entrada triunfal la imagen de plata de la Purísima, Patrona en Ontinyent, después de que en 1665 se mandara a Valencia para ser sometida a un remozamiento. Costó 800 pesos, cantidad muy notable en aquellos tiempos. A su llegada hubo grandes actos festivos, “bou en corda”, fuegos de artificio, aguinaldos etc. 

Esta obra pictórica es también original  de Helios Gisbert Peidró. Fue encargada también por el Plebán Blas Asensio Castelló para recordar el momento de la Coronación Pontificia de la Purísima  Concepción, Patrona de Ontinyent, por el arzobispo de Valencia Marcelino Olaechea  en mayo de 1954, actuando de padrino Joaquín Ruiz Jiménez, Ministro de Educación en aquellas fechas. En el cuadro figura que lleva la corona el entonces alcalde de la ciudad, Jaime Miquel Lluch.

LA TORRE CAMPANARIO

Vista nocturna de la torre campanario de Santa María. Tiene planta cuadrada y se alza a la parte de levante de la iglesia, siendo de cuatro cuerpos, construida con piedra de sillar. Al igual que el resto del edificio de Santa María, constituye el  principal monumento de Ontinyent y símbolo de la ciudad, pues, por su altura, se distingue desde cualquier zona, siendo parte fundamental del paisaje local. La base de la torre es de estilo románico hasta las campanas, luego le sigue otro tramo renacentista y termina con un remate  barroco. El inicio de su construcción  fue en 1683, interrumpida posteriormente la construcción a la altura de la balaustrada, reanudándose posteriormente en 1745.

Los dos cuerpos últimos de la torre son de piedra labrada, con perfectos contornos y de ladrillos en los cornisamentos. Son de la mayor perfección, motivo éste que nos revela una grandeza para levantar el andamiaje a tan elevada altura, los sudores para subir a mano los materiales por los vecinos y el trabajo tan perfecto de albañilería  en aquella época, motivo por el cual debe reconocerse el valor arquitectónico del autor y el de los vecinos de entonces, que tantos trabajos y dispendios debieron de causarles tal colosal empresa.

En 1859,  como consecuencia de la caída un rayo, se destruyó la cúpula final, lo que ocasionó la sustitución de la dañada por un remate metálico a finales del silgo XIX.

Al final de la subida de la Bola, y a los pies de la torre campanario, se halla esta bonita  inscripción que los hijos de Ontinyent colocaron en 1904 para, con ello, recordar el quincuagésimo aniversario  de la declaración Dogmática de la Purísima Concepción.

de la torre campanario, justamente en la calle Regall. En ella nos recuerdan los ediles del Ayuntamiento que en el año 1989 fue el tercer centenario de la construcción de la torre, así como los autores del proyecto de  la obra y posterior remate de la misma.

Otra lápida conmemorativa la encontramos  a los pies mismo  

EL BARROCO

El barroco se inició en Italia de la mano de los maestros Bernini y Borromini en el siglo XVII y se generalizó  hasta finales del XVIII. En principio fue despreciado por la crítica neoclásica, como consecuencia de su dinamismo, dramatismo y sensualidad. Para Worringer  es barroca  toda forma estilística  que nos muestra una vida orgánica. Su patetismo trascendental lo diferencia  claramente de la paz armoniosa y equilibrios del estilo clásico.

Caracteriza este estilo la libertad de alterar las proporciones clásicas del Renacimiento,

debido al conjunto de elementos arquitectónicos (arquitrabes, frisos y cornisas) que coronan un edificio de estilo clásico. Además, la profusión de motivos ornamentales, a veces demasiado cargadas, especialmente en su época de decadencia de este estilo, el Barroco deja en el mundo arquitectónico verdaderas obras maestras de singular belleza.

Desgraciadamente, durante la Guerra Civil del siglo XX las imágenes, decoración y ornamentos de los templos  fueron saqueados, destruidos y entregado a la hoguera todo lo que podía quemarse. Cualquiera persona amante del arte que contemple la iglesia de san Miguel, única edificación barroca con que cuenta nuestra  ciudad, sentirá pena por el abandono en que se encuentra y se preguntará por qué no se recupera este patrimonio cultural y artístico.   

IGLESIA DE SAN MIGUEL

Los escritores o cronistas, creyéndolo o no, consignaron hechos portentosos que en todas partes reflejaban y, así, el P. Eusebio de Nuremberg escribió todo un tratado sobre apariciones de san Miguel, entre los cuales incluye el del “Tosalet” de Ontinyent. El P. Segrelles, hijo de esta población,  describe la aparición de san Miguel diciendo que, en abril del año 1362, después de la aflicción causada por una epidemia que causó muchas muertes, además por las ocasionadas en la sangrienta guerra que mantenía Pedro IV el Ceremonioso,  el rey Pedro de Castilla, por ser esta villa frontera con Castilla, con muchos estragos por esta guerra, cuando vieron una noche en este lugar, conocido por el “Tosalet”, un fenómeno de luces que bajaban del Cielo. Continuó este prodigio varias noches y el pueblo creyó que aquellas luces las realizaba el Arcángel san Miguel que bajaba como Patrón de la villa para auxiliarla. Llevaron al lugar apestados de la epidemia y sanaron. Para perpetuar este suceso el pueblo construyó en este lugar una ermita  dedicada a san Miguel.   

Como el lugar fue muy venerado, los Jurados de la villa decidieron construir un templo de mayor tamaño y fundaron una capellanía con la denominación de san Miguel Arcángel, autorizada previamente por el Arzobispo de Valencia Vidal Blanes, modificando la primitiva fábrica. Consta en los libros Capitulares que estas obras se realizaron por espacio de quince años con fondos procedentes de la villa y, por la escasez de fondos económicos, se tuvieron que establecer continuas contribuciones, terminándose las obras en 1665.

Otra reforma efectuada en este templo aparece en Acta del Consell 23 de mayo de 1573.

El Patriarca Arzobispo de Valencia san Juan de Ribera instituyó que se celebrasen en esta iglesia toda clase de oficios religiosos, por lo que se convirtió en Parroquia. (Acta del Consell fecha 17 diciembre 1574). Fue Parroquia, delegada de la de Santa María  hasta 1851, año en que pasó a ser Parroquia la iglesia de San Carlos.  El campanario amenazaba ruina y se acordó arreglarlo en el Cabildo de 26 mayo de 1763.

En la calle Arzobispo Segriá, uno de las pocos rincones que aún conserva el suelo con piedras de canto rodado, se encuentra la puerta que da acceso a la iglesia de San Miguel. En el Cabildo del 8 de mayo de 1851 se señala que el Vicario Agustín García pidió permiso para aprovechar un rincón en la plazoleta, junto a la sacristía  para abrir una puerta, la cual tiene forma de medio punto y esta realizada con arco doblado de piedra labrada, y piedra clave. Sobre ella y para dar luz al interior un rosetón enmarcado dentro de otro arco superior. Aunque este edificio se realizó en el Renacimiento, quisieron los constructores dejarnos un ejemplo de influencia románica; para ello, trajeron esta puerta del derruido convento de San Juan y San Vicente, que estaba emplazado en lo que hoy conocemos como plaza de santo Domingo.

Puerta principal de acceso a la iglesia de San Miguel por la calle Tomás Valls. Es de estilo renacentista  con frontón curvo, en cuyo centro se halla, dentro de una hornacina, la imagen de san Miguel.

 

Yo acusaría a la historia local de haber permitido en este templo tan hermoso el adosamiento, en todo su perímetro exterior, de edificios vulgares, que impiden la contemplación de sus proporciones exteriores.

Fotografía tomada del Altar Mayor de la iglesia de San Miguel, antes de su destrucción  durante la Guerra Civil. Fue parroquia hasta 1851, año en que pasó a serlo San Carlos. En la misma se puede apreciar su estilo barroco, con su dos columnas que se retuercen en esfuerzo salomónicos para soportar los frontones; el retablo con la imagen del santo titular y adornos exuberantes, formas curvas, sensación de masas y profusión de motivos ornamentales.  

El arte sacro católico, tras la Contrarreforma, buscó de una manera especial el lujo desmedido, el esplendor del culto, dignificando más los espacios sagrados mediante mayor riqueza en formas y colores. El fervor católico de la contrarreforma lleva consigo el deseo de que la gloria celestial se vierta con esplendor en los recintos sagrados.   

Una persona anónima dio en 1670 mil reales para la construcción de este Retablo, así como otros donantes, que también intervinieron en su coste. El 19 de abril de 1676, quedó finalizado el trabajo del Retablo y el “Consell” de la Vila acordó pagar las cien libras que faltaban. La condesa de Carlet donó reliquias y varias imágenes de santos.

En 1740, el vicario Mossen Juan Insa pidió las limosnas que se hacían en los hornos de pan cocer para dorar el retablo, y el Ayuntamiento se lo concedió. En 1743, acordó el Cabildo dar el trabajo a Thomás Belando por la suma propuesta de 950 sueldos. El 22 de septiembre de de 1742, terminado el dorado,  el Ayuntamiento asistió a una fiesta de celebración.

Vista de la iglesia de San Miguel sin retablo en el altar Mayor. Este edificio consta de una sola nave cubierta por bóveda de medio cañón reforzada por arcos fajones sobre pilastras y cúpula de media naranja sobre pechinas en el crucero.

Al ser destruido el templo durante los días de la Guerra civil, sólo quedan las  ornamentaciones dorados e ilusionistas con pinturas y estucos en muros, bóvedas y cúpulas. Este gusto por la suntuosidad fue producto del nuevo sentimiento de triunfo que embargó a toda la Iglesia católica por la victoria contra las herejías, el abatimiento definitivo del dominio turco en Europa y la conquista de la fe de innumerables pueblos de Asia y América.

Como continuaban llegando fondos de las limosnas para san Miguel, el 12 junio de 1755 se vio la necesidad de que las limosnas se gastaran en adorno y lucimiento del templo. 

La iglesia de San Miguel tiene una acústica inmejorable, pues el aspecto físico de la vibración, o sea el movimiento ascendente y descendente de la vibración, se aprecia fácilmente en una cuerda larga atada a un extremo y puesta en movimiento por la mano en el otro extremo. Si la vibración se expresa gráficamente en el tiempo aparece la conocida “línea ondulante” del sonido. Cada movimiento  completo hacia arriba es el  ciclo o periodo de vibración.

Durante la Guerra Civil la iglesia se utilizó como almacén de equipo sanitario. Terminada la contienda, las autoridades locales se encargaron de remitir al Jefe de Trasportes Militares de Valencia partidas por ferrocarril de dicho material. Concretamente, hay un documento de fecha 3 de mayo de 1941 en el que le pasan un cargo de 340 pesetas por “gastos ocasionados con motivo del acarreo del material recuperado por Farmacia Militar desde el depósito de la Iglesia de San Miguel a la estación del ferrocarril durante la semana del 28 de abril al día de hoy”.        

En octubre de 1960 los vecinos de las calles próximas hicieron una primera colecta en la que recaudaron 1.017 pesetas con el fin de poder adquirir la imagen de san Miguel, que se aprecia en el centro como único motivo ornamental del Retablo.

La cúpula gallonada sobre pechinas, uno de los grandes logros de la construcción renacentista, seguirá utilizándose en su apariencia externa, pero en su interior se verá aniquilada como superficie semiesférica pura, como se ve en la fotografía. La decoración ornamental  recoge motivos florales. En la base de las cuatro partes del tambor, existen cuatro leyendas, que traducidas del latín dicen: “Señor, la luz de tu rostro ha sido sellada sobre nosotros. (Salmo, 4, 7. Comentario de los salmos de David). “Se les apareció descendiendo sobre el monte. Autor obra. Imperfecta ”. “Las nubes  atestiguan su potencia (o su poder)”. (Salmo 67, 35). “ Brillando con una llama de fuego con una luz clarísima” . (Éxodo 3, 2).

El enlucimiento de la cúpula fue dado por contrata  a José Pastor,  “Mestre de Vila”, en 1659, según acuerdo del “Consell” del 21 de septiembe por un importe de 300 libras, y revocar el cimborio y el resto de la obra por 300 libras; se le proporcionó el yeso que lo tenían comprado y la obra se hizo a destajo.

Ante la duda de si era de calidad el revestimiento de escayola hecho por José Pastor,  en 1663, y previa inspección de un maestro de obra forastero (Melchor Serrano, de Valencia), se acordó dar por mala la obra y tuvo que rehacerla.     

 

 

 

 

En el presbiterio, a ambos lados, aparecen enmarcados en motivos florales, dos citas bíblicas que dicen lo siguiente:  .

 
“De pie está el ángel junto al altar del templo”
Cita tomada del Apocalipsis de san Juan.
Este medallón contiene la frase siguiente “Sosteniendo en sus manos un incensario de oro”. Cita tomada del Apocalipsis de san Juan. Esta inscripción dice: “Todos cantan sin fin: Quien como Dios, Quien como Dios, Quien como Dios”


Dentro de los diferentes medallones que existen en las paredes  aparecen nuevas inscripciones con citas bíblicas, como esta ultima que dice: “Miguel Arcángel viene en ayuda de pueblo de Dios.”                   

Nueva inscripción alusiva al patrono titular de esta iglesia, que dice:“Aquí está Miguel, el Arcángel del ejercito celestial.”

 

Se conserva todo el armazón o caja del deteriorado y silencioso órgano con ciertos aires de barroquismo.

 En sus tres caras visibles debieron lucir la metalería sonante del órgano. En los bajos una fecha indica 1919; es un testimonio mudo que nos sitúa en aquéllas grandes y solemnes festividades religiosas que con tanta devoción el pueblo de Ontinyent celebraban antes de la Guerra Civil en la iglesia de San Miguel.

El órgano, la riquísima música sacra, incluso la muy bella tradicional música religiosa, perdieron vigencia y fuerza a partir de la década de los sesenta del pasado siglo. Ahora, para oír un buen organista que interprete una buena música, hay que ir a una boda. 

Nos muestran las imágenes tres motivos artísticos con alusiones a la Eucaristía y a san Miguel,  rodeados de motivos florales. Todos ellos y otros desaparecidos formaban el  perímetro, a la altura del zócalo, en la iglesia de San Miguel, y que, desgraciadamente, ha ido desapareciendo, víctima del desinterés y de la rapiña.
 

En la parte posterior de la mesa del altar de san Miguel, queda este mosaico incompleto, alusivo a la Eucaristía. La balanza que aparece enmarcada en el círculo ovalado, corresponde a uno de los atributos que los artistas del  Renacimiento distinguían a san Miguel. En un principio, el Arcángel se ocupa en pesar las almas que se encuentran en los platillos de la balanza, antes de llevarlos al cielo. 

La capilla lateral izquierda de san Miguel está rematada por una cúpula sobre trompas.

En las pechinas, aparecen pintados cuatro personajes bíblicos del Antiguo Testamento: los profetas Isaías y  Moisés, los reyes David y su hijo el sabio Salomón. En esta capilla, antes de ser trasladada a la iglesia de Santa María, se guardaba la imagen del Cristo yaciente, original de Benlliure.

El profeta Isaias.

 El sabio rey Salomón, hijo de David

Moisés, el primer profeta.

David, rey de Israel.

A ambos lados de la capillita figuran dos medallones con las inscripciones siguientes:

“He aquí que una doncella está en cinta y dará a luz a un Hijo. Profeta Isaias, 7,14, b.

(Literalmente: La Virgen concebirá y parirá un hijo.)

Desde la eternidad y desde el principio  antes de la tierra”. Proverbio, 8, 23.

Viejo fotograma de principios del siglo XX del monumento levantado en la iglesia de San Miguel para la  Semana Santa. En él aparece, delante, a ambos lados del mismo, las imágenes procesionales de Nuestro Padre Jesús y la  Virgen de la Soledad, pues en esta iglesia se custodiaban varios pasos penitenciales.  

Como dato curioso, cabe recordar que, con la escritura pública ante Jaime Juan Molina en 8 Septiembre 1610, se hizo la fundación y capítulos de la Cofradía de la Soledad de S. Miguel entre Caballeros y ciudadanos; ya en dicho día se puso solicitud para recibir, dicha cofradía, la aprobación del Ordinario.

Las cofradías era una manifestación pujante de piedad  en las procesiones de Semana Santa que formaban una base estructurada. Junto al sermón, las procesiones constituían un elemento esencial de las fiestas. Cualquier ocasión era buena para salir a la calle y que el pueblo pudiera manifestar su religiosidad: sequías, temporales de lluvias, pestes, terremotos o canonizaciones..., presentaban la oportunidad deseada. 

En los años ochenta del siglo XVIII, el imaginero valenciano Esteve Bonet hizo una talla de Jesús Nazareno, con sus andas correspondientes, para san Miguel. Esta imagen desapareció en 1936. 

En una hornacina se halla la imagen del paso de la Santa Faz. Es la reproducción del rostro de Cristo que tradicionalmente se considera que se obtuvo mediante la impresión directa de la faz del Salvador en un trozo de paño. 

El origen de la cofradía hay que situarlo en el siglo XV, desapareciendo durante la Guerra Civil. El renacimiento de la misma se produce en 1947, auspiciada por un grupo de amantes de nuestras tradiciones, encabezado por José María Ortolá Ferrer, que era presidente, Enrique Torró Montagud como tesorero y otros componentes, como Rafael y José Ferrero Prats, Agustín Micó Albero, Manuel Rodríguez, Vicente Tolsá y otros muchos. Independiente de la imagen, se tuvieron que confeccionar los hábitos penitenciales, así como otros utensilios procesionales. Todos ello se encontraba en el domicilio social situado en la calle san Vicente 19.

Sencilla pero elegante Capilla con algunas reminiscencias bizantinas, antiguamente dedicada a la comunión, en la iglesia de San Miguel, que se construyó en terrenos de un huerto cedido por el presbítero J. Fernández de Mesa. Se realizaron bajo la dirección de José Reig Pastor y los concluyó Antonio Sanz Espinosa, inaugurándose el primero de junio de 1883. El coste de esta capilla se elevó a la suma de 100.000 reales. Su estilo es el propio de la sociedad conservadora del siglo XIX. En el centro, una hornacina y, apoyada sobre una ménsula, una imagen de la Virgen del Pilar. A ambos lados dos pilastras se elevan y están rematadas por dos imágenes que representan las virtudes de la Fe y la Caridad.

Cuenta la historia que Cristóbal fue martirizado bajo el poder de Decio (¿) y  venerado en Calcedonia a partir del siglo V. El culto a Cristóbal se extendió rápidamente por todo el mundo cristiano. Es el gigante cananeo que se compromete en el servicio a Cristo y ayuda a los viajeros a atravesar un curso de agua peligrosa. Una tarde un niño le llama. Se lo sube a los hombros. El niño va pesando cada vez más; el gigante, apoyado en su bastón, llega finalmente a la orilla opuesta. Soy Cristo, tu rey, le revela entonces el niño.       

Los transportistas de Ontinyent lo tienen como Patrón y todos los años, a finales de julio, coincidiendo con su festividad, celebran una Misa y cabalgata.

Sin pretensiones y aplicando el sentido común, debemos convenir que el fondo o decoración donde está situada esta imagen es una herejía estética. La Asociación de San Cristóbal deberían sustituirla por otra que estuviera en consonancia. 

En una pared lisa apoyada en una ménsula, sin decorado alguno, se halla la imagen de la Virgen de Lourdes, que pertenece a la delegación local de la Hospitalidad Valenciana de Lourdes. La Hospitalidad Valenciana tiene la misión de realizar todos los años, a finales de junio o principios de julio, una peregrinación de enfermos a Lourdes. El iniciador de esta delegación fue el franciscano P. Eduardo Camallonga, y más tarde, al no poder atender por enfermedad esta labor, le sustituyó el P. José Mitsuf, que ya ha  fallecido. 

IGLESIA DE LA PURÍSIMA SANGRE

MONASTERIO DEL CARMELO

Alusión que los devotos de este cenobio carmelita colocaron a la entrada de la iglesia dedicada a la Preciosísima Sangre, y en el que aparece, en lo más alto, la paloma, símbolo del Espíritu Santo que protege el  corazón de María atravesado por una espada, en referencia a la profecía de Simeón en el momento de la presentación del Niño Jesús en el templo, cuando le dijo a la Virgen María:“Una espada te atravesará el alma.” (Lc 2,35). El corazón de Jesús lleva una cruz, una corona de espinas y, en su costado, aparece derramando sangre. Bajo aparecen los tres clavos de la crucifixión. A ambos lados hay dos ángeles arrodillados sobre nubes.

Dentro de un perímetro cercado por una verja de hierro forjado se encuentra la iglesia de la Purísima Sangre, sobrio edificio monacal de monjas pertenecientes a la orden del Carmelo. Las fachadas están realizadas con paredes de carga de mampostería reforzadas en los ángulos y luces con piedras de sillería, de influencia renacentista. La iglesia se compone de una nave de medio cañón y capillas laterales, tiene dos puertas de entrada, la principal se halla rematada por un frontón de forma peraltado y la lateral es dintelada. La espadaña o campanario es de estilo barroco. Este conjunto monacal fue edificado con planos del arquitecto Fray Joseph Alberto Pina, religioso lego de la Orden de Nuestra Señora del Carmen, cuyo origen arranca en 1574. Unido a este edificio se encuentra la sacristía con puerta directa al exterior. A principios de la Guerra Civil, el 28 de julio de 1936, este monasterio fue saqueado e incendiado. El Ayuntamiento, en la reunión de la Comisión Ordinaria del 29 de agosto de 1939, acordó la reconstrucción del Convento de Carmelitas. El arquitecto municipal dio su informe sobre el estado del edificio.

En l solar que hoy ocupa el convento del Carmelo y antes de su edificación a principios del siglo XVI, se asentaba la iglesia de la Virgen de Loreto, con patio recayendo a la parte del río y seguidamente otra iglesia llamada de la “Purísima Sangre”, junto con una pequeña casita conocida como la de los desamparados porque servía como depósito de cadáveres de desvalidos hasta el momento de su inhumación. Igualmente se usaba como enfermería para que se curaran los cofrades después de los actos penitenciales que se imponían ellos mismos en la citada Cofradía de la Purísima Sangre. Detrás  existían patios y huertos.

A parte de los actos disciplinares señalados, otra faceta prioritaria de la cofradía consistía en motivos piadosos, como recoger a los ajusticiados para sepultarlos y antes asistirlos en la fe, para que no murieran desesperados. También impartían la caridad a los pobres en la enfermedad y a las viudas proporcionándoles socorro. Un seísmo que se registró durante la tarde del 5 mayo 1748, que se repitió durante la noche, produjo importantes desperfectos en el campanario.

Fachada norte o trasera del cenobio femenino de las Madres  Carmelitas lindante al profundo barranco del río Clariano y, a sus pies, unas casas que conforman la calle por donde transcurría antiguamente una de las vías de acceso a Ontinyent más importantes.

El día 29 de octubre del año 1977, estando los albañiles reparando los tejados, encontraron estas tejas del siglo XIV en el tejado de la torre que está encima del noviciado y que corresponde a la calle que da salida al Llombo.

Iglesia de la Preciosísima Sangre antes de su destrucción en 1936. Edificada bajo la dirección de Manuel Tormo, fue bendecida en 25 de agosto de 1772, aunque la sacristía es del año 1882.
La iglesia de la Preciosísima Sangre fue pasto de las llamas por un incendio provocado en julio de 1936. Fue reconstruida finalizada la Guerra Civil. En 1951 se  restauró el presbiterio, siendo el restaurador Carlos Tormo Martínez, bendiciéndose el 16 de julio de 1951 coincidiendo con el VII centenario de la creación de la Orden del Carmen.

En este altar, con baldaquino barroco existente en la parte izquierda de la iglesia, se halla el sagrario o  tabernáculo, y, detrás, una hornacina con la hermosa imagen de la Virgen del Carmen.

Hay que recordar el incendio provocado el 28 de Julio de 1936 para situar en contexto esta imagen. Hemos de mencionar que del incendio sólo quedaron en pie las paredes y pilares y hubo que levantarse de nuevo el cenobio y la iglesia y se tuvo que emprender la reconstrucción del edificio en un momento muy difícil económicamente, en unos años de miseria y hambre.

Terminada la Guerra Civil y tras celebrar la festividad de la Virgen del Carmen en Santa María, se organizó la vida conventual en casa del capellán, frente al convento, pero, como era insuficiente esta casa, los Marqueses de Vellisca cedieron una casa de su propiedad en la calle san Jaime 6.

El 13 de agosto de 1940, pese al mal estado del edificio conventual, volvieron a ocuparlo, restaurándolo poco a poco, hasta que en 1943 se terminó de cubrir la iglesia.

Por ello, esta bella imagen llegó en una época de escasez y penuria, siendo recibida como un regalo del cielo.  Nos dicen que fue un obsequio realizado en 1947 por José Giner, de Bélgida, a su sobrina Sor María del Pilar Giner, monja de clausura que perteneció a la comunidad de este monasterio.

Fotografía que nos muestra el sobrio claustro del convento de Carmelitas,  tomada en picado, en el que se aprecia, presidiendo la estancia, una sencilla imagen de la Virgen del Carmen colocada sobre una columna o pedestal.

Claustro del convento de las Carmelitas de la antigua observancia. En éste, y otros monasterios, es un lugar donde no se encuentra el refugio para las inclemencias del mundo, sino la verdad sobre Dios y sobre sí mismo. Es un lugar que trasmite el espíritu que se vive en él, tan necesario en nuestra sociedad actual, lejos de vanidades y desarraigos.

La primavera en un rincón del monasterio, cuando la naturaleza se abre con fuerza y los árboles nos muestran sus vivos colores del letargo invernal con todo su esplendor, el resurgir de la nueva vida, alusión que podríamos atribuir a la renovación o cambio de vida de las almas.

Fotografía facilitada por las monjas carmelitas En ella aparece toda la comunidad carmelitana. Su vida transcurre entre el trabajo y la oración. En las solemnidades más importante la oración es melodía y el pueblo fiel, al escuchar el canto armónico de estas monjas, canto que es de alabanza a Dios, sus reposadas melodías les causa tranquilidad. Si encontramos tiempo en nuestras vidas para escucharlas, deleitémonos en ello, y, seguro, nuestro turbado espíritu hallará un poco de solaz y descanso, y así anidará la paz en nuestro espíritu.

SAN CARLOS

IGLESIA DE ESCUELA JESUÍTICA

Iglesia de San Carlos Borromeo, situada en la calle de Mayáns 55 y lindando a espaldas con el barranco del río Clariano.

Antiguamente fue la templo conventual de la Compañía de Jesús. La primera piedra fue colocada en 1703 después de que el “Consell General”, estando presentes las autoridades de Ontinyent y los Padres de la Compañía Luis Torreja y Antonio Borja, autorizara mediante escritura ante el Notario Navarro la voluntad de Dª Vicenta Blasco, pues los medios económicos para su construcción fueron aportados por la referida señora mediante testamento otorgado según escritura del 15 de marzo de 1669, ante el notario José Domingo. En 1689, Carlos II autorizó el cumplimiento de las cláusulas testamentarias. En la construcción se empleó gran cantidad de piedras que se encontraban en el lecho del río procedentes del pantano que derruyó la riada de 1689.

Desgraciadamente, con la llegada de la dinastía de los Borbones,  Carlos III decretó la expulsión de los Jesuitas. El l0 de abril de 1769, los emisarios del rey se presentaron en la villa y les mandaron abandonar la población. El corregidor les ordenó salir a media noche con destino a Dénia donde embarcaron rumbo al destierro en Italia.    

Al producirse la expulsión de los jesuitas, decretada por Carlos III en 1767, abandonan todos sus conventos y se retiran de España, pasando a ser la iglesia de San Carlos auxiliar de la de Santa María hasta que fue proclamada como parroquia en 1851.

P. Luis Fullana, en su “Historia de Onteniente”, (Pág. 297), dice que el 10 de octubre de 1851, continuando al frente de la alcaldía de Ontinyent Rafael Llinás y José Simó, tomó posesión del Curato de San Carlos José Fontana, quien, después de tener muchas cuestiones y disgustos con el Cura de Santa María sobre derechos de estola, al fin consiguió de la Curia Arzobispal de Valencia hacerse independiente del Cura de Santa María.

Torre campanario de San Carlos que consta de dos cuerpos y remate, asentada sobre la primera capilla de la derecha. Es  de base cuadrada hasta las campanas, y termina con una cúpula con decoración renacentista y un reloj. En sesión municipal de 9 febrero de 1878, se leyó una comunicación del regente de esta parroquia en la que hacía constar haber terminado la construcción del campanario, que costó 21.659 reales. Fue inaugurado a las 9:30 del citado 9 de febrero. Tiene cuatro campanas denominadas: san Carlos, san José,  san Luis y Santísimo Cristo de la Agonía, ésta última es la más grande, la bendijo el Cura de San Carlos Vicente Cremades, ayudado por el coadjutor  José Ivancos y Vicente Reig, el 10 febrero de 1957; tiene una inscripción que dice: “En memoria de D. José Simó Marin  y de sus hijos  D. Gabriel y D. Faustino - Real Parroquia de San Carlos 10.2.57”  En su bendición fueron padrinos Isabel Aynat Asensio y José Simó Aynat.

Esta campana fue construida en Adzeneta d’Albaida por Germán Roses. Todas ellas se colocaron después de la Guerra Civil, puesto que fueron destruidas en la misma. El reloj lo costeó P. Pareja, ayudado por su albacea testamentario José Simó Tortosa.

Como remate de la torre de San Carlos y apoyada sobre la esfera  final,  se encuentra colocada una veleta que contiene un motivo decorativo de san Carlos en actitud de oración.

El 24 agosto de 1769, por Cédula Real de Carlos III, se puso esta iglesia bajo la advocación de “REAL PARROQUIA DE SAN CARLOS”

A la expulsión de los Jesuitas, la toma de posesión de este templo por el clero se realizó tres años después del decreto.

Según el inventario de los bienes incautados en 1936 en la iglesia de Santa María, el apartado  36 dice: “Un sobre conteniendo tres llaves y un papel antiguo que dice: “Estas tres llaves son de los papeles de los expulsos de la Compañía que se hallaron en su colegio, los que están custodiados en el armario que existe en este archivo”.-  Se depositaron el día 23 de Mayo de 1550.” Aunque no puede leerse la fecha exacta, al margen izquierdo dice: ”No se pueden tocar sin orden del Rey, el Clero es responsable.(Incluido en la caja nº 17).

Las iglesias de los jesuitas solían edificarse en el centro de las poblaciones, para atraer la afluencia del público, tanto a la iglesia como  a los colegios que ellos creaban, tal como el propio san Ignacio recomendaba para que cumplieran la función de educar a los niños y jóvenes.

Según la ficha número 102 del Catálogo del Patrimonio Artístico Municipal, la decoración de la fachada barroca de piedra labrada es original del arquitecto Francisco Almenar. Tiene portada barroca con dos cuerpos enmarcados y en la parte superior la imagen del santo titular. Posteriormente en 1942, fue restaurada de los desperfectos sufridos durante la Guerra Civil, por Francisco Bolinches y Bolinches.

En octubre de 1837 empezaron a impartir enseñanza, colocándose sobre el dintel de la puerta la siguiente inscripción: ESTABLECIMIENTO DE INSTRUCCIÓN PÚBLICA. AÑO 1837.    

La noche del 13 de junio de 1871 se produjo una gran tempestad con mucho aparato eléctrico y un rayo cayó en San Carlos prendiendo fuego en la bóveda del Altar Mayor, construida en 1868 con parte de la herencia de Estanislao Pérez. La gran cantidad de agua de la tormenta y los numerosos vecinos que acudieron a sofocarlo, impidieron que el fuego se extendiese. El Cabildo de fecha 15 septiembre 1837 agradeció a los herederos de Estanislao Alcaraz, antes Pérez, los más de dos mil pesos para el Altar Mayor de San Carlos.    

Coincidiendo con la festividad de san Carlos de 1958, la Caja de Ahorros donó a esta parroquia la suma de 5.000 pesetas para la construcción de las andas del santo.

Altar mayor de la iglesia de San Carlos.  

Cuatro columnas con capiteles jónicos sirven de soportes al frontispicio o remate artístico. En el centro hay un lienzo retablo, con la imagen de san Carlos ascendiendo a la Gloria rodeado de ángeles, uno de los cuales lleva el báculo. Fue pintado en 1941 por el artista de Albaida José Segrelles Albert. Cuando en el verano es descendido procesionalmente el Santísimo Cristo desde la ermita de Santa Ana, en las fiestas de Moros y Cristianos a la parroquia de San Carlos, es colocado, apartando el retablo, en la hornacina que existe detrás.

El día 1 de enero de 1852 se instauró en esta parroquia la Congregación de la Vela al Santísimo Sacramento. 

Una nave y cinco capillas laterales a ambos lados, con arcos de medio punto que hacen de contrafuertes, componen el interior del templo de San Carlos. Sobre los arcos existen otros tantas tribunas, y cada una tiene la forma de dos arcos en cuya unión no descansa la pilastra. Se comprenden estas pequeñas divisiones, pues la iglesia de San Carlos es una construcción efectuada por la Compañía de Jesús, que al no ser su norma la oración comunitaria, si no que la realizan sus miembros individualmente, estos espacios buscan la particularidad de la oración en cada miembro.  En la segunda Congregación General de esta Orden se estableció algo más definitivo y concreto,  ya que para los edificios e iglesias se acordaron perfectamente con el “modo nostro”  o escuela jesuítica característico de la Compañía. Era ineludiblemente preciso que se remitiera al Padre General de Roma todas las trazas y diseños de los que en adelante se iban a construir, sin cuya aprobación no podía empezarse a edificar.

La comunidad de los Jesuitas mantuvieron un colegio en un edificio adjunto, llamado “San Ignacio de Loyola”. 

La noche del 13 de junio de 1871 se produjo una gran tempestad con mucho aparato eléctrico; un rayo cayó en San Carlos prendiendo fuego en la bóveda del Altar Mayor.

Arcos de capillas y tribunas de medio punto y las capillitas se cubrieron mediante capillitas elípticas y linternas.

Este templo fue sometido a trabajos de restauración desde febrero a julio del 2001.  

Con posterioridad a la primitiva imagen de san Carlos, donada a primeros de la década de 1940 por cuatro entidades bancarias, existentes entonces en la población, que no reunía las debidas condiciones artísticas, se decidió encargar la presente, para sustituir la vieja. Actualmente preside el altar Mayor, hasta que en verano el Cristo de la Agonía es trasladado procesionalmente desde la Ermita de Santa Ana, en nuestras tradicionales fiestas de Moros y Cristianos.  

La conmovedora Imagen del Cristo de la Agonía, Patrón de las Fiestas de Moros y Cristianos de Ontinyent, obra realizada en 1939 por Inocencio Cuesta, en su camarín de la Parroquia de San Carlos.

Desde el siglo XVI se venera la imagen del Cristo de la Agonía, pues la tradición cuenta su intervención sobrenatural cuando la gran epidemia de peste azotó la villa en 1537, y desde entonces  se le tiene mucha devoción, atribuyéndole múltiples intervenciones  milagrosas.

Durante las fiestas patronales, en la tarde calurosa de agosto, precedido de un largo disparo de arcabucería, simulando una incruenta batalla entre moros y cristianos, es traído el Cristo en procesión desde la ermita de Santa Ana, permaneciendo en este templo durante quince días, siendo luego devuelta la imagen a la ermita de Santa Ana, donde permanece el resto del año.

                                                                       Relicario situado en la parte izquierda del

presbiterio de san Carlos. Perteneció a la vieja y noble familia Osca. Concretamente a Inés Osca Conca. Durante la Guerra Civil lo trasladaron al Vaticano, para evitar su desaparición; posteriormente, y después de múltiples gestiones, se pudo recuperar gracias a las buenas gestiones realizadas por el franciscano, hijo de Ontinyent, P. Rafael Sanz. El nieto de la donante, José Maestre Salto, me lo hizo saber cuando estaba preparando mi libro “Oratorios y ermitas de Ontinyent.”, en ocasión de mostrarme el oratorio particular, hoy desaparecido, de su finca llamada casa “Borrás de Dalt”. Esta donación a la parroquia de San Carlos se realizó siendo párroco Vicente Cremades

En esta parroquia de San Carlos existe un acta notarial en la que se acredita que en este relicario se encuentran trescientas.   sesenta y cinco reliquias de santos y santas.

 

En el mismo  presbiterio de san Carlos y en la parte derecha existe otro relicario en cuyo frontis figuran las imágenes de la Santísima Trinidad. Fue donado por la familia Calatayud, descendiente de los Barones  de Agres y Sellés, cuyo domicilio, hasta los años 60, estaba situado pared con pared con esta iglesia.

La costumbre de guardar reliquias de mártires y santos en relicarios proviene de los primeros siglos del cristianismo; se han conservado siempre en catedrales, iglesias, monasterios y hasta incluso en algunas familias distinguidas, como los que aquí se exponen, donados a la parroquia de San Carlos.

En las paredes del presbiterio hay dos pinturas al temple con escenas de la vida de san Carlos Borromeo. En la presente fotografía aparece atendiendo a los pobres y desvalidos, pues se distinguió en el cuidado heroico de los enfermos durante la peste de 1575. Por esta razón se le representa preferentemente así en este periodo de su ministerio.

A los pies, dentro de un medallón existe una leyenda en latín cuya traducción es la siguiente: “La Compañía de Jesús me edificó MDCCII” (1702)”.

En la pared opuesta, otra pintura al temple coge el momento en que san Carlos, postrado en el suelo antes de morir, desposeído de todo bien terrenal,  recibe el Santo Viático. San Carlos, después de cuarenta y seis años en el santuario del monte Varallo (cerca de Novara), se hizo trasladar exhausto a Milán, donde murió. 

El medallón que aparece a los pies de la pintura, con inscripción latina, que traducida al español, dice: “Paulus García Abella, Arzobispo de Valencia, se constituyó en Abadía año MDCCCII (1802)”. Con anterioridad había sido la iglesia de San Miguel, que a partir de entonces dejó de serlo.

 Preside el altar mayor este Cristo Crucificado, extraordinaria obra de arte realizada sobre marfil, donada a la parroquia por un devoto anónimo. A los pies de la Cruz, y sobre una peana, un medallón nos muestra la imagen de santa María Magdalena, a quien primero se le apareció Jesús después de resucitado. Tras la Ascensión del Señor, vivió unos treinta años, retirada, haciendo penitencia.     

María Magdalena ocupa un lugar privilegiado en el grupo de las mujeres, que junto a los doce apóstoles, siguieron a Jesús en Galilea y Jerusalén por las ciudades y aldeas.

Frontispicio o remate del Altar Mayor. El la parte más alta, dos figuras de ángeles sujetando un escudo, flanqueados por dos jarrones. Bajo los mismos, dos ángeles sentados en la repisa llevando el pan y el vino, el de la izquierda, y la mitra de obispo, el de la derecha. En el rectángulo del centro, en relieve, una imagen del santo titular, san Carlos,  arrodillado sosteniendo los Evangelios frente a un crucifijo.   

En las paredes de la sacristía de san Carlos cuelgan varios lienzos, como el que nos muestra la imagen del “SALVATOR MUNDI”, representación de Jesús derivada del Pantocrátor bizantino. Al contemplarlo nos hallamos cara a cara con el personaje. Describiríamos el lienzo con la imagen  de Jesús sosteniendo en las manos un cáliz y una oblea. Se dice que esta obra es de la escuela de Juan de Juanes. Terminada la guerra Civil, fue donada, siendo Cura de San Carlos Vicente López, a la parroquia de San Carlos por la familia Calatayud, de ascendencia noble.

A parte de ser una imagen muy apropiada para la piedad individual, El Salvador era la representación que se empleaba normalmente en el altar mayor de las iglesias barrocas, para cubrir el Santísimo, cuando no estaba expuesto. 

Un óleo con la figura de san Carlos cuelga en las paredes de la sacristía. Se encuentra con los brazos  entrecruzados sobre el pecho, actitud que denota estar en oración ante un Crucifijo,  vestido con la peculiar dignidad de cardenal, pues llegó a serlo  del título de santa Práxedes, creado por Pío IV. Los pintores de la época  lo representaban distinguiendo sus facciones  de nariz larga y afilada.  . 

Una vieja estampa de san Antonio de Padua, religioso franciscano nacido en Portugal, famoso taumaturgo y predicador.

Sobre el dintel de la puerta de entrada a la capilla de San Carlos existe una inscripción que nos recuerda que se consagró solemnemente la Parroquia de San Carlos al Divino Corazón de Jesús el 20 noviembre de 1832.

En 1884 empezó a construirse la proyectada capilla, de estilo bizantino, obra del arquitecto Manuel Piñón. Fue muy costosa la obra debido a que hubo que consolidarse con piedra de sillería desde el fondo del cauce del río Clariano con un muro de 19 metros de alto por cuatro de espesor, el cual se redujo de forma progresiva. Sus dimensiones son: 17 metros de longitud por 6’80 metros de anchura

El 31 de marzo de 1889 tuvo lugar su bendición, con asistencia del Ayuntamiento en pleno.

 

La parroquia de San Carlos tiene una bonita capilla de la Comunión de estilo neobizantino, mezclado con motivos neogóticos. En la hornacina central hay una imagen del Sagrado Corazón de Jesús y, flanqueando a ésta se, hallan:  a su derecha  una imagen de santa Rita y, a su izquierda, otra de  san Agustín.

El día 1 de enero de 1852 se instauró en esta parroquia la Congregación de la Vela al Santísimo Sacramento.

 Destruida su ornamentación  durante la Guerra Civil, fue restaurada y bendecida el día 6 de enero de 1945 a las 10:15 horas. Su decoración es obra del artista local Carlos Tormo Martínez “Carlets”, copia de la original decoración  del arquitecto Joaquín María Arnau Miramón (1849-1906). El sagrario fue bendecido el 6 de enero de 194l.

Con independencia de cuanto se observa en la presente fotografía, en las paredes laterales que conforman esta capilla, existen ocho hornacinas, cuatro a cada lado, con ocho imágenes que fueron realizadas en escayola, por el marmolista Francisco Bolinches y Bolinches, dos de las cuales fueron decoradas también por el artista local Carlos Tormo Martínez, y las seis restantes se hallan sin decorar.    

En la parte del Evangelio de la capilla de la comunión, se halla una imagen que representa una de las tres virtudes teologales, “La Esperanza”. Estas virtudes fueron infundidas directamente por Dios en el alma humana. Mediante la esperanza, el hombre se dirige con plena confianza a Dios, del que espera obtener el premio eterno y los medios espirituales para poderlo merecer con su conducta personal en la tierra.

Sobre la hornacina existe una vidriera en forma circular que contiene dibujada una estrella de seis puntas, que es conocida como la estrella de David.

Estas dos imágenes fueron decoradas por el artista local Carlos Tormo Martínez (Carlets).

En la primera hornacina de la capilla, a mano derecha, existe una imagen que representativa de “La Fe”, que suele ocupar un lugar destacado en el conjunto de virtudes. La figura aparece con la vista cubierta por un manto y sujetando entre las manos un cáliz - su atributo eucarístico -, simbolizando la entrega total a la palabra de Dios, en esa confianza plena que el hombre tiene puesta en la verdad y fidelidad en Él. Para el cristiano, la fe es don de Dios porque uno se adhiere a la persona de Jesús y su Evangelio.

Imagen del ángel no canónico Uriel,

conocido por vía de la tradición, que no aparece nombrado en la Biblia. Se le ha  considerado como preceptor de Esdras, así como el espíritu que había hablado a Moisés desde la “zarza” ardiente, en lo  cual se confundiría con “Barachiel”, a quien también se había asignado este papel. Uriel suele ser representado con ropajes rojos.

Su nombre significa “Fuego de Dios” y en la tradición judía, Uriel es el encargado de ejecutar las acciones dictadas por la cólera divina. 

 

Arcángel san Rafael, “Medicina de Dios”. Su vestido es una simple túnica fruncida y ceñida a la cintura por un cordón, y cubierto con capa eclesiástica, con veneras, bastón de peregrino, cantimplora y un bordón. Lleva un bastón  de peregrino, cogido con la mano izquierda sujeta el pez, que recuerda la captura del pez milagroso por Tobías. Cura los ojos enfermos de Tobías. (Tb 11. 7-14).

La devoción dedicada a Rafael fue promovida en el siglo XVI al instituir el culto del ángel custodio el obispo de Rodez, Francisco Estaing, en 1526. Es patrón de los boticarios y los médicos. Rafael protege también a los viajeros.

Arcángel “Sealtiel”, cuyo nombre ha

sido transmitido por vía de tradición, pues no se le nombra en los textos bíblicos. Se ha dicho que fue el espíritu que detuvo a “Abraham” en el momento en que éste iba a sacrificar a su hijo (Gén. 22, 11-12). Aquí lo vemos cubierto con túnica pesada y manto sobre sus hombros; lleva un incensario en su mano derecha, que es su símbolo. Se le representa con túnica azul. 

 

Podría tratarse de una reinterpretación del artista sobre el Arcángel Rafael, el “Ángel de la Guarda”. Actúa como compañero, consejero, defensor y guía, funciones que la tradición cristiana asigna a los seres angélicos en general. Quizás el escudo con el emblema heráldico de Ontinyent quiere representar la “guarda o protección” de este ángel de la ciudad que camina a su lado, apartándola de los peligro y de su muerte. 

Arcángel san Gabriel, “Fortaleza de Dios” (Lc 1, 11-20, 26-38). “Mensajero enviado a la Virgen”. De ahí la azucena o lirio y la mano diestra en posición de hablar para anunciar las divinas revelaciones. El culto a los tres ángeles, Miguel, Gabriel y Rafael, fue aprobado en el año 745 en el concilio de Letrán, presidido por el papa Zacarías, para defenderlo de los ángeles apócrifos, que llevan nombres venerados en Oriente. Viste túnica larga ceñida.

 

Arcángel san Miguel, victorioso contra el dragón, blandiendo la lanza .El artista lo viste de “milites romano” (con indumentaria militar). “¡Quien como Dios!” (Ap 12, 7-9). Venció y expulsó a Satanás del cielo.

Sobre la hornacina existe una vidriera en forma circular en la que aparece la figura de la estrella de David.

Iglesia de la Concepción

Antigua ermita “Nostra Senyora de la Pau”

Al producirse el ensanche de la población en el siglo XIX, lo que en un tiempo fue la Ermita de la Concepción, anteriormente llamada “Ermita de Nostra Senyora de la Pau”    aislada del casco urbano, quedó dentro del perímetro de la ciudad de Ontinyent, concretamente en la zona conocida como el Poble Nou, que es lo que nos muestra la imagen.  

Con ocasión de la reforma de la imagen de la Purísima, patrona de Ontinyent, efectuada en Valencia en 1604, quisieron los hijos de esta villa preparar una fiesta para este extraordinario evento acontecido en 1606.

A tal objeto, los habitantes de Ontinyent, encabezados por Mossen Joseph Sisternes, solicitaron  autorización al Obispo de Valencia, que entonces era el Patriarca san Juan de Ribera, para la edificación de una ermita, cuya autorización fue concedida el 23 de enero de 1664 con el fin de darle un gran recibimiento en la misma.

Este templo ha estado siempre bajo la jurisdicción de la parroquia de Santa María.

La entrada de esta iglesia es de estilo renacentista, con frontón partido. En el centro, presidiendo la puerta se halla un bajorrelieve con la imagen del Padre Eterno sosteniendo el globo terráqueo y protegiendo la imagen de la Purísima, patrona de Ontinyent, junto con alegorías marianas. De esta forma, María, todas las gracias las atribuye a la Divina Trinidad, y por eso dijo: “Hizo en mí grandes cosas el que es Todopoderoso”.

El interior de la iglesia es de una sola nave, con bóveda de medio cañón  y capillitas laterales cuyos pilares hacen de contrafuertes; el retablo del presbiterio es muy sencillo y está presidido por una imagen de la Inmaculada, flanqueada a ambos lados por dos figuras de ángeles, originales de Virgilio Sanchis, que anteriormente estuvieron en el convento de la Carmelitas.

Por iniciativa de un grupo de ontinyentins se vino a construir en los últimos años del siglo XIX un edificio unido a esta iglesia para fundar un colegio de religiosas. El instituto de las Religiosas de la Pureza de María ocupó este edificio y templo desde el 2 de enero de 1902 en que iniciaron el colegio, que tuvo como patrón a san Ignacio hasta 1952,  trasladándose al antiguo Balneario La Salud, situado en la partida de Las Aguas de esta población, por haber adquirido este gran complejo, donde existen unas magnificas instalaciones escolares.

También esta iglesia fue provisionalmente templo parroquial de San José, desde su fundación el 29 diciembre de 1953, cuando el Arzobispo de Valencia, Marcelino Olaechea Loizaga, firmó el Decreto de su creación, hasta tanto no terminaran las obras del nuevo templo,  ubicado en la calle José Simó e inaugurado el 19 de marzo de 1963.

Al estar ubicada esta iglesia en un barrio que hasta fechas muy recientes  ha sido eminentemente agrícola, los vecinos han tenido mucha devoción por san Antonio Abad, abogado de los animales, indispensables en las labores agrícolas. Por ello todos los años, a mitad de enero, celebran unas fiestas dedicadas al santo abad.

Entrando en la iglesia de la Concepción, a mano derecha, se puede ver este escudo adornado con lambrequines vegetales que corresponden a la heráldica de mosén Joseph Sisternes, natural de Xátiva y beneficiado de Santa maría de Ontinyent. Fue el artífice de la construcción en 1606 de esta iglesia, entonces ermita, para recibir a la Purísima, una vez realizada una importante reforma en Valencia.

IGLESIA DE SAN DIEGO Y SAN FRANCISCO

Antiguo Convento Franciscano

Antiguo convento franciscano. La inscripción de esta piedra colocada en la iglesia nos recuerda que empezó a construirse el 24 de julio de 1601. Es conocida como de San Francisco y está dedicada a san Diego de Alcalá. Perteneció a los Franciscanos Observantes hasta la exclaustración de Mendizábal en 1835. Con anterioridad tuvieron el convento en lo que hoy es paseo de San Antonio o Glorieta. Se presentaron en Ontinyent en1563 y solicitaron de las autoridades la cesión de una pequeña capilla existente en el lugar que hoy ocupa la iglesia del monasterio de las Carmelitas, pero las autoridades decidieron denegar dicha solicitud en sesión del 6 de abril de 1563. Diez años después, en 1573, ante una nueva solicitud de fundar un convento, fueron autorizados a ocupar la ermita de san Antonio.

Producida la exclaustración el 26 de octubre el año 1835, se utilizó este convento para el alojamiento de la Compañía de Seguridad Pública que se encontraba establecida en la Villa. Entre los días 22 y 23 de noviembre de 1837 fueron descolgadas y llevadas a Valencia las campanas de las torres del convento de san Juan y san Vicente (Dominicos, ya desaparecido)  y san Diego y san Francisco.

El sábado 22 de octubre de 1887, a la llegada de la nueva comunidad de franciscanos, se detuvieron para orar breves momentos en esta iglesia.

La presente fotografía, tomada desde el ángulo que forma la calle Exea con la de Gomis, se divisa la iglesia de planta rectangular San Diego y San Francisco. En ella se destaca, aunque de poco valor, el  campanario apilastrado a cuatro aguas, donde están situadas las campanas.
La iglesia de San Diego y San Francisco está situada en una plazoleta formada en la calle Gomis y su fachada está realizada al estilo renacentista, con acceso a la iglesia mediante unos peldaños, siendo su puerta adintelada, con frontón partido donde aparecen en el centro la insignias de la Tercera Orden Franciscana.

La bóveda es de medio cañón con arcos fajones de medio punto decoradas con pinturas que representan escenas de la vida de san Francisco.

Recuerdo, terminada la Guerra Civil, siendo yo un pequeño de ocho años, el lamentable aspecto que ofrecía este templo: habían aniquilado toda manifestación religiosa, estaban picadas las paredes por haber arrancado los altares laterales y parte de ellas embadurnadas de pintura, puesto que en el edificio se instaló el Sindicato Único de Pintura. En honor a la verdad, sólo se salvó la decoración del techo. Aquí, un poco adecentado el edificio, recibimos los niños de la parroquia de San Carlos los primeros conocimientos de catecismo, para la primera Comunión. Mi pensamiento de entonces al ver aquel desastre era de verdadera lástima por haber destruido  los hombres aquel lugar y creía  que nunca se restablecería totalmente el templo. Pasados los años, debido al tesón y religiosidad del pueblo, bajo la dirección de los PP Franciscanos, que lo atienden espiritualmente, quedaría restaurada totalmente esta iglesia. Da gusto contemplarla, porque de relativo valor artístico, se ha convertido en un  agradable conjunto. La última y muy acertada restauración de este templo se realizó en 1997, bajo la dirección del P. José Mitsuf.

El templo contiene capillas laterales con pasadizos que se comunican entre sí, algunas de ellas albergan en sus muros laterales varios lienzos.  Estas capillas, dedicadas a la Virgen y santos devocionales, se utilizan para colocación discreta de confesionarios.

El altar mayor está contornado por un cuerpo saliente sustentado por ocho columnas cuadradas con sus capiteles y cornisas tipo renacentista, formando un volumen que adorna el fondo del baldaquino del altar mayor dándole su prestancia al mismo.

Dos columnas dóricas sirven de soporte al frontispicio con las insignias franciscanas como remate artístico y dos jarrones a ambos lados. La imagen de María Inmaculada sostenida por una peana preside el altar mayor. Sobre la misma aparece el conjunto escultórico con el Cristo Crucificado abrazando a san Francisco, imaginación artística de Murillo.

 

El jesuita ontinyentí Antonio Conca (1746-1820) dice en su “Discrizione oderica de Spagna” que el pintor y arquitecto Padre Antonio Villanueva dejó  treinta y seis pinturas de la vida de san Francisco de Asís. En esta iglesia, siete de ellas de gran tamaño, son las que han perdurado en la bóveda, y, aunque no son de gran valor artístico, tienen un valor testimonial.

San Francisco intentó misionar en Marruecos, Egipto y Palestina  en 1212, donde logró que le escucharan los musulmanes.
(Los moros habían martirizado a cinco religiosos en Marruecos).

En 1219 apenas puede templar el deseo de sus hermanos que quieren entregarse a los estudios y poseer grandes conventos.

 

Después de renunciar a la espléndida herencia paterna y vivir miserablemente, poco a poco van uniéndose a Francisco algunos discípulos a los que Francisco denominara hermanos menores.

En 1212, Clara de Asís funda, con Francisco, la orden de las Damas Pobres para mujeres.

 

De todos los santos, Francisco de Asis es aquel cuya vida en obras de arte, imágenes, estudios y comentarios de todas clases se han realizado a través de los tiempos. Es también primero, después de Jesús, al que la iglesia  ha considerado como el perfecto cristiano.

Entre los arcos fajones que cubren el tramo de bóveda el altar mayor, se halla esta alegoría que nos muestra la llegada de Francisco a la Vida Eterna; aparece arrodillado entre nubes y llevado por ángeles. Ante él, entre esas nubes y ángeles, una visión de las tres personas de la Santísima Trinidad y la Virgen María.
Esta alegoría nos muestra a san Francisco elevado a los cielos por un grupo de ángeles. En la otra parte del presbiterio vemos una representación de santa Clara en el momento de ser admitida en la orden femenina de san Francisco, en las Damas Pobres. Dando prueba de  pobreza, humildad y obediencia, acepta que se le corte la gran cabellera que poseía.
La obra escultórica del Jesús Nazareno data de 1942 y es obra de José María Ponsoda. Otra imagen desaparecida en la Guerra Civil, atribuida al escultor Ramón Capuz, hijo de esta población. 

Dentro de una hornacina se halla una imagen del Sagrado Corazón de Jesús, y, sobre el altar, la imagen de la Virgen de Lourdes dentro de una imitación de gruta. Delante del altar, un lampadario y, adornando las paredes, cuelgan otras imágenes.

 

Altar lateral dedicado a la  Virgen. Enmarcan el conjunto dos columnas dóricas con un frontispicio barroco. En todas las iglesias españolas se le tiene una devoción especial, por eso encontramos en lugar preferente imágenes dedicadas a la madre de Cristo. 

En la hornacina se halla una imagen de la Inmaculada con el  niño en brazos y, pisando con los pies, la serpiente. Tiene una corona de doce estrella y en las paredes hay dibujados angelitos, que son atributos de la Inmaculada. Sobre la mesa del altar, una pintura de la Virgen del Perpétuo Socorro y, delante del Crucifijo, una imagen de  la Virgen de Fátima.

Delante del altar, un lampadario votivo.

El altar dedicado al santo valenciano por excelencia, san Vicente Ferrer.

Enmarcadas sobre el altar, se hallan las antiguas tablas o cuadros, llamadas sacras,  colocados con los textos de las partes invariables del “Ordo Misae”, que servían en las misas de ayuda al celebrante para no mover el misal.

 

Pequeño altar con hornacina, con semicolumnas acanaladas con remate dórico sosteniendo un frontispicio con dos jarrones y un medallón. Está dedicado a santa Isabel de Hungría, Duquesa de Turingia. Casada a los catorce años, a los veinte enviuda, al morir su marido en las Cruzadas. Ingresa en la Tercera Orden Franciscana, distinguiéndose por su caridad al prójimo.

Sobre el altar aparecen varias sacras.    

 

Altar dedicado a san José. Cuando se realizó la toma de esta fotografía, a los pies de la imagen  de san José, una oración decía lo siguiente:

Dios te salve José, lleno de gracia del Espíritu Santo, el Señor es contigo, bendito eres entre las mujeres. Porque Jesús, fruto bendito del vientre virginal de Nuestra Señora la Virgen María fue tenido por tu hijo. Ruega por nosotros Virgen y Padre de Cristo, para que el que en esta vida quiso ser súbdito por tus merecimientos nos sea propicio ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén

Dentro de una hornacina encontramos una pequeña imagen . En el altar, a ambos lados, se encuentran situadas dos sacras y, delante del mismo, un lampadario votivo.

Dentro de una hornacina se encuentra  una imagen de san Antonio Abad. Sobre la mesa del altar se halla el sagrario o tabernáculo.

Este santo es muy querido en la barriada. Antiguamente, en su festividad, que coincide con el mes de enero, se celebraba por las calles de esta contornada una fiesta que consistía en la tradicional hoguera en honor del santo, procesión, bendición de los animales y, por último, acompañados por la banda de música, se llevaba el estandarte a la casa del “llumener major” del venidero año.

 

Antonio de Padua, hijo de una familia noble, nació en Lisboa en 1195. Inicialmente se llamaba Fernando. Sus primeros estudios los realiza en Coimbra donde llegó a ser  canónigo. Después de un fracasado viaje misionero a Marruecos, se unió a san Francisco y sus compañeros. Después de vivir un año en una gruta, se convierte en hermano menor y se dedica a la enseñanza en Bolonia.

Pasó los últimos diez años de su vida predicando por Italia, Francia y España, atrayendo a un gran gentío. 

 

Altar dedicado a santa Rita de Casia. Sus principales atributos son el Crucifijo y las rosas. Por este motivo, este altar se halla casi siempre adornado de ellas.

Santa Rita nació en la Umbría, Italia, el año 1362 y murió en 1434. En su vida de esposa soportó  pacientemente los malos tratos de su marido. Al enviudar entró en un convento de Agustinas. Su  vida fue triplemente ejemplar tanto de doncella, esposa o religiosa.

Desde el siglo XVII, la devoción popular la tiene como abogada de lo imposible. 

Entre dos columnas dóricas se encuentra una hornacina que contiene el altar dedicado a san Tarsicio.

Cuenta la historia que el joven Tarsicio (de unos dieciocho años) murió a mitad del siglo III a golpes y pedradas porque no quiso entregar a los paganos la Eucaristía que llevaba escondida en su pecho, con destino a los encarcelados.  

 

A santa Teresa de Jesús se le conoce también como Teresa de Ávila, pues en esta población nació en 1515. Entró a los dieciocho años en el monasterio carmelita de la Encarnación de Ávila. Su vida está llena de éxtasis y visiones Es la gran mística, aunque también se la reconoce por su elevado pensamiento y gran actividad. Llevó a cabo la reforma de la orden de carmelitas descalzas a la que perteneció.

Murió en 1582 y fué canonizada en 1622, en 1970, el papa Pablo VI la proclamó Doctora de la Iglesia.

Teresa de Jesús es copatrona de España. (Santiago el Mayor es el patrón desde la Edad Media). 

 

Una imagen de Juan el Bautista que se halla igualmente sostenido por una ménsula.

Juan el Bautista es considerado por los Evangelistas como el último de los Profetas, en sentido cronológico. Anuncia la venida del Mesías y le precede (Mt 11, 13), por eso se le denomina como predecesor.

Con referencia a la infancia  nada se sabe, pues de él sólo se dispone de cinco líneas en el Evangelio de Lucas (l,80).

Juan bautiza a Jesús y lo reconoce como Mesías cuando el Espíritu Santo desciende sobre él. El Espíritu Santo señala a Jesús como el elegido. “Tu eres mi hijo”, dice la  voz que procede del cielo, .(Lc 3, 21-22 ). 

Sustentados por dos ménsulas, se hallan las imágenes de dos santos doctores de la Iglesia: se trata de san Benito, con libro  (a la izquierda) y San Agustín (a la derecha).

San Benito es patrón de la orden de Benedictinos. Desde 1964 es también patrono de Europa.

San Agustín se halla con atavío episcopal.

En el pilar existente en el presbiterio, en la parte de la Epístola, se halla el siguiente epitafio.

“AQUÍ YACE Da JOAQUINA OSCA Y ALVARO, QUE MOVIDA POR SU GRAN PIEDAD Y EXTRAORDINARIA DEVOCIÓN AL SERAFICO PATRIARCA SAN FRANCISCO DE ASIS, ADQUIRIÓ ESTA IGLESIA ESTANDO DERRUÍDA Y LA REEDIFICÓ: HABIENDO CONSEGUIDO REAL GRACIA PARA SER ENTERRADA DENTRO DE LA MISMA. MURIÓ EL DÍA 17 DE FEBRERO DE 1862. R. I. P.”

Escritura de compraventa de San Francisco otorgada por Manuel Asencio Calabuig y la piadosa dama Joaquina Osca Álvaro en 14 abril de 1845, ante el notario de esta villa José Tomás Belda: ”Un sitio o iglesia derruida del suprimido convento que lo era de San Francisco de Observantes con la plazuela que hay frente a ella”

CASA PALACIO LA ERETA

 

El desaparecido museo a través

de la fotografía como fuente de memoria

Durante su permanencia  en Madrid, en el siglo XIX, del pintor de Ontinyent Vicente Tortosa Calabuig y a pesar de las circunstancias económicas y sociales que concurrían entonces, consiguió un renombrado prestigio como pintor y pudo reunir una magnífica colección de arte, que más tarde trasladó a Ontinyent, donde se hizo construir una gran casa señorial para  exhibir su colección particular, que, a decir de los entendidos de la época, alcanzaba la tercera de España en cuanto a categoría. Cabe recordar que durante el siglo XIX se produjo la desamortización de Mendizábal y parte del patrimonio religioso de los conventos fue vendido en  pública subasta, adquiriendo los fondos las personas adineradas de aquella  época que, por cierto, eran pocas.

En los años sesenta, ya en el siglo XX, al expandirse grandemente la industria y la demografía de Ontinyent, se produce la especulación del suelo que llegó a ocupar solares de propiedades cercanas al pueblo, entre otros importantes lugares ubicados en el casco urbano, como los chalets de Ricardo Martínez Llobet conocido por “de Les Boles” y los de Fité  y Devís, ambos en el entorno a la plaza de la Concepción.

Suponemos que ante la imposibilidad de poder indemnizar cualquiera de los hermanos Tortosa Maestre a los otros herederos, propietarios de la de la mansión  conocida por la Ereta, dado su valor, y el gran perímetro que ocupaba, la citada casa señorial de “La Ereta”, se tuvo que parcelar y repartir equitativamente entre los propietarios  y con ello, tras la demolición de la finca y hechas las particiones, desaparecen la casa y los bienes.

Dentro del más natural y legítimo proceder de los propietarios, no deja de ser esta desaparición  una pérdida, por la que nuestro pueblo ha quedado privado de la colección de arte que en ella se albergaba.

Este modesto estudio solamente tiene la pretensión de dejar constancia gráfica de  esta pérdida, avalada por los datos obtenidos en libros, periódicos y revistas, según se detalla en la nota bibliográfica, copiando a continuación lo reseñado por Carlos Sarthou Carreres en su Geografía del Reino de Valencia, de 1918, que dice: “Con la modesta denominación de ”colección arqueológica”, existe en Onteniente un verdadero museo de arte retrospectivo, instalado en la quinta que don Luis Tortosa Calatayud posee en les Eretes (afueras de la ciudad) junto á la carretera de Villena. La heredó de su tío Vicente Tortosa Calabuig, notable pintor que floreció en Madrid de 1850 á 1865 y vino á morir á su patria chica. Ya en 1914, en una de las tertulias literarias celebradas en casa del cronista provincial señor Martínez Aloy, dio á  conocer el señor Tortosa parte de las preciosidades  que posee; entre otras, un tríptico de marfil de gran tamaño; dos primorosas placas esmaltada; una sacra de plata repujada, que llamó poderosamente la atención en la Exposición Eucarística y ha siso reproducida por modernos orfebres; grabados de Alberto Durero; un Vígnola con autógrafos y dibujos de José Churriguera; una baraja fabricada en Valencia en 1640; pinturas sobre mármol;  armas antiguas;, entre las que descuella una espada romana;, una llave del siglo XVIII sobredorada, muy artística; ropas, cortinajes, blondas y tejidos del siglo XVIII; cerámica primitiva y romana, etc., etc. Mas, no satisfechos nosotros con esta parcial noticia y contando con la amabilidad del arqueólogo quisimos visitar el museo en Onteniente, tomando al propio tiempo que lijeras notas algunas fotografías para los lectores de esta Geografía. En amplios salones de la plata baja y piso principal, antesala y escalera, vimos expuestos más de 200 cuadros, retablos del siglo XV, tablas y lienzos, así como antiguos grabados, siendo éstos, como muchas pinturas, de indiscutible mérito artístico. Hay siete bargueños con chapas de marfil y de concha, y embutidos de madera; muebles y objetos antiguos; relieves en marfil, nácar, pasta y mármol, y platas repujadas (en vitrinas); dos tablas-puertas, pintadas por ambos lados, representando á san Francisco de Asís y san Vicente Ferrer la una, y á san Juan en el desierto y san Luis de Francia en la otra (figuras representadas á tamaño natural con pequeña reducción); tabla de San Bernardino de Sena, pintada en fondo de oro, gótica y que don Elías Tormo cree es de Jacomart; el citado tríptico marfileño, del que ofrecemos un grabado; un relieve de barro policromado, guardado en armario dorado; un óleo de la Magdalena, divinamente encarnado con gran valentía de color y cuya firma se ignora; tablas del Padre Borrás; un Niño Jesús de Esteve (pequeña escultura vestida); colección de numismática romana (monedas de cobre y plata) y otras medalla de la Edad Media, árabes y cristianas; grabados del siglo XVI; algunos bronces (fíbulas romanas) y barros (candilejas de la misma época latina) una muela antigua, de piedra negra; un ídolo íbero; algunos incunables en la nutrida biblioteca, y una infinidad de objetos de arte cuya mera enumeración llenaría varias páginas. En el oratorio vimos una buena tabla gótica de la Virgen; una pila, también gótica, sobre columna de piedra; una silleta plegable de san Luis Beltrán; relicarios; sacra de plata con marco gótico de madera sobredorada etc., etc.”.    

 

Cuidar y conocer las raíces de nuestro patrimonio histórico-artístico es, sin lugar a dudas, una labor admirable. Todos los esfuerzos que se hagan para conservarlo y enriquecerlo merecen los mejores elogios y alabanzas. Los numerosos y grandes disparates cometidos por intereses particulares, la ignorancia, así como la indiferencia, han marcado un rumbo de despojos que, ahora, desgraciadamente lamentamos.

Los que tenemos una perspectiva de edad avanzada recordamos, en imágenes ya un tanto diluidas por el paso del tiempo, aquello que se ha perdido y que ahora quisiéramos mantener para poderlo disfrutar. Sólo nos queda vivir en la nostalgia, casi desvanecida como un vago recuerdo perdido en la lejanía del tiempo, o, gracias a la fotografía, disfrutar de esos instantes fugaces captados en una fracción de segundo que quedan retenidos en esas estampas fotográficas, que pasado el momento, nos emocionan, y nos hacen retroceder hasta situarnos en el momento de su captación.

El solar donde se encontraba la desaparecida casa solariega, que conocimos con el nombre de “La Ereta”, se llamaba en 1852 la “Ereta de Ferri”. La casa mansión fue construida en la primera mitad del siglo XIX por Vicente Tortosa Calabuig, notable pintor que residió en Madrid entre 1850 y 1865 y que vino a terminar sus días en su pueblo. Con posterioridad amplió el edificio para situar el museo y oratorio.

Vista del edificio de La Ereta desde la fachada que recae a la calle del Dos de Mayo, coincidiendo con un desfile en los años cincuenta del siglo XX, con motivo de la Coronación Pontificia de la Purísima.

Se aprecia el edificio, cubierta su entrada por una gran arbolada e imponente verja de hierro fundido. Los balcones del segundo piso, que se aprecian en la imagen, fueron el lugar donde estaba instalado el museo.

Esta fastuosa morada poseía un frondoso jardín con varias torre que semejaban la arquitectura militar medieval.

 En el extremo Este, como mojón final de la propiedad, se encontraba esta torreta con arco califal. Era uno más de los múltiples caprichos en el frondoso  jardín. Al abrir el acceso a la hoy plaza de Vicente Rodríguez, situada en lo que fuera el parque de esta casa señorial, fue el  último vestigio que desapareció víctima de la piqueta. 

 

En el centro del parque jardín se  hallaba una torre circular que quería reproducir en bulto el escudo de Ontinyent, con dos leones en los extremos de la torre que en su día despedían agua por sus bocas.

Al examinar fotografías antiguas, realizadas medio siglo atrás, podemos captar la belleza y el encanto que quizás no percibíamos entonces.

 

En el zaguán existía una interesante colección de“taulellets de Manises”  del siglo XVIII con motivos de paisajes y figuras de vivos colores consideradas “primorosas” y, desde allí, arrancaba esta escalera de dos rampas, estilo imperial, con barandillas de hierro fundido por la que se ascendía hasta el museo. Otro aspecto de la escalera al museo donde se aprecian los peldaños de mármol y la barandilla de hierro fundido con adornos de bronce. Se pueden apreciar cuadros colgados en las paredes.
 

Conforme se iba ascendiendo por la cómoda escalera de mármol, en la que se apreciaban diferentes cuadros colgados en las paredes, empezaba a recrearse la vista contemplando, entre otros, el artístico marco que recuadra la Virgen con el niño en brazos, conocida como la Divina Pastora.

En una ventana se hallaba un detalle decorativo barroco compuesto por unos ángeles y rematado por una artística reja. Al final de la escalera y bajo un luneto, antes de acceder al salón museo, se encontraba esta pintura de estilo barroco, que pertenecía al siglo XVII, época de la gran mística, que representa a santo Tomás de Aquino en oración. Su  madre era de estirpe germánica  y su padre, un conde de Italia. Nació en el castillo de Roccasecca (Aquino) en 1226. Fue postulante en la abadía de Montecassino. Al trasladarse para cursar estudios a Nápoles, entró en la Orden de los hermanos predicadores (1244), para realizar el carisma de santo Domingo. Fue autor de la “Summa Theologica”, una de las obras más determinantes sobre el pensamiento oficial de la Iglesia católica; por ello fue proclamado Doctor de ésta. Sus principales atributos son la paloma del Espíritu Santo, posada en forma de inspiración del contenido de sus obras.

El amplio salón que ocupaba el museo tenía el suelo cubierto de parqué de madera, al igual que las paredes y el techo, lo que contribuía a que el silencio y la sonoridad fueran perfectas. Sobre la puerta de entrada, un medallón y un conjunto parcial del museo, donde se podían admirar, entre otros objetos, dos de los siete bargueños que albergaba. Según Carles Sarthou Carreres, en la Geografía del Reino de Valencia de 1914, en una tertulia literaria celebrada en casa del cronista provincial señor Aloy, Luis Tortosa Calatayud, heredero del antiguo propietario, dio a conocer parte de las preciosidades que componía el museo, algunas de la cuales aparecen fotografiadas en este reportaje.

Durante la contienda civil 1936/39 fue trasladado todo el fondo museístico de la Ereta a Xàtiva. Terminada la Guerra Civil fue devuelto el museo a los dueños, los señores Tortosa  de Ontinyent. Uno de los atractivos turísticos para los visitantes distinguidos llegados a Ontinyent consistía en la visita a este museo. En el Archivo Municipal de Ontinyent se conserva un documento en el que se señala el recorrido a seguir durante la visita que realizó en 1940 el Gobernador Civil de la provincia de Valencia, Francisco J. Planas de Tovar, en el que el 11 itinerario era el siguiente:

“11 Museo de Pintura de la Ereta donde se puede admirar una interesante colección de obras pictoricas entre ellas los doce Apóstoles de Rubens (o perfecta copia de los mismos), un S. José de Calasanz, auténtico Goya, una tabla de Alberto Durero, etc., y un magnífico tríptico de marfil, entre otras joyas de arte” .  

A san Pablo se le representa frecuentemente como un evangelista escribiendo sus epístolas. También los artistas hacen uso de la espada como atributo. Pero en la Alta Edad Media se le pintaba con frente algo calva y barba larga.

Pablo, después de Jesús, es la figura más impor- tante de la historia del cristianismo. Conocemos su vida a través de los “Hechos de los Apóstoles” y por sus propios escritos. Nació en Tarso, en Asia Menor, hacia el año 10, de una familia judía de cultura griega, siendo, al igual que su padre, naturalizado romano. Su nombre fue Saulo, que recibió en recuerdo del primer rey de Israel. Tras su conversión, cambia por humildad por el de Pablo. (En latín Pablo significa “pequeño”).   

Otra vista parcial del museo con el balcón que recaía al jardín y que formaba un bello rincón. Ahí se encontraba, sobre un caballete, un cuadro atribuido a la escuela de Goya y sobre la puerta de entrada, a mano izquierda, se hallaba una imagen de la Virgen de la escuela  de Juan de Juanes.

En la segunda década del siglo XX, los miembros de la sociedad valenciana “LO RAT PENAT” recorrían la provincia y, a través de una carta fechada el 17 abril de 1915,  dirigida al director del periódico “LA VOZ DE VALENCIA” , emitían sus juicios sobre las visitas que realizaban. Una de ellas fue al museo de La Ereta. Este es el texto publicado aquél año:

“Lo Rat Penat en Onteniente. Desde el punto de vista artístico una de las cosas más notables de Onteniente es el museo de D. Luis Tortosa, establecido en un rico chalet, que consta de numerosos objetos. Entre sus muchas pinturas sobre lienzo y sobre madera, sobresalen una tabla arcaica de San Bernardino de Sena, que el erudito Elías Tormo atribuye al famoso artista valenciano Jacomart, y otras dos tablas representando a dos apóstoles, que aunque muy repintadas, nos parecen de mucha antigüedad. Avaloran, además, telas, objetos arqueológicos de cerámica, un idolillo ibérico, monedas, fíbulas y una baraja valenciana de 1640”.

Los excursionistas agradecieron al Sr. Tortosa la amabilidad con que puso a su disposición los diferentes salones de aquella morada fastuosamente dedicada al arte y le felicitaron por su probado celo no sólo en conservar lo que su tío Vicente atesoró en ella, sino también por irla enriqueciendo en lo posible. 

 

Nota

Pese a no poder reproducir con calidad fotográfica adecuada los cuadros que les mostramos, debido a encontrarse en mal estado las fotografías originales, se exponen como testimonio de esta magnífica colección pictórica desaparecida.

Imagen de Juan el Bautista. Tiene aspecto de un anacoreta en el desierto, vestido con una túnica de pelo de camello o piel de carnero, tal como lo reproducen los artistas desde finales de la Edad Media. Lleva un bastón en la mano con el estandarte que  dice: “Este es el cordero de Dios”  y aparece señalando y acariciando a un cordero que tiene delante, entre las piernas.

Juan dice de Jesús, que camina delante de Él:

“He aquí al cordero de Dios” (Jn 1, 36).
Ya está el hacha puesta para cortar de raíz los árboles” (Mt 3, 10).

Juan llevaba una vida ascética, anunciando la cercanía de la venida del Mesías.

Bautizó a Jesús y el Espíritu Santo lo señaló con: “Tu eres mi hijo”,
dice la voz procedente del Cielo (Lc 3, 21-22).

Esta es una de las joyas más destacadas del museo. Representa la figura del presbítero san José de Calasanz y se hallaba sobre un caballete en una zona preferencial del mismo. Según los entendidos, debería ser una obra de los principios de la carrera de Goya.

La vida de san José de Calasanz transcurre entre 1556, en que nace en Peralta de Aragón, diócesis de Seo de Urgel, y muere en Roma en 1648. Se doctoró en derecho civil y canónico en la universidad de Alcalá; fue llamado a Roma para cubrir el cargo de teólogo del cardenal Ascanio Coloma. En Roma desplegó el doctorado de educar a los niños pobres y, a tal fin, fundó la congregación de las Escuelas Pías.

 

No podía faltar en el museo una tabla con la figura del valenciano san Vicente Ferrer, dominico predicador en la época más tormentosa de la cristiandad, desgarrada por la cautividad aviñonense y por el cisma de occidente. Nació en Valencia en 1350 y murió en Vannes, Bretaña francesa, el 5 de abril de 1419. La presente imagen nos muestra a san Luis Bertrán. Fue un dominico valenciano nacido en 1526; murió victima de la  tisis en 1581. Misionó en Colombia y México. Su más importante atributo consiste en un crucifijo, cuyo brazo inferior toma forma de mango de pistola. Esto se debe a un hecho portentoso de la vida del santo presentado en su canonización en 1671. Este suceso sobresaliente ocurrió en América, ante la conducta desordenada de un caballero español que, durante un sermón que realizaba el santo, quiso disparar su arma de fuego, la cual se le encasquilló; entonces el santo le arrebató el arma y al punto se la devolvió convertida en un crucifijo.

El anterior retrato de mujer es otra pintura atribuida a Goya que adornaba el museo.

La imagen que aparece a la izquierda corresponde a una estampa de la infancia de Jesús. El representado a mano derecha es san Ambrosio de Milán, Doctor de la Iglesia y maestro de san Agustín. Tuvo el coraje de enfrentarse al emperador Teodosio, obligándole a hacer penitencia por sus rigores en las matanza de  Tesalónica. Se le representa con ornamentos episcopales.

Otro aspecto del museo. Al fondo, detrás de figuras de excelente alabastro y al lado de un vistoso bargueño o secreter, aparece una joya del museo, un cuadro de la Purísima, de la escuela de Juan de Juanes (siglo XVI) y a la izquierda,  en la parte superior, una imagen de san Ramón Nonato. Sobre la puerta de entrada, una pintura de Juan de Juanes

que representa a Jesús con la Forma y el Cáliz.

En este museo se guardaba un apostolado atribuido a Rubens, de los cuales, en este ángulo, aparecen cinco de ellos. El museo poseía, además de arte pictórico, excelentes muebles. Aquí podemos ver, sobre una mesa, un magnífico bargueño o secreter rematado por un díptico. A mano derecha y sobre una mesa, un cuadro representando a santa María Magdalena.
Detalle del museo donde, entre pinturas barrocas de los siglos XVII y XVIII, se distinguen una elegante cómoda y un bello bargueño. Sin embargo, lo más destacado en esta fotografía  es la pintura flamenca situada sobre el bargueño, que nos presenta una escena bíblica. A la derecha del mismo se halla un cuadro representando a san Francisco de Paula, cuyo principal  símbolo es el sol, signo de la caridad. A la izquierda hay una pintura  con la figura de san Juan el Bautista. 

Bello retablo con escenas de la vida de   san Bernardino de Siena. Este conjunto de pinturas lo atribuye Elías Tormo al pintor valenciano Jaume Baco o Baçó, llamado Jacomart (Valencia 1411-1461). En su formación recibió influencia tanto de Luis Dalmau como de Gonzalo Pérez o Luis Alimbort. El rey Alfonso V el Magnánimo lo llevó a Nápoles para trabajar a su servicio, pero, al no gustarle aquel ambiente, regresó pronto a Valencia. De su producción dejada en Valencia, entre otras, cabe destacar, según señala la Gran Enciclopedia Valenciana, el retablo de san Martín en el convento de Agustinas de Segorbe, el retrato de Calixto III en Xàtiva, así como un Bernardino de  Siena, de la colección del señor Tortosa de Ontinyent, que es precisamente el que nos muestra la imagen.

En cuanto a la nota histórica-litúrgica del franciscano Bernardino de Siena se puede decir que fue un gran predicador popular y que murió en 1444 en L’Aquila, siendo canonizado seis años después. Representa el fenómeno más típico de evangelización popular en Italia. Nació en Massa Maríttima, en el territorio de Siena, y recibió una buena formación cultural en la universidad de Siena.

 

Situado por encima de un bonito bargueño, se encontraba una pintura que representa los pasajes del Evangelio que nos narran Marcos (5 21-43), Mateo (9 18-26) y Lucas (8 49-56), en el que nos describe la resurrección de la hija de Jairo, jefe de la sinagoga.

Lo innumerable no se pueden numerar, e innumerables son las advocaciones con que ha sido y es designada a la Santísima Virgen María por el pueblo cristiano, que es y se muestra, a la vez, pueblo mariano.

 Esta pintura representa a la Divina Pastora y se encontraba situada en un rellano de la escalera de acceso al desaparecido museo de La Ereta. 

Según Juan Vesgas Cuevas en su “Las advocaciones de la imágenes marianas veneradas en España”, página 454, se adoptó como Patrona de los Deportes y de deportistas, por influencia de un P. Capuchino, a la advocación de la “Divina Pastora”.

Sus atributos son el Niño en brazos, el cordero a sus pies y el cayado

 

Imagen de la Virgen María con el niño en brazos y adornada con doselete que remata el marco. Con este elemento ornamental se realza la importancia y dignidad del cuadro que pertenecía al círculo de fray Nicolás Borrás.

La nota biográfica de fray Nicolás Borrás está situada entre 1530, año en que nació en Cocentaina, y 1610, cuando muere en Gandia. Fue un monje religioso de san Jerónimo en el monasterio de Cobalta (Alfahuir) y después franciscano en san Juan de Ribera (Valencia). Fray Nicolas Borrás fue discípulo de Juan de Juanes, cuyo estilo  se nota en sus producciones renacentistas.

En el momento de tomar las imágenes de este reportaje fotográfico, me mostraron con especial atención esta escena íntima de la Sagrada Familia, en su ambiente hogareño, cuando la Virgen amamanta al  Niño Jesús en presencia de san José. Por su carácter amable, esta iconografía obtuvo antiguamente gran aceptación aunque degeneró en multitud de estampas de mediocre calidad, pero hubo otros artistas, como el Greco o Murillo, que supieron armonizar la humanidad de los sentimientos familiares con el toque personal de su genio.  

El Apóstol  santo Tomás
 

Tomás es mencionado por todos los evangelistas (Mt 10,3; Mc 3,18; Lc 6,15; Jn 11,16; 14,5; 20,24; 21,2). Su sobrenombre es Dídimo, que significa “gemelo” en arameo. A menudo a Tomás se le llama el incrédulo. Atributos: cinturón de la Virgen, escuadra de arquitecto y lanza de suplicio.

 

El Apóstol Santiago el Mayor
 

Santiago el Mayor es el hermano mayor del Apóstol Juan. Junto con Andrés, Pedro y Juan, es uno de los primeros discípulos llamados por Jesús. Con estos dos últimos está presente en el momento de la Transfiguración y más   tarde en la agonía de Cristo en el Huerto de los Olivos. Murió decapitado en el 44 por orden de Herodes Agripa.

Se cree que Santiago vino a evangelizar España y, a la vez, es su  santo Patrón. Está enterrado en Santiago de Compostela.

El Apóstol Simón Zelotes o el Cananeo
 

En los Hechos de los Apóstoles (H 1,13) Simón es denominado “el Zelotes”. Este Apóstol fue miembro de una secta judía rigorista. También es llamado el cananeo, originario de Caná (Mt 10,4; Mc 3,18). Simón, después de Pentecostés, la tradición sitúa su actividad misionera en Egipto y en Persia. Según una versión, Simón fue cortado con una sierra al igual que el profeta Isaías. Atributos: libro, sierra, espada o lanza (del suplicio, más raramente).

 

El Apóstol Santiago el Menor.
La tradición ha convertido a Santiago el Menor, a veces, como primo hermano de Cristo, hijo de una medio hermana de la Virgen, y otras, en su hermano menor (así lo califica san Pablo, aunque para él “hermano” significa “pariente”.). Es uno de los doce apóstoles, y lleva el sobrenombre de “menor” para distinguirlo de su homónimo Santiago el Mayor de quien no era pariente.  Santiago el Menor se parecía mucho a Jesús y esa fue razón por la que, con la finalidad de evitar la confusión,  Judas besara a su Maestro.

El Apóstol san Andrés
San Andrés fue el hermano mayor de san Pedro y, como él, sencillo pescador en el lago de Tiberíades. Es el primer apóstol que sigue a Cristo, y un santo muy venerado. La iglesia griega intenta situarlo con una importancia similar a la de Pedro. Es patrono de Escocia, en la Italia del Norte y la Meridional, patrono de la casa ducal de Borgoña y de la Orden del Toison de oro.  A finales de la Edad Media, Andrés es reconocido por el atributo de la cruz en aspa.

 
El Apóstol san Mateo

San Mateo es llamado Leví por Lucas y Leví, hijo de Alfeo, por Marcos. Mateo es considerado el autor del primero de los Evangelios. Antes de su vocación (Mc 2,14) ejerce en Cafarnaún el oficio de publicano, de recaudar impuestos y tasas. Tras la dispersión de los apóstoles predica el Evangelio en Etiopía. Fue muerto decapitado después de haberse opuesto al matrimonio del rey Hircíaco con su sobrina Ifigenia.

Su atributo es el Evangelio. Mateo es el patrón de los banqueros y agentes del fisco.   

El Apóstol san Bartolomé.
San Bartolomé es uno de los doce apóstoles según la relación de Mt 10,14; Mc 3, 16-19 y Lc 6,14-16; y parece ser mencionado por Jn 1, 45 como Natanael. No desempeña papel alguno en los Evangélios ni tampoco en los Hechos de los Apóstoles. Tras la muerte de Cristo, pasa por haber evangelizado Arabia y Mesopotamia, hasta la India. Sufrió martirio en Armenia.

El Apóstol san Felipe o Judas Tadeo.
Según la tradición, san Felipe era originario de Betsaida, en Galilea. Figura entre los primeros discípulos de Jesús. Sin duda siguió primero a Juan el Bautista. Durante el milagro de la multiplicación de los panes, es él quien señala que no se puede alimentar a cinco mil personas con tan pocos panes.

En las representaciones, Felipe se distingue poco de los demás apóstoles por su apariencia de joven.

El Apóstol y Evangelista san Juan
San Juan Evangelista, uno de los doce Apóstoles y hermano de Santiago el Mayor, fue tenido por predilecto de Jesús. De acuerdo con el encargo explícito formulado desde la cruz: “He ahí a tu madre” (Jn 19,26-27). La leyenda asegura que llevó consigo a María a Efeso y vivió en su compañía hasta el término de la vida mortal de ella. Deportado a Patmos, donde tuvo la visión del Apocalipsis, murió en tiempos de Trajano.
El Apóstol  san Pedro

El Apóstol Pedro es en quien Jesús deposita los más grandes poderes de la Iglesia, lo cual conduce a que se le haya considerado el primero de los apóstoles. Su principal atributo son las llaves, refiriéndose al pasaje evangélico de su solemne compromiso (Mt 16, 3-20).

Su primitivo nombre era Simón.    Pedro fue un rudo  pescador, entrado en años, que, junto con su hermano Andrés, fue uno de los primeros Apóstoles. Murió crucificado en una Cruz invertida. 

San Andrés
La cruz en aspa es uno de los atributos de san Andrés. Fue hermano mayor de Pedro y, como él, sencillo pescador en el lago de Tiberíades. Es el primer apóstol que sigue a Jesús y es patrón de Escocia. 

San Pablo Apóstol de los gentiles
Aunque no perteneció al grupo de los doce Apóstoles, san Pablo es considerado como uno de los más grandes santos. Su nombre es Saulo, que recibió en recuerdo del primer rey de Israel. Tras su conversión lo cambió, por humildad por el Pablo (en latín, Paulus, que significa (“pequeño”). Atributos: libro o rótulo, espada y tres fuentes o manantiales.

Otro detalle del museo. Detrás de unos artísticos objetos de alabastro, podemos ver, entre otros lienzos, una Epifanía en la parte superior a mano izquierda con la Sagrada Familia junto a san Joaquín y santa Ana. También a mano derecha, en la parte superior, una Adoración de los pastores. En la parte inferior, un san Francisco de Borja, que se detalla aparte.

Sagrada Familia con san Joaquín y santa Ana Adoración de los  Reyes.

San Francisco de Paula, muy joven, em-          

prendió la vida de penitencia en un lugar              

desierto. Fundó la congregación de los Mínimos.

Murió casi centenario en  1507

   San Jerónimo. Después de recibir el
bautismo se retiró al desierto de Siria

de anacoreta, donde permaneció tres

años. Después fue íntimo del papa

        Dámaso, hacia el 382.

Pintura valenciana renacentista atribuida a José Ribera, que representa a un santo franciscano que lleva un sencillo sayal con capuchón. Sus riñones aparecen ceñidos por un cordel con tres nudos que recuerdan los tres votos de obediencia, castidad y pobreza que emiten al ser admitidos en la orden. En francés se les denominan “cordiliers” (cordeleros). Pintura del siglo XIX. Arriba, a mano izquierda, una copia de una pintura de Velázquez y, a la derecha, un paisaje de Ontinyent con la torre campanario de Santa María sin el remate actual, pintado por el propietario del museo Vicente Tortosa Calabuig, y, bajo de éste, un cuadro que representa a san Agustín.

San Juan Bosco (1815-1888). Sacerdote que

dedicó su vida a la educación de la juventud

y a cuyo fin fundó la congregación de los

Salesianos y la de María Auxiliadora. Viste

de sacerdote y bonete, aunque sus atributos

son los niños. Aquí  aparece con un libro en

la mano.  

 

San Agustín representado de pié como Obispo de pie. A partir del siglo XIV, los artistas lo asocian con los otros doctores de la Iglesia, Jerónimo, Gregorio y Ambrosio.

Después de la Reforma, se le fomenta como el defensor de la ortodoxia contra los errores de los herejes.

 

Pintura que nos muestra a san Juan Bautista.

Juan el Bautista es considerado por los Evangelios como el último de los Profetas en sentido cronológico. Anunció la venida del Mesías y le precedió (Mt 11, 13), por lo que se le denomina Precursor. Lucas relata su nacimiento y su circuncisión. En el curso de esa ceremonia es cuando se le dio un nombre al niño: “Deseaban llamarle como a su padre Zacarías. Entonces su madre (Isabel) tomó la palabra: No, dijo, se llamará Juan” (Lc 1, 59-60).

 
La Cristiada, primera edición, publicada en Sevilla en 1611, misteriosa epopeya de la salvación de Nuestro Señor Jesucristo, cantada en versos heroicos por Fray Diego de Ojeda, fraile dominico, maestro en Teología, misionero en Cuzco, Perú, donde compuso el poema. 
Sobre una mesa con pies torneados se encontraba una pequeña escultura del Niño Jesús, original del escultor José  Esteve Bonet (Valencia 1741-1802). En 1772 le nombraron  académico de San Carlos de Valencia. Sables, bastones de marfil y vitrina con varios objetos (crucifijo de marfil y pergaminos). La Geografía del Reino de Valencia publicada en 1922 dice que este museo, entre otros interesantes objetos, poseía: una ”vígnola” con autógrafas y dibujos de José Churriguera, dos placas esmaltadas de autor anónimo, una “sacra” de plata con marco gótico de madera sobredorada, una llave del siglo XVIII, una baraja fabricada en 1640 en Valencia, armas antiguas entre las que destaca una espada romana,   un grabado de Alberto Durero, siete bargueños de marquetería chapados de concha de pósto y nácar, así como una modesta colección arqueológica.

La Ultima Cena de Jesús. Grabado sobre plata, que según los entendidos es original de  Alberto Durero, pintor y grabador alemán (Nuremberg, 1471-1528). La figura más importante en el siglo XVI en Alemania, tercer hijo de una numerosa familia que ayudó primero a su padre en el arte de orfebrería.

La reunión de despedida de Jesús con sus discípulos, antes de ser entregado a su Pasión, con el pretexto de la celebración de la Pascua de los judíos (Jn 13-17; Mt 26 17-29; Mc14 17-25; Lc 22 14-29). En el transcurso de la misma instituye la Eucaristía y resume su enseñanza en una larga exhortación recogida en el Evangelio de Juan. En ésta se encuentra expresado el deseo clave que ha dado fundamento al movimiento ecuménico: “Que todos sean uno, como tú, Padre, estás en mí y yo en tí, para que también ellos sean en nosotros y el mundo crea que tú me has enviado. (Jn 17-21)

La importancia de la composición del grabado explica el que los artistas representen esta composición tan compleja. La iconografía cristiana, agrupando a los comensales, en torno a la mesa, ha ignorado la costumbre de su tiempo consistente en comer recostados sobre divanes: sólo así es factible que Juan apoyase la cabeza sobre el pecho de Jesús (Jn 13, 25). Permaneciendo sentados, la actitud de Juan suele resultar forzada e incomprensible.

También, según la Geografía General del Reino de Valencia editada en 1922, este museo contenía “un precioso tríptico marfileño de gran tamaño del siglo X.”

La biblioteca de este museo contenía una interesante colección de libros sobre el movimiento del Carlismo, muy arraigado en Ontinyent, así como de otros curiosos y variados temas.

CONVENTO FRANCISCANOS

COLEGIO LA  CONCEPCIÓN

 

A finales del siglo XIX, en la zona denominada “La Verónica,” se edificó la iglesia del Sagrado Corazón para el convento y colegio La Concepción de PP. Franciscanos.

Líneas sobrias marcaban la fachada del convento de los PP. Franciscanos. Fue en la madrugada del 1 de octubre de 1893, siendo Fray Conrado Arnau el Guardián del Convento, cuando se bendijo la iglesia dedicada  al Sagrado Corazón de Jesús. Bendijo solemnemente el templo el Arcipreste de Onteniente Tomás Valls y cantó su primera misa Fr. Vicente Valls. Este edificio se realizó según planos de Joaquín Arnau Miramón, uno de los más imaginativos arquitectos valencianos del siglo XIX. El maestro de obras fue Fr. Maeso Company. Su estilo, con base de cruz latina, hay que situarlo en el pseudo-gótico. Este templo en un principio se proyectó con una sola nave, pero antes de finalizar la obra se le dio amplitud añadiendo las naves laterales.

La iglesia fue inaugurada  el 4 de octubre de 1893, festividad de san Francisco de Asís. A este acto fue invitado el Ayuntamiento, que acudió en pleno. Cabe recordar, entre otros muchos donantes para su edificación, los nombres de los más generosos en esta obra, señalando a José Simó, Joaquín Colomer y Rafael Ferrero. También a Concepción Mergelina, viuda de Donad, las hermanas Micaela y Vicenta Calabuig, viuda de Tortosa, Francisca Tortosa, viuda de Simó, Carlos Iranzo y su esposa Enriqueta Sanz. 

Fachada del Convento Colegio La Concepción, según proyecto de José Pastor. Se remodeló y pintó por los pintores locales Hermanos Tormo, con motivo de las Bodas de Oro (1945). Tiene una imitación al estilo arquitectónico italiano a semejanza del desarrollado a finales del siglo XV y principios del XVI, el cual se distinguió por poner énfasis especial en la ejecución de volumen arquitectónico y la evolución compositiva propia de estilo clásico. Se colocó presidiendo la fachada una imagen en mármol, de donación anónima, de la Inmaculada Concepción.

También aparece la  iglesia del Sagrado Corazón con dos torres campanarios de estilo neogótico, con notables filigranas, un elemento que  caracteriza el Convento Colegio  La  Concepción.

Estas torres fueron reconstruidas después de la contienda civil y bendecidas, junto con la fachada y la grandiosa imagen del Sagrado Corazón de Jesús, el domingo 8 de junio de 1952 por el Sr. Obispo de Teruel Fray León Villuendas Polo, estando presentes en el acto diferentes personalidades como el. Sr. Gobernador Civil y su distinguida esposa, que actuaron de padrinos, el Sr. Rector Magnífico de la Universidad de Valencia, el  Sr. Presidente de la Diputación Provincial, así como el Excmo. Ayuntamiento de la ciudad.

Terminada la bendición e inauguración se celebró un apoteósico banquete-homenaje al P. Fernando Alcina, con motivo de sus Bodas de Oro de enseñanza en el Colegio.

Con anterioridad a este acontecimiento, el 24 de mayo de 1952, estuvo en este colegio convento el Reverendo Padre Ministro General de la Orden Franciscana.

Claustro principal del Convento Colegio La Concepción después de la remodelación de los años veinte, según planos y dirección del P. Bernardino Cervera Morató. Dentro de la sobriedad y modestia franciscana del mismo, todo es gusto y elegancia
Monumento del Claustro edificado en1945 con motivo de las Bodas de Oro, en  el que  nos recuerda a los 92 exalumnos  y 14 religiosos “Caídos por Dios y por España” , como se imponía entonces en las inscripciones lapidarias por los asesinados en la contienda civil de 1936-39. Aunque el sentimiento por la pérdida de los seres queridos es el mismo siempre, hoy, mirando atrás sin ira, podríamos  corregir este epitafio político por otro que no perdiera el sentido franciscano, tan cercano al amor entre hermanos.
Vista del claustro de clausura del Convento. Los cuatro lados están configurados por arcos de medio punto, realizados con ladrillo vista los de la planta baja en relieve, y rellenos los de la parte superior. El pavimento está realizado con piedra de canto rodado enrasado con mortero de cemento. En el centro hay un viejo pozo que abasteció de agua a la comunidad hasta que se realizó la conducción subterránea, de un kilómetro y medio, desde la “Font del Tarrós”, cuya inauguración fue el 6 de agosto de 1893. En el claustro se observa el espíritu de pobreza franciscana y la  alegría santa de su esencia.

La ecología fue intuida y defendida por san Francisco. El amor a la naturaleza, salida de la mano del Creador para el sostén y el gozo del hombre, lleva a los franciscanos a amarla y defenderla.

Vista parcial del jardín que posee el Convento. Éste está dedicado principalmente a jardín botánico. Fue una iniciativa del segundo rector del Colegio, P. Francisco  Jordá, secundada en los años 1918-1924 por el P. Eusebio Arbona y Alfonso Cervera, que transformaron su orden, convirtiendo el antiguo jardín inglés en jardín botánico, tal como lo vemos hoy en día.

El conjunto arbóreo del jardín de los Padres Franciscanos es un área protegida de las ocho que hay en Ontinyent, así como otros ochenta y tres árboles del diseminado de la población.


Esta magnífica biblioteca fue proyectada por el franciscano P. Bernardino Cervera Morató y el inicio de la construcción debe situarse entre 1919 y 1922. No se aprecia, pero tiene dos pisos, varios incunables, miles y miles de volúmenes, entre los que cabe destacarse la presencia de ediciones de gran valor. Con independencia del conjunto franciscano, que fue respetado en su integridad, hay una colección de libros escritos en idiomas francés, holandés y valonés. Ello es debido a que, durante la Guerra Civil (1936-1939) este edificio del convento y colegio fue requisado y convertido en hospital militar internacional. Durante la contienda aquí permanecieron muchos heridos de las brigadas internacionales (polacos, griegos, rumanos, franceses, belgas, etc.). Por eso se comprende que fuera abastecido de libros con idiomas de donde procedían los brigadistas y, así, de alguna manera, distraer a los heridos en sus largas horas de estancia en el hospital. Al  finalizar la guerra y entregar el edificio a los franciscanos, esta colección de libros se quedó aquí.

Perspectiva general de la nave del templo. Al fondo el tríptico central del altar mayor, obra del distinguido exalumno y catedrático José Bellver Delmás, en el verano de 1944 terminó los dos grandes lados del presbiterio con escenas relativas a la Misericordia Divina. En el centro, como corresponde a una iglesia dedicada al Sagrado Corazón de Jesús, se hallan arrodillados a ambos lados las imágenes de san Francisco de Asís, fundador de la orden franciscana de frailes menores, y santa Clara, fundadora de la misma orden femenina. En la parte izquierda se halla una imagen de la Purísima protegida por el Padre Eterno y, a la derecha, varias figuras alusivas a la vida del santo de Asís. La mesa del altar mayor, unida a la pared fue proyectada por el franciscano P. Bernardino Cervera Morató. Luego, con las nuevas normas litúrgicas  decretadas en el Concilio Vaticano II, se añadió otra mesa del altar separada, con el fin de oficiar la misa de cara al pueblo, respetándose la primitiva.

Las dos imágenes que flanquean el altar mayor, originales del escultor valenciano Victorino Gómez, son obras  que representan a fray Duns Escoto y fray Junípero Serra, ambos pertenecientes a la orden franciscana.

El día 15 de junio de 1940 se inauguró el bello sagrario de estilo gótico florido proyectado por el P. Bernardino Cervera, obsequio de los colegiales.

Fresco del mural lateral izquierdo realizado por el catedrático de arte José Bellver Delmás. En el verano de 1944 terminó los dos grandes lados del presbiterio con escenas relativas a la vida de Jesús. En la parte izquierda aparece la escena del establo de Belén con la adoración de los pastores, que viven casi siempre solitarios, y que cualquier acontecimiento que suceda cerca de ellos les conmueve. En el centro, remarcado por un arco ojival decorado con motivos barrocos, está la figura de Jesús rodeado de niños, que recuerda el pasaje evangélico en el que dice: “Dejad que los niños se acerquen a mí”. En la parte derecha, una recreación de cuando san Francisco inventa el nacimiento en la gruta de Greccio en Asís.  

En la parte superior hay una  artística celosía y a ambas lados aparecen las figuras de dos profetas: a la izquierda, Isaías, llevando un  oráculo, y a la derecha, Jeremías, también con otro oráculo. Como remate, en la parte superior  hay una vidriera y, a ambos lados, una represtación de la Parábola del Buen Pastor,  con Jesús cargando sobre los hombros a la oveja descarriada.  

En la parte baja del freso aparece un tríptico; en primer lugar, en la parte izquierda tenemos la impresión de los estigmas o  marcas similares a las cinco llagas de Jesús crucificado que recibió san Francisco, hecho que se produjo en el monte de La Verna en 1224.

En el centro, dentro de un arco ojival artísticamente decorado con motivos barrocos, vemos el pasaje narrado por Marcos 10, 17-31, donde uno, después de decirle a Jesús que cumple todos los mandamientos, quiere saber que más le falta para salvarse y  Jesús, poniendo en él los ojos, le amó y le dijo: Una sola cosa te falta: vete, vende cuanto tienes y dalo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego ven y sígueme. Ante estas palabras se nubló su semblante y se fue.   

 Su predicación tiene como base los principios y las verdades, pero no bastaba para aquellos hombres rudos. Jesús recurrió a lo maravilloso y a la poesía. Hizo Milagros y habló en Parábolas.

A la derecha tenemos la crucifixión de Jesús. Le habían visto morir  y no hacía falta el crurifragio, que era uno de los peores hallazgos de la crueldad: consistía en romper las piernas a los crucificados, para provocarle la muerte rápidamente y evitarle padecimientos; pero uno de los soldados, llamado Longinos, como para descargar su conciencia, echando mano a su lanza, le dio un gran golpe en el costado y vio con maravilla que de la herida salía sangre y agua.

Una artística celosía se halla en la parte superior y, a ambos lados, las figuras de los profetas Ezequiel y Daniel.

En la parte más alta hay una recreación de la aparición del Resucitado a los discípulos, en la tarde del día de Pascua, escena en la que se representa recibiendo, un grupo de seis apóstoles, de manos de Jesús, el pan eucarístico en presencia de la Virgen María. 

Capilla de la Comunión en la iglesia del Sagrado Corazón, con decoración de reminiscencias bizantinas. Su autor fue el artista local Carlos Tormo Martínez, con la participación del P. Eugenio Silvestre. La mesa y la columnas que ostenta su frontal es de mármol de varios colores y tiene estilo gótico. En el retablo, sobre la ménsula central se halla san Francisco de Asís y, a ambos lados, san Luis, rey de Francia, y santa Isabel de Hungría, patronos de la Tercera Orden  Franciscana para seglares. Fue costeado todo por la familia Simó. El 25 de enero de 1941 se inauguró la capilla de la comunión; el comulgatorio fue obra del P. Cervera.
Las paredes laterales de esta capilla están adornadas con dos  cuadros realizados por el P. Eugenio Silvestre entre los años 1942 y 1944, siendo en esas fechas profesor de dibujo del Colegio La Concepción. Esta representación pictórica nos muestra el momento en que el Papa Honorio III, en 1220, le entrega aprobada a san Francisco las reglas de la Orden Franciscana, que recibe de rodillas. En presencia de su           protector el cardenal Ugolino (el futuro Gregorio IX). En esta obra el P. Eugenio Silvestre interpreta el momento de la muerte, casi desnudo de san Francisco, totalmente agotado a los cuarenta y cinco años, rodeado de sus Hermanos Menores y de santa Clara, que se inclina ante el cadáver. El fallecimiento  ocurrió en la choza de la Porciúncula, en Asís, la noche del 3 al 4 de octubre de 1226
El 7 de diciembre de 1940, después de un vistoso programa  festivo, es cuando tuvo lugar la bendición del altar y una imagen de la Inmaculada, original del imaginero valenciano Inocencio Cuesta. A ambos lados del altar, cubriendo las paredes hay dos pinturas originales del P. Eugenio Silvestre. Al ser coronada esta imagen, la joya más importante incrustada en el centro de la corona es una medalla de oro correspondiente a la condecoración de Alfonso X el Sabio, otorgada al franciscano P. Fernando Alcina, en reconocimiento a su larga y fecunda labor docente e investigadora. Su voluntad fue que permaneciera incrustada en la misma. Más tarde,  en diciembre de 1944, se inauguró otra imagen procesional de la Purísima, costeada por Luis Roca Togores.  

El día 15 de junio de 1940, festividad de san Antonio de Padua, se bendijo esta imagen, obsequio del exalumno José Delgado de Molina Moscardó.

Bajo la ménsula donde se apoya san Antonio hay una imagen del mártir san Tarsicio, joven acólito que en el siglo III fue muerto a golpes y pedradas porque no quiso entregar a los paganos la Eucaristía que llevaba escondida en el pecho, con destino a los encarcelados. Es patrono de los niños de primera comunión.

En el altar dedicado a la Inmaculada se encuentra revestida de pañales esta bella imagen del Niño Jesús, la cual fue donada por una persona anónima al P. Joaquín Sanchis Alventosa, rector de  la comunidad de los franciscanos, una vez finalizada la Guerra Civil. Cabe estimarse que su antigüedad es de finales del siglo XVIII o principios del XIX.

Encuadrado en un arco gótico se encuentra el altar dedicado a san Isidro Labrador, muerto hacia 1130 y canonizado en 1622.

Isidro fue labrador cerca de Madrid, educado en la religión cristiana. Con la llegada de los sarracenos huye de Madrid, siendo objeto de envidia en todos los lugares. Juan Vargas, su último dueño para el que trabajó, se convirtió al cristianismo.   

El diseño de este altar, así como  los de san José y santa Teresa fueron proyectados por el franciscano P. Bernardino Cervera Morató.

El P. Eugenio Silvestre plasmó sobre este lienzo un simbolismo de la Eucaristía.

Aparece una imagen con un vestido blanco que en sus manos lleva la Eucaristía, erradicando ésta un fuerte resplandor.

En la parte inferior aparecen dos ángeles llevando un cáliz.

La fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo empezó a celebrarse en Lieja en 1246. El Papa Urbano IV la extendió a la Iglesia universal en 1246, dotándola del mismo oficio  propio. En los años 1311 y 1317 fue nuevamente recomendado por el Concilio de Vienne (Francia) y por el Papa Juan XXIII, en el siglo XX.

Motivos ornamentales de estilo gótico adornan este altar dedicado al patriarca san José. La talla de esta imagen en madera junto al Niño Jesús llevado de la mano es de autor desconocido. Fue realizada con posterioridad a la Guerra Civil.

San José es venerado en Oriente desde el siglo IV; su culto en Occidente fue realmente introducido por Teresa de Jesús y los Jesuitas. Gracias a estos fue introducido como patrón en Méjico en 1555 y en Canadá en 1624. El año 1870 Pío IX lo nombra patrón de la Iglesia universal, cuya fiesta se celebra el 19 de marzo. Pío XII, en 1955 instituye una segunda fiesta el primero de mayo dedicada a san José Obrero.

La imagen que aparece sobre una peana en este altar es la de santa Teresa de Ávila. Durante la Guerra Civil fue salvada de su destrucción gracias a los buenos oficios de la familia Donad Silvestre que la guardó en su casita de campo, situada cerca del molino Guerola en la zona del Siscar. Finalizada la contienda y restablecida la comunidad franciscana, esta imagen fue llevada procesionalmente a la iglesia del Convento.

Teresa murió en 1582 y fue canonizada en 1622, El papa Pablo VI la proclamó Doctora de la Iglesia en 1970. Teresa de Jesús es copatrona de España.

Arquitectura racionalista moderna

Parroquia San José

Edificio de la parroquia de San José. Esta compuesto de dos cuerpos. En un principio fue edificada a partir de 1961, la parte  del prisma rectangular, siendo párroco Basilio Sancho Martín,  dirigiendo la obra del arquitecto Luis Gay Ramos, ayudado por el aparejador José Antonio García Pardo. El día 19 de marzo de 1961, se bendijo y colocó la primera piedra, en una misa de campaña presidida por la imagen de la Purísima. En 2007, siendo párroco y animador de la ampliación José María Payá Mataix, inauguró y bendijo el Cardenal Arzobispo de Valencia Agustín García Gasco la parte complementaria y la torre campanario, construida bajo la dirección de los arquitectos Ignacio Torró Micó y Silvana Soler Espí con la ayuda del  aparejador Josep Lluis Belda Sanchis.

El lugar que ocupa esta parroquia y su populosa barriada que la circunda, hasta los años cincuenta era una importante zona de huertas y alquerías. Concretamente,  el solar que ocupa la misma pertenecía a parcelas de varios propietarios y fue adquirido por suscripción popular. El perímetro de todo el conjunto parroquial está compuesto de 5.293 metros cuadrados pagados por suscripción popular a razón de 135 pesetas el metro  cuadrado.

Esta fachada es la parte posterior del complejo parroquial de san José, donde está situado el Colegio, que, proyectado en 1953, cuando fue creada la parroquia, no pudo empezar a desarrollar su actividad hasta tanto no terminaran las obras del edificio, esto es, hasta septiembre de 1967, empezando su trayectoria bajo la dirección de las Hijas de la Caridad de san Vicente de Paúl que permanecieron en la enseñanza durante veinticinco años. En principio sólo era escuela para niñas. Luego, desde  1973 a 1977 la educación fue mixta, aunque sólo en preescolar. Durante el curso 1973, se incorporan los alumnos de la academia “San Luis Gonzaga” y se completa la enseñanza mixta, impartiéndose la EGB en este barrio que, en pocos años, llegó a ser el más grande de la ciudad. En 1991, la Institución de las Hijas de la Caridad de san Vicente de Paúl, cesa en su labor docente, debido a la escasez de vocaciones religiosas, la falta de docentes profesionales y la demanda para nutrir sus centros propios de esta institución como es la atención a los más necesitado, en hospitales y albergues.

El claustro de profesores, a partir de 1991 y hasta hoy, pasó a estar compuesto por profesores seglares, siendo una de las primeras directoras Remedios Giner Segarra.

A partir de 1961 empezó a edificarse el entonces denominado Hogar Parroquial de san José por medio de la empresa constructora José Vidal Martínez y Ramón Guillem Cambra, quienes ganaron en pública subasta la primera fase de su construcción  por un importe de 1.428.161,60 pesetas.

El templo parroquial de san José consta de una sola nave, cubierta de cielo raso y con una tribuna corrida en tres ángulos de la nave. En el  centro hay una mesa del altar de granito, de forma poliédrica presidida por un Cristo. La nave está decorada con solo una hornacina que contiene la imagen de san José, una talla policromada, de estilo barroco, donación anónima que, según los entendidos, estaría realizada a finales del siglo XIX.  

Dentro de una hornacina, protegida por un cristal blindado, se halla esta talla policromada de san José, Patrono titular de la parroquia, de donación anónima, y salvada de la destrucción de la Guerra Civil. 

Según los entendidos su origen data de finales del siglo XIX.

En los últimos años del siglo XX, siendo cura párroco de san José Alberto Biosca   Revert, enamorado de la música, tuvo la feliz idea de instalar  un órgano en la iglesia para adornar las grandes solemnidades litúrgicas. Lamentablemente, por diversas causas de los tiempos actuales, este bello instrumento, que nos podría deleitar, permanece mudo. 

En una estancia cuadrada de la iglesia se encuentra situada una sencilla capilla con un Sagrario. A los pies, en la mesa de altar de piedra hay una arqueta con los restos del beato mártir Vicente Galbis Gironés, hijo de esta población. A ambos lados del sagrario aparecen dos cruces policromadas. Antes de desdoblar, pues estaban unidas y formaban dos caras, presidían el altar de la iglesia parroquial. En una cara aparece el Crucificado y en otra, la imagen de María Madre.

Al no existir una imagen pictórica del beato Vicente Galbis, se ha colocado a los pies  del altar una fotografía del mismo quien, dando su vida, nos trasmitió la fe católica.

Arquitectura racionalista moderna Parroquia San Rafael

El 6 febrero de 1965 el Arzobispo de Valencia Miguel Roca Cabanillas firmaba un Decreto en el que creaba una nueva parroquia en Ontinyent denominada “San Rafael Arcángel”.

La iglesia parroquial de San Rafael está construida sobre el solar que ocupó el antiguo cementerio de Ontinyent propiedad de la iglesia, para atender las necesidades espirituales del barrio del mismo nombre, que nació y se expandió rápidamente en los terrenos que conformaba la finca propiedad  de la noble familia  Fernández de Mesa y Montoso Gisbert y Ciscar, que, al unirse en la parte opuesta de la población mediante la construcción del puente de Santa María, para salvar el profundo barranco por el que discurre el río Clariano,  empezó a venderse a parcelas, formándose una populoso barrio obrero.

El domingo 7 de marzo de 1965 tomaba posesión del cargo de Cura de la Parroquia de San Rafael Arcángel Luis Espí Albert, dándole posesión Roque Ruiz Ros, Provicario General de la Archidiócesis levantina.

La primera piedra del complejo parroquial fue colocada el 5 de diciembre de 1965 con presencia de la Imagen de la Purísima que, a tal efecto, se llevó procesionalmente.  

A partir del domingo 26 de febrero de 1967 empezaron a celebrarse misas en el complejo parroquial.

El Domingo 19 de marzo de 1967, festividad de san José, a las seis de la tarde tuvo lugar la bendición solemne, por el Obispo Vicario Capitular de Valencia Rafael González Moraleja de este nuevo complejo parroquial.

El Excelentísimo y Reverendísimo Cardenal Vicente Enrique y Tarancón visitó esta parroquia con motivo de las fiestas del barrio de San Rafael de 1986.

Portada adintelada sin decoración sobre la que se levanta una pared de carga que contiene la espadaña.

Con posterioridad a la edificación del templo fue realizada esta fachada y espadaña con planos del arquitecto José Ramón Esteve ayudado por el aparejador José  Ramón Sanchis.

La espadaña está formada por un hueco a la parte derecha del que cuelgan dos campanas. La situada en la parte superior estuvo emplazada en el oratorio de la finca denominada “Sant Vicent”, ubicada en la partida de La Solana de Ontinyent. Esta finca en principio perteneció a la  Comunidad de los Dominicos, que tuvo su convento en lo que hoy es la plaza de santo Domingo, desaparecido tras la exclaustración de Mendizábal, como consecuencia de un incendio provocado. Posteriormente la finca pasó a poder de Luis Mayans Enríquez de Navarra, terrateniente y notable político, unido por muchos vínculos a Ontinyent; más tarde, durante muchos años fueron propietarios los Condes de Nieuland.

La campana situada en la parte inferior fue sufragada por “els llumeners” de la Parroquia de San Rafael.

El templo de la parroquia de San Rafael, construido en 1967 en el barrio de la ciudad del mismo nombre, sobre terrenos que fueron solar de un antiguo cementerio propiedad de la iglesia. Es una nave cubierta con cielo raso soportado por vigas metálicas. En la parte izquierda se sitúa una tribuna corrida. En el presbiterio hay una mesa de altar de granito. Sobre el mismo, presidiendo el templo hay una imagen del Cristo Crucificado, que fue pagada por la Obra Social de la Caja de Ahorros de Ontinyent, siendo presidente de la misma Antonio Vidal Tormo, cuyo importe fue de 600.000 pesetas.
La iglesia parroquial de San Rafael fue proyectada por el arquitecto Luis Gay, ayudado por el aparejador José María Martínez Guerola. Está compuesta de una nave decorada con cielo raso formado por pórticos metálicas y una tribuna corrida a la parte izquierda de la nave, abriéndose al exterior por medio de grandes ventanas irregulares protegidas de láminas traslúcidas de alabastro por medio de las cuales recibe abundante luz del exterior.

En la parte derecha del presbiterio, sobre una peana se halla una bonita imagen policromada de la Inmaculada, de un tamaño mayor al normal. Es original de los imagineros hermanos Javier y Emilio Tudanca de Madrid. Fue bendecida por el obispo auxiliar de Valencia José Vilaplana Blasco el 5 de mayo de 1990.

Imagen del santo titular de la parroquia, el Arcángel san Rafael. Fue bendecido por el Arcipreste de esta  ciudad el 24 de octubre de 1964 presidiendo el templo provisional instalado en un bajo de la calle Agullent.

Toda obra que nace, desde el mismo momento de su nacimiento, va dejando recuerdos, que aunque íntimos, sin trascendencia, con el paso del tiempo al mirarlos, por un sentimiento especial, pueden causar intensa emoción. Este complejo parroquial contiene un modesto pero entrañable museo. Así lo ha entendido y lo ha llevado a efecto el cura de san Rafael, Luis Espí Albert, guardando con cariño todo aquello que de forma ordenada nos cuenta cualquier suceso de la parroquia. Aquí, en este pequeño museo, se hallan los papeles de su fundación, nombramientos y otros varios que hacen historia. En el tiempo actual encontramos también cálices, copones, imágenes devocionales de donaciones varias... Como dato a destacar figura este relicario en forma de cruz que contiene  reliquias de los siete mártires de Ontinyent beatificados por el Papa Juan Pablo II el 11 de marzo de 2001. 

La fotografía que aquí aparece corresponde a una pequeña campana, con fecha de fundición de 1380, que se encontraba en la espadaña de la desaparecida Ermita de San Onofre, situada dentro del perímetro de la demarcación de esta comunidad parroquial; por este motivo, se guarda con preferencia dentro de una vitrina de este pequeño museo, por cuanto es un símbolo de esa riqueza espiritual que  existió en esta comunidad.

La campana está dedicada a la advocación de la virgen y mártir santa Águeda, en latín Agatha.

Esta santa es originaria de Catania, en la falda del volcán Etna. Fue martirizada arrojándola sobre carbones encendidos hasta que expiró. Se invoca a Águeda contra las erupciones volcánicas, el rayo, los incendios y los terremotos. Es patrona de las nodrizas y de los  fundidores de campanas.

Ante la mirada de esta vieja campana de 621 años y como colofón de este libro, podríamos manifestar, como el profeta David en sus cantos: “Alabad al Señor con campanas que suenen bien, alabadle con campanas de alegría; todo espíritu alaba al Señor”.

APÉNDICE DOCUMENTAL
Plebanía de La Asunción de Santa María de Ontinyent.

El 25 de abril de 1464, el Papa Pío II expedía la Bula de Creación de Dignidad de Pleblanía a la Parroquia “Nostra Sancta María de la Assupció de la vila de Ontinyent”, a instancias del  rey de Aragón Juan II que quiso honrar con ello a “nos vollguda i forta Vila de Ontinyent.”

El título de Plebán de Ontinyent fue confirmado posteriormente por el Papa Inocencio XIII; tenía el privilegio de usar insignias Pontificales, conferir la tonsura y órdenes menores y confirmar y consagrar iglesias. La Plebanía se suprimió en 1836 durante la Desamortización de Mendizábal,­ siendo entonces Plebán el Dr. Vicente Soriano. Estos hechos son páginas que contiene nuestra historia local.   

El hecho de poseer poca información sobre el título de Plebanía suscitó en mí la curiosidad de investigar  sobre este suceso que ostentó nuestra iglesia mayor. Ello me llevó a consultar diferentes diccionarios y estudios sobre el significado de esta distinción eclesiástica y, si exceptuamos el curioso e interesante artículo del Canónigo Gonzalo Vidal Tur, hijo de esta población,  publicado en el programa de Fiestas de la Purísima de 1957, no saciaba completamente mi curiosidad por ampliar más esta información sobre el tema.  Sentí una gran decepción por no hallar alguna información precisa  que pudiera satisfacer esa curiosidad, por cuanto aparecen muy reducidas e imprecisas las explicaciones que se dan. Incluso la Gran Enciclopedia Catalana señala como iglesia peblanía sólo la de Oliva (Valencia) y nada dice de la de Ontinyent.

Ante la insatisfacción que me causaron mis averiguaciones, para tener una respuesta aclaratoria y poder contrastar ideas, opté por dirigirme a la Biblioteca del Vaticano. Recibí una amable contestación el 17 noviembre del 2001 de Monseñor Vicente Cárcel Ortí, Capo “della Cancellería del Supremo Tribunale della Segnatura Apostolica”, acompañándome fotocopia de cuanto consta del título eclesiástico de Plebanía, que en italiano se llama  “Pieve”, sacada de la prestigiosa “Enciclopedia Católica italiana”. Su traducción al español es la siguiente:

“PIEVE (PARROQUIA).- Nombre que, en Italia, se atribuye a una parroquia e incluso a barrios o ciudades.

Su origen debe buscarse en la palabra plebs, utilizada, con la llegada del cristianismo, para indicar la comunidad de los bautizados. Al principio, esta expresión plebs christiana tenía un significado genérico; pero a partir de una cierta época, no determinada, pasó a utilizarse no sólo para designar el pueblo de los bautizados sino también un instituto; quizá desde el principio uno y otro juntos, es decir, una masa de personas corporativamente concebidas y el instituto unitario que de ella se derivaba y que se resumía en el ente iglesia, edificio de culto donde la masa de fieles se reunía o rezaba; por último, también el territorio sobre el que se había asentado ese pueblo de bautizados; de ese modo se decía, por ejemplo, la plebs de tal Santo. El significado genérico se conserva un poco por todas partes y es un uso literario, pero se pierde y se desvanece con el tiempo y a través de los lugares; en cambio el significado específico, jurídico, constitucional, permanece circunscrito en determinadas regiones, se arraiga y se consolida en un determinado territorio.

Este territorio es el norte y el centro de Italia, aproximadamente al norte del paralelo 42° - 43° (Viterbo-Chieti), incluida Córcega (y excluida Cerdeña o por lo menos una parte) y algunos valles latinos al norte de los Alpes. Se trata de una zona, desde un punto de vista histórico-político, franco-carolingia y, desde un punto de vista lingüístico, de lengua romance. Pero es un hecho que la palabra latino-eclesiástica plebs fue importada mucho antes de Inglaterra, y todavía existe en el País de Gales (céltico plwif) donde, después de la ocupación sajona de la isla, emigró con los Bretones, Celtas puros, reagrupados en clans, a la Bretaña francesa. Allí permanece, a través de numerosas variantes, enraizada al suelo con cerca de doscientos topónimos (sin embargo, no se sabe si en la Bretaña la plebs tuvo en la Edad Media la misma estructura constitucional que en Italia). Ya en el siglo V en Italia, es decir, en las regiones citadas anteriormente, la palabra plebs se utilizaba tanto en sentido corporativo como en sentido institucional (la plebs Cluentensis de dos documentos del Papa Gelasio).

La estructura constitucional de la pieve italiana, en su propio territorio, es singular. Es distinta de la parroquia: ésta es la iglesia de la Baja Edad Media; la pieve es la iglesia de la Alta Edad Media; y es la iglesia bautismal matriz de todas las otras iglesias menores del distrito; ésta se presenta a menudo con un clero múltiple y un arcipreste que es un gran arcipreste, con patrimonio originariamente común y con un amplio territorio en el que suelen encontrarse muchas capillas subordinadas. Éste es el esquema típico; pero es posible encontrar parroquias (pieví) que aún siendo tales, es decir, matrices, no reúnan todas estas características. Evidentemente se trata de una forma de organización del territorio rural, excéntrica en relación al centro diocesano, pero centrípeta frente a la población que ha surgido en el amplio distrito rural. Naturalmente, estas parroquias bautismales matrices crecen en número con el paso del tiempo, el aumento de la población y el auge de la economía. Pero parece cierto que, en su origen, éstas repetían, a través de su distribución por distritos, los cuadros de la organización municipal romana. La correspondencia entre el pagus romano y la parroquia {pieve) está todavía por estudiar y se debe profundizar en ella; aunque sí es cierto que el mapa de los distritos de las parroquias {pieví) más antiguas podría reproducir la geografía administrativa del territorio alto-medieval en el campo italiano.

Cesa el área italiana de expansión de la parroquia {pieve) allí donde desaparece el tipo de asentamiento por población esparcida (céltico-gálico) y allí donde empieza la forma de colonización del tipo de la ciudad griega (Italia meridional y las islas mediterráneas). Fuera de  Italia,  en Francia por ejemplo,  tuvo  vigor en los primeros  siglos  el

arciprestazgo rural, cuya estructura era quizá análoga a la de la parroquia (pieve) italiana, pero que desapareció rápidamente.

De cualquier forma, pieve, pievania, piviere, es un distrito rural que estuvo vigente hasta la Baja Edad Media, cuando surge el municipio rural; pero la distribución por distritos municipales rurales modificó el conjunto de la ordenación parroquial (de las pieves). Alrededor de los grandes municipios urbanos se agruparon varias parroquias (pieves) en el mismo territorio municipal moderno, mientras que siguen siendo reconocibles los distritos parroquiales en los municipios periféricos del antiguo territorio diocesano. Por último, el vínculo unitario, que vincula la iglesia matriz a sus iglesias subordinadas, desaparece; a la iglesia matriz sólo le quedan títulos honoríficos que también desaparecen y las capillas subordinadas son equiparadas en todo a la antigua iglesia matriz.

Según la etimología, la palabra “Plebanía” procede de plebe, pueblo, y las colectas que se hacían en  la plebe servían para el mantenimiento de la plebanía.

Cada parroquia (las pequeñas diócesis del canonista Graciá) era un complejo de iglesias principales e iglesias pequeñas o aisladas que defendían una presencia cristiana profundamente influyente en el medio mudéjar en el sur del río Júcar.

Con los datos conseguidos en la Biblioteca Vaticana, he aquí una pequeña historia de la Plebanía de Santa María de Ontinyent:  

La plebanía de Onteniente fue creada por el Papa Pío II, a ruego del Rey Juan II (arch. Reg. Valentino Regtº 9º, fol. 56 v), ante los nobles propósitos de los Jurados de la Villa, primera de entre las Reales por su incremento material tanto intelectual como espiritual.

Favoreció la petición del Rey la coincidencia providencial de encontrarse en Roma el Maestro Fray Simón Olcina, ilustre hijo de Ontinyent  y Penitenciario de la Basílica Primada de San Pedro, quien negoció el asunto de la Plebanía de su pueblo natal personalmente con el mismo Pontífice; y el 25 de abril de 1464, poco antes de morir Pío II, expedía éste su Bula de institución de la referida Plebanía, quedando con ello plenamente satisfechos el Rey y el Clero, Jurados y vecinos de Ontinyent.

El 17 septiembre de 1722, el Papa Inocencio XIII ratificó la categoría de Plebanía.

Dice el padre Luis Fullana en su “Historia de Onteniente”, que, como entre otras gracias que concedió el Pontífice a los Jurados de nuestra villa, contábase la de poder elegir por sí mismo al primer Plebán, éstos, en prueba de gratitud, eligieron al mismo Simón Olcina. El párroco, que lo era a la sazón el Doctor Jaime Eixarch, renunció espontáneamente a todos los derechos que como cura pudiera tener.

Según mis ulteriores averiguaciones, el primer Arzobispo de Valencia, Cardenal Rodrigo de Borja, luego Papa Alejandro VI, por mediación de su Obispo Auxiliar Fray Jaime Pérez, nombró canónigo de Valencia al Doctor Eixarch para recompensarle su espontánea renuncia al curato de Santa María de Ontinyent, facilitando así la entrada a nuestro Plebán (actas Cap. 1464) cuyas obligaciones en él y en sus sucesores eran: subsidiar la predicación de Cuaresma, retribuir al sacristán y acólitos de Santa María y de San Miguel, predicar las dominicas de Adviento, Septuagésima, Quincuagésima y demás días solemnes y pagar el subsidio legal al Rey.

El reverendo Simón Olcina, luego de su entrada y toma de posesión, como primer Plebán, firmó una concordia con el Clero Parroquial. Concordias que se repitieron considerable número de veces entre distintos Plebanes y Beneficiados de Santa María en épocas distintas y para diversos fines. Según escritura del 25 de noviembre de 1575 se firmó una de estas concordias ante el escribano (Notario) Jaime Juan  Molina.

El Plebán disfrutaba de los derechos arancelarios de rector y párroco; como primer beneficiado, de los correspondientes frutos y distribuciones; de dos libras anuales que, como censo, le legó el Marqués de Colomer, y de 30 libras más que todos los años debían entregarle los Cleros de Ontinyent y Agullent como derechos de los frutos primiciales pertenecientes a sus términos.

Leemos en el libro de “Visitas pastorales” (1569 del archivo de Santa María) que el Plebán Tomás Vallés quiso recibir, con todas sus insignias, en los linderos de la villa al visitador general del Arzobispado Pedro Conderos, cuando éste, en nombre del Patriarca Juan de Ribera, vino al pueblo para girar visita canónica. Si el Plebán quiso presentarse con aquellas insignias pontificias fue para dar más realce al acto, dada la significación del ilustre huésped y la importancia de las funciones que venía a realizar en nombre del insigne  Prelado. Enfrentadas ambas personalidades, Plebán y Visitador, éste no consintió que el primero fuese quien le reverenciase  y saludase como su superior, y, ante la admiración y el agrado de la feligresía, fue él, el Visitador, quien saludó primero al Plebán, besando su pectoral y situándose a su izquierda. Luego, en Santa María, el Señor Conderos explicó su proceder diciendo que las insignias pontificales del Plebán estaban sobre cualquier jerarquía no pontificia y delegada.                   

En aquel entonces la Plebanía de Santa María contaba 48 beneficiados de  mérito que diariamente cantaban Maitines a las doce en punto de la noche en su respectivo coro, hasta que en 1604 dejaron de cantarlo por el asesinato cometido en la persona del mencionado y dignísimo Plebán Doctor Vallés, cuando precisamente salía del templo de cumplir dicha obligación.

Llegado el siglo XVIII, entre el Plebán Vicente Colomer y los Jurados de la villa se produjo una seria discusión por discrepancia de criterios sobre el lugar a ocupar en el templo el Concejo Municipal. En una carta fechada el 5 de enero de 1702 del Arzobispo de Valencia Fray Antonio Folch de Cardona, que aparecía en 1930 en un legajo del archivo Arciprestal con el número 25, decía que el mencionado Arzobispo ordenó al Plebán Doctor Colomer que se presentara en Valencia con sus insignias y atributos, al objeto de darle cuenta de la contienda entablada. Así lo hizo nuestro Plebán y, oído que fue por la Suprema jerarquía Diocesana, ésta falló de conformidad con el criterio del Plebán. Y de ese modo los bancos de la Justicia Municipal quedaron situados en el mismo lugar en el que hoy ocupan.

El 16 de septiembre de 1884, la sagrada Congregación del Concilio, mediante circular de los Prelados, restringió, en general, las prerrogativas de honor eclesiástico de  los Plebanes, porque, francamente, entonces las disfrutaban personas que carecían de méritos para ello. Obrando así la Iglesia quería que los honores se concedieran sólo al mérito del cargo ostentado por persona digna, y que no sirviera para satisfacer ridículas vanidades. De todo eso se preocupó antes, también en España, el Concordato de 17 de octubre de 1851, dictaminando la supresión de todas las Plebanías.

 

Al no disponer de una relación  completa de los Plébanos que ejercieron en la iglesia de La Asunción de Santa Maria de Ontinyent, por haber desaparecido mucho del archivo parroquial, detallamos algunos nombres de ellos que figuran en las diferentes obras que se han consultado y que figuran en la Bibiografía.

 

***

 

Año 1464  - El Dr. Eixarch, que ejercía como párroco y debía ser, por derecho propio  el primer Plebán pero renuncia de su cargo en favor de Simón Olcina, que gestionó en Roma ante Pío II,  el título de Plebanía.

 

En el año 1604, siendo Plebán el Dr. Vallés, a principios del mismo año, una noche, después de la lectura de Maitines, fue asesinado.

 

En 1662 fue elegido Plebán Gaspar Blas Arbuixech.

 

Al año siguiente 1663 ocupaba el cargo de Plebán  José Navarro.

 

Aparece como Plebán en 1667 Vicente Calatayud.

 

En el mes de enero de 1683  figura como Plebán Francisco Colomer.

 

El 26 de enero de 1696 fue elegido Plebán Vicente Colomer quien continuó hasta 1717.

 

Desde 1732 y hasta 1789, tuvo el cargo de Plebán Roque Bernabeu.

 

En 1789, fue elegido Plebán a Joseph Casanova.

 

En el año1791 aparece ocupando el cargo Antonio Lorca..

 

En1798 ejerce la función de Plebán Francisco Salelles.

 

1800: Figura como Plebán Manuel Soler, hasta enero de 1809, en que se ausenta.

 

1810: Ocupa el caro de Plebán Pedro Pons por ausencia de Manuel Soler.

 

En octubre de 1810 ocupa el cargo de Plebán Mariano Sans hasta 1817.

 

1817: Lo ocupa unos años, interinamente, José Torró.

 

1827: Vuelve a ocupar la plaza de Plebán Mariano Sanz, hasta su muerte en 1828.

 

1828: Fue nombrado Plebán Fernando Soriano desempeñando el cargo hasta 1858.

 

 Tomó posesión de la Plebanía en 1858, Francisco Gómez Ochando, quien dejó el cargo  el 10-3-1866 por haber sido nombrado para ejercer su ministerio pastoral en la Catedral de Oviedo como secretario de Cámara y Gobierno del Obispo Jesús Montagud.

 

El último Plebán que hubo antes de la supresión fue Fernando Soriano.

 

A partir de l.884, mediante circular de los Prelados, se restringió las prerrogativas del honor eclesiástico de los Plébanos.

 

*** 

 

Por su parte, el canónigo e hijo de Ontinyent, Gonzalo Vidal Tur, en su artículo del Programa de Fiestas de la Purísima de 1957, al hablar de las Plebanías, decía que en la antigua Iglesia “Corepiscopos eran auxiliares de los Obispos, superiores a los presbíteros, que visitaban las demarcaciones episcopales en nombre de los obispos. La distinción 68 del capítulo “Eclesiis” así lo establece”.

Más adelante seguía: Los obispos solo se creaban para extensas comarcas (diócesis) y para los pueblos de alguna importancia, dentro de ellas existían “visitadores o Corepiscopos” que presidían en sus distritos y ejercían ciertos actos pontificales, como consagrar la Eucaristía  y conferir Ordenes Menores, según el Concilio de la Odicea. Últimamente los Prelados delegaron en los Corepiscopos casi todos sus poderes y prerrogativas, por lo que el capítulo “Quamvis”,  distinción 68, los suprimió, quedando anulados completamente a finales del siglo X.

A los Corepiscopos sucedieron sacerdotes del Clero episcopal para cuidar la Iglesia de varios poblados distantes del centro diocesano; a dicha Iglesia se la llama a título, a sus fieles plebe y plebanos a los sacerdotes que las regían”.

También indicaba que “en España presidían los plebanos, en los sínodos, a todos los párrocos de la diócesis, consagraban la Eucaristía, iglesias y altares, administraban la Confirmación y daban las cuatro Órdenes Menores con la Tosura. Además ejercían otras funciones como puede verse en el capítulo XV de “Praeb et dignit.” No obstante les estaba prohibido excomulgar y absolver censuras”.

Todas estas prerrogativas las podían ejercer únicamente dentro del terreno de su jurisdicción delegada, donde podían realizar las mencionadas funciones,  y las  usaron durante largo tiempo, siempre y cuando tuvieran la autorización expresa de sus Prelados y el Vº Bº de la Santa Sede, pudiendo usar algunas insignias pontificias como Mitra, Pectoral y Anillo, pero nunca Báculo.

Igualmente afirmaba Gonzalo Vidal Tur que “en Aragón, Cataluña y Navarra, hubieron bastantes parroquias regidas por plebanos”, pero que en Valencia sólo hubo dos, la de Onteniente y la de Oliva. Y sigue diciendo que “nuestros plebanos usaron de los privilegios de  insignias y honores antedichos por espacio de unos cuatro siglos”.

 

***

 

SOLICITUD DE LA RESTITUCIÓN DEL TÍTULO DE PLEBANÍA

 

El ayuntamiento de Ontinyent en 1956, siendo Alcalde Jaime Miquel Lluch,  queriendo recuperar este título honorífico por el que se había distinguido Ontinyent, previo acuerdo municipal del 20 de diciembre de 1956, solicitó al Arzobispo de Valencia el restablecimiento en la Iglesia Arciprestal de Santa María del antiguo título de Plebanía que durante algunos siglos ostentó. Su texto es el siguiente:

 

“Solicitud para que se restablezca en la Iglesia Arciprestal de Santa María la dignidad de Plebanía.- La Presidencia informa que en la última visita realizada a esta Ciudad por el Sr. Arzobispo, hizo saber al Sr. Arcipreste de Santa María que pronto estaría restablecida la dignidad de Plebán, que el Arcipreste de la expresadas Iglesia ostentó durante muchos años, tiempo atrás, cuya dignidad supone la concesión de ciertos privilegios eclesiásticos y que si bien formalmente no ha sido suprimida, se había perdido por abandono. Considera la Presidencia oportuno en estos momentos el solicitar del Sr. Arzobispo sea restablecida la repetida dignidad, pues, parece ser ocasión propicia para ello. Y la Corporación, por unanimidad, se adhirió a la sugerencia de la Presidencia y acordó solicitar del Exmo. y Rvdísimo. Sr. Arzobispo de la Diócesis, que sea restablecida en la Iglesia de Santa María de Onteniente, la dignidad de Plebán, que durante muchos años ostentó”.

 

El 22 de diciembre de 1956, el Excmo. Ayuntamiento instó al Excmo. Sr. Arzobispo para que restableciera la Plebanía de Santa María, a lo que accedió benignamente el Prelado, según escrito que dice:

“Exmo. y Revdisimo. Sr. Esta Corporación de mi Presidencia, en sesión plenaria celebrada el día 20 de diciembre de los corrientes y por unanimidad, acordó dirigirse a V. E. Rvdísima. para suplicar sea establecida en las Iglesia Arciprestal de Santa María de esta Ciudad de Onteniente, la dignidad de Plebán, que durante siglos ostentó el que regentaba y cuya dignidad, si bien no ha sido formalmente suprimida, se ha perdido por desuso y abandono.  Esta Alcaldía se complace en trasladar a V. E. Rvdísima. la súplica de esta Corporación Municipal, a la que se espera dará cariñosa acogida y atenderá, si cabe dentro de lo posible y fuere oportuno. Dios guarde a V. E. Rvdísima. muchos años. Onteniente, 22 diciembre 1956 El Alcalde (Firmado Jaime Miquel Lluch)”.

La Comisión Municipal Permanente de 13 junio de 1957 “Acordó quedar enterada de un escrito del Exmo. y Rvdísimo. Sr. Arzobispo de Valencia en el que comunica haber acordado restablecer en la iglesia de Santa María, de ésta, el título de Plebán, que ostentará el que por tiempo fuese Cura de dicha Parroquia, acordándose que conste en acta la satisfacción de esta Comisión Permanente por ello y se dé cuenta a dicho escrito al Pleno del Ayuntamiento en la primera sesión que se celebre. Onteniente a 14 de junio de 1957”. Este documento está firmado por el secretario J. L. Reig Feliu.

 

En el Pleno del 17 junio de 1957, el Ayuntamiento tomó el siguiente acuerdo:

 

“Expediente sobre restablecimiento de la dignidad de Plebán en la parroquia de Santa María.- De orden de la Presidencia por mi, el Secretario, se da lectura íntegra del escrito del Exmo. y Rvdísimo. Sr. Arzobispo de Valencia en el que comunica que, accediendo a lo solicitado por este Ayuntamiento en fecha 22 de diciembre del pasado año, ha resuelto restablecer el título de Plebán que ostentará el Cura que por tiempo fuese de la Parroquia de Santa María, de Onteniente, título otorgado por el Papa Pío II en 1464 y confirmado por Inocencio XIII en 1722. El escrito del Arzobispado de Valencia lleva fecha 14 de mayo del corriente año 1957”.

Y la corporación, por unanimidad, acordó:

Que conste en acta las profunda satisfacción de esta Corporación Municipal por la resolución del Exmo. y Rvdísimo. Sr. Arzobispo de Valencia restableciendo la dignidad de Plebán en la parroquia de Santa María, de esta Ciudad, lo que viene a colmar uno de los anhelos más hondamente sentidos por esta católica Ciudad.

Expresar al Exmo. y Rvdísimo. Sr. Arzobispo de Valencia el reconocimiento de esta corporación Municipal y de la Ciudad toda por la resolución tomada, haciéndose patente, al propio tiempo, la expresión de la devoción filial que este Ayuntamiento y el del pueblo cuyos destinos rige sienten por la persona de nuestro amado y venerado prelado, que tanto afecto, interés y paternal amor ha demostrado siempre por Onteniente y a quien se trasladará la invitación para que, si las ocupaciones de su elevado cargo lo permiten, se traslade a ésta, para presidir la toma de posesión del Plebán de Santa María, cuyo acto se celebrará con solemnidad.

Dar traslado del escrito del Arzobispado de Valencia al Revdo. Sr. Cura de Santa María, a quien se comunicará también el acuerdo anteriormente trascrito.

Y que la resolución de nuestro amado prelado, que se ha leído, sea transcrita en un pergamino, íntegramente, el cual será colocado, enmarcado debidamente, en sitio preferente del Salón de Sesiones de la Casa Consistorio, archivándose el documento original en  Secretaría junto con el expediente tramitado con este motivo.”

Onteniente a 19 de junio de 1957. El Secretario: J. L. Reig.”

El 14 de mayo de 1957 el Arzobispado de Valencia dirige el siguiente escrito al Alcalde Presidente de la ciudad de Onteniente, el cual dice:

 

“Visto el escrito que Nos ha sido elevado por el Ilmo. Señor Alcalde-Presidente de la Ciudad de Onteniente, de fecha 22 de diciembre de 1956, nº 3.471, en súplica de que restablezcamos el título de Plebanía, que disfrutó el Señor Cura de la Parroquia de Santa María, de la expresada Ciudad de Onteniente, cerciorados por documentos auténticos de que esta prerrogativa fue otorgada por el Papa Pío II en 1464 y confirmada más tarde en 1722 por Inocencio XIII, en atención a la religiosidad de esta Noble y Antigua Ciudad de Onteniente, obtenidos los debidos asesoramientos y visto el favorable parecer del Excmo. Cabildo Metropolitano, venimos a restablecer el título de Plebán que ostentará el Cura que por tiempo fuese de la Parroquia de Santa María de Onteniente.

Dado en Valencia a catorce de mayo de mil novecientos cincuenta y siete.

Por mandato de S. Excia. Rvdma.

EL CANCILLER SECRETARIO (firma ilegible)” .

 

Carta dirigida al Sr. Cura Arcipreste:

 

“La Corporación de mi Presidencia, en sesión plenaria celebrada el 17 de los corrientes, quedó enterada de la resolución de V. E. Reverendísima por la que se restablece el título de Plebán en la Parroquia de Santa María de Onteniente, concedida por el Papa Pío II en 1464 y confirmado por Inocencio XIII en 1722, accediéndose con ello a la solicitud de este Ayuntamiento formulada en 22 de diciembre del pasado año.

Y esta corporación acordó que conste en acta la profunda satisfacción que esta resolución le produce, resolución que viene a colmar uno de los anhelos más hondamente sentidos por esta católica Ciudad. Y expresar a V. E. Reverendísima el reconocimiento de la Corporación y del pueblo cuyos destinos rige, por ello, haciendo patente, al propio tiempo la expresión de devoción filial de este Ayuntamiento y de toda la población por la persona de nuestro amado y reverendo Prelado que tanto afecto, interés y paternal amor ha demostrado siempre por Onteniente.

La resolución de V. E. Reverendísima será transcrita en un pergamino que, debidamente enmarcado, será colocado en sitio preferente en el Salón de Sesiones de la Casa Consistorio, archivándose el documento original en Secretaría, junto con el expediente tramitado al efecto.

Y al propio tiempo que me complazco en trasladarle los acuerdos adoptados en la Corporación que me honro en presidir, tengo también el honor de suplicar                                             humildemente a V. E. Reverendísima en nombre del Ayuntamiento y dando cumplimiento al acuerdo del mismo, que, si  las ocupaciones de su elevado cargo lo permiten, se traslade a esta Ciudad para presidir los actos de toma de posesión del Plebán de Santa María, que se celebrarán Dios mediante con la solemnidad que su importancia requiere”.

 

El acuerdo que consta en Secretaría dice:

 

“La Corporación de mi Presidencia, en sesión plenaria celebrada el día 17 de los corrientes, quedó enterada de la resolución del Exmo. y Rvdísimo. Sr. Arzobispo de esta Diócesis en virtud de la cual, a petición de este Ayuntamiento, se restablece el título de Plebán que ostentará el Cura que por tiempo fuese de la Parroquia de Santa María, de Onteniente, título otorgado por el Papa Pío II en 1464 y confirmado por Inocencio XIII en 1722.

La Corporación acordó asimismo conste en acta su profunda satisfacción por ello y expresar al Exmo. y Rvdísimo Sr. Arzobispo de Valencia su reconocimiento por la resolución, acordándose invitarle para que presida los actos de toma de posesión del nuevo Plebán, que se celebrará, Dios mediante, con la solemnidad que su importancia requiere.

La resolución del Arzobispado será transcrita en un pergamino que, debidamente enmarcado, será colocado en sitio preferente del Salón de Sesiones de esta Casa Consistorio, archivándose el documento original en Secretaría, junto con el expediente tramitado al efecto.

Dios guarde a Vd. muchos años.

Onteniente, 19 junio 1957.

El Alcalde (Firmado: Jaime Miquel Lluch)”.

Por su parte, el Arzobispo Auxiliar de Valencia, en fecha 26 junio de 1957, dirigió un escrito al señor alcalde en los siguientes términos.

 

Valencia 26 de junio de 1957

Ilmo Sr. Alcalde de Onteniente.

 

Mi querido amigo:

En nombre del Sr. Arzobispo ausente Valencia contesto a su atento comunicado.

El Sr. Arzobispo tendrá mucho gusto en ir a Onteniente a reponer la Plebanía. Supongo yo que regresará de Madrid a fines de esta semana; luego, el día 10 de julio, marchará a Roma a girar la visita “ad Limia”. Le señalo estas fechas para que pueda Vd. ir determinando las cosas. Convendrá que concrete Vd. el día y ceremonial llamando al propio Sr. Arzobispo (teléfono 10337). No hará falta decir que yo estoy para todo a su completa disposición.

Firma ilegible.”

Un escrito de agradecimiento al Ayuntamiento, procedente del Arciprestazgo de Onteniente, dice:                  

“Excmo. Sr. Alcalde de la Muy Noble Ciudad de Onteniente.

Me es grato acusar recibo de su comunicación remitida por la Secretaría de ese Excmo. Ayuntamiento, enterándome de los acuerdos tomados por la Corporación de su digna Presidencia con motivo del restablecimiento del título de Plebanía en favor de esta Iglesia Arciprestal de Santa María y del título d Plebán al Cura de la misma; por la tramitación del expediente en favor de dicho restablecimiento y por el éxito alcanzado, felicito a V. E. y a la digna Corporación y pido al Señor les conceda muchos aciertos para bien de nuestra querida ciudad.

Onteniente 24 junio 1957

Firmado Julio Roig”.

 

En 1958 constan en secretaría los siguientes escritos:

 

“Excmo. y Rvdisimo. Sr. Arzobispo de Valencia.

Adjunto tengo el honor de remitir a V. E. Rudísima. una instancia dirigida a ese Arzobispado por este Ayuntamiento, en súplica de que sean restablecidas las funciones y prerrogativas inherentes a la Plebanía de Santa María de esta Ciudad, cuyo título fue  restablecido por resolución d V.E.Rvdísima el 14 de mayo del pasado año 1957.

Dios guarde a V. E. Rudísima. Muchos años.

El Alcalde (Jaime Miquel Lluch)”.

 

Al no recibir contestación al escrito anterior, la nueva Corporación Municipal encabezada por Anselmo Serna Simó, Alcalde Presidente del Excmo. Ayuntamiento de Onteniente, vuelve a dirigir otro escrito al Arzobispo de Valencia, que dice:

 

“A V. E. Rvdísima. respetuosamente expone:

Por resolución de ese Arzobispado de fecha 14 de mayo del pasado año 1957, dictada como consecuencia de una solicitud formulada por este Ayuntamiento, fue restablecido el título de Plebán que, según la citada resolución, ostentará el Cura que por tiempo fuese de la Parroquia de Santa María de esta Ciudad de Onteniente. Título y dignidad concedidos por el Papa Pío II en 24 de abril de 1464 y que fueron suprimidos a mediados del siglo XIX.

Ha sido, pues, restablecido el título de Plebán que  corresponde al Cura Párroco de Santa María de Onteniente, merced a la benevolencia que V. E. Rvdísima. consideró a la solicitud formulada por este Ayuntamiento.

Por ello suplico a V. E. Reverendísima que:

Previos los trámites y asesoramientos precisos, se digne  restablecer las prerrogativas y funciones inherentes a la Plebanía de Santa María de Onteniente, como son la facultad de administrar el Sacramento de la Confirmación, conferir las cuatro Ordenes Menores y usar la Mitra, Pectoral y Anillo, como insignias del cargo ya que con ello se dará satisfacción a esta población que en todo momento ha demostrado su amor a las tradiciones y cuanto pueda representar una exaltación de los valores del espíritu y, en especial, de su acendrada fe católica, forjada durante varios siglos de agitada Historia.

Es gracia que espera alcanzar del recto proceder de V. E. Reverendísima cuya vida guarde Dios muchos años.

Onteniente a 23 de abril de 1958”.

***

 

El 19 de abril de 1964 la hoja parroquial “Aleluya”  publicaba el siguiente editorial:

 

“En 25 de abril de 1464, cuando S. S. Pio II expedía la Bula de erección en Dignidad de Plebanía de “Nostra Sancta María de la Assumçió” de la villa de Onteniente, que a instancias del rey de Aragón D. Juan II, quiso con ello honrar a “Nostra valenta y forta vila”. Era a la sazón Penitenciario Mayor de la Basílica de S. Pedro el Revdo. P. Fr. Simón Olcina, O. P., quien resolvió ante dicho Papa la petición del rey y de sus paisanos y fue el primer Plebán que tuvo Santa María. Regía la Parroquia el Dr. Jaime Eixarch y que fue nombrado canónigo de Valencia. El Revdmo. Plebán de Onteniente tenía privilegio de usar las insignias Pontificales, conferir las sagradas Ordenes Menores y confirmar y consagrar iglesias.

Algún tiempo después estos privilegios fueron confirmados por S. S. Inocencio XIII. Para ello la iglesia tiene sello propio, que dice de su traducción latina: “Sello de la iglesia de Onteniente“. Santa María lleva por título “Iglesia Mayor de Santa María”. El último Plebán fue el Dr. D. Fernando Soriano. La Plebanía se suprimió por la desamortización de Mendizábal. El 22 de diciembre de 1956, el Excmo. Ayuntamiento instó al Excmo. Sr. Arzobispo para que restableciera la Plebanía de Santa María, a lo que accedió benignamente el Prelado”.

    

***

 

A partir de restauración de Plebanía, han ostentado el titulo de Plebán en la Asunción de Santa María de Ontinyent:

 

1957 Julio Roig Villalba

1969 Joaquín Cots Torregrosa

1972 Blas Asensio Castelló

1986 Jesús Murgui Soriano

1993 Fernando Cremades Costa

2006 Melchor Enguix Sarrió

  

BIBLIOGRAFÍA

 

 

 

Agulló Pascual, Fr. Benjamín, O. .F.. M..

Colegio La Concepción, Centenario

Imprenta Nacher S. L. Valencia, 1994

 

Aleluya, semanario Parroquial de Ontinyent

Varios años

 

ARCHIVO MUNICIPAL DE ONTINYENT

 

Archivo Parroquial de Santa María

Manuscrito Curiosidades y Memorias Parroquiales (Autores desconocidos)

 

Bernabeu Galbis, Alfredo

Programa revista Moros y Cristianos

Ontinyent, 1984

 

Biblioteca Vaticana, consulta realizada sobre el “Diccionario Católico Italiano”.

Facilitado por el “Capo della Cancellería del Supremo Tribunale della Segnatura Apostolica”

 

Calabuig Olcina, Francisco José

Historia de la devoción de Onteniente a su Patrona

Imprenta Minerva Sucesores, Ontinyent (segunda edición 1998)

 

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Geografía General del Reino de Valencia,  tomo III

Establecimiento Editorial Alberto Martín. Barcelona, 1922

 

Catàleg del Patrimoni Arquitectònic Urbanístic d’Ontinyent

Hurtado Montañana, Vicent - Peñarrocha Gantes,  Javier – Sanchis i Carrefés,

 Josep  M.- Tomás y Llavador, José María. Arquitectos

Ayuntamiento de Ontinyent, 1982  

 

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Observaciones sobre la Historia Natural, Geografía, Agricultura, Población y Frutos del Reynode Valencia

Imprenta Real. Madrid, 1797

 

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Guía iconográfica de la Biblia de los santos

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Iconografía de los santos

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Historia de la ciudad de Onteniente

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Inventario Artístico de la provincia de Valencia

Rivadeneira, S.A., Madrid, 1983

 

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Los santos del calendario romano

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LA VOZ DE VALENCIA

Periódico de fecha 17 abril de 1915

 

Llora Tortosa, Antonio

Ontinyent y su historia

Imprenta Minerva Ontinyent, 1992

 

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MAOVA

Museu  Arqueològic d’Ontinyent i la Vall d’Albaida. (MAOVA)

 

Revilla, Federico

Diccionario de iconografía y simbología

Ediciones Cátedra (Grupo Anaya, S.A.) Madrid, 2003

 

Rodríguez G. De Ceballos, Alfonso

La arquitectura de los Jesuitas

Edilupa Ediciones, S.L. Madrid, 2002

 

Duchet-Suchaux, Gaston y Pastoureau, Michel

La Biblia y los santos

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Colegio de la Concepción de Onteniente

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Historia Incomparable de la Coronada Villa de Onteniente

Imp. Casa de Beneficencia Valencia, 1886

 

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Geografía del Reino de Valencia, provincia de Valencia, tomo II

Establecimiento Editorial Alberto Martín, Barcelona 1922

 

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Geografía del Reino de Valencia, 1918

 

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Historia de Cristo

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Las advocaciones Marianas veneradas en España

I.E.T.U.L.S.A. Valencia ,1988

 

Vidal Tur, Gonzalo.

El título de Plebanía

Programa revista fiestas de la Purísima Ontinyent, 1956

 

 

 pag.

 

INDICE

3

-

Prólogo

5

-

Introducción

7

-

Arte rupestre en Ontinyent

12

-

Ontinyent. Época medieval

21

-

El gótico

59

-

El renacimiento

68

-

La torre campanario

71

-

El barroco

88

-

Edificio monacal El Carmelo

95

-

San Carlos, iglesia de la escuela jesuítica

114

-

Iglesia Nuestra Sra. de la Paz

119

-

Iglesia San Diego y san Francisco

136

-

Casa-palacio La Ereta

174

-

Colegio-convento de los Franciscanos

189

-

Arquitectura racionalista: San José

194

-

Arquitectura racionalista: San Rafael  

201

-

Apéndice documental

213

-

Bibliografía

216

-

Índice

217

-

Agradecimientos

 

 

 

Agradecimientos

 

 

Debo expresar mi reconocimiento y gratitud a todas las personas que me han ayudado con su amabilidad y paciencia para que este libro fuera posible, muy especialmente a mi buen amigo Vicente Ferrero Torró, por su colaboración en el tratamiento informático, también a José María Espí Sánchez, por sus acertados comentarios, sin olvidar a Fernando Lliso Bartual, que ha tenido la amabilidad escribir el prólogo.

De una manera  muy especial, igualmente, a Caixa Ontinyent por aceptar incluir este modesto estudio sobre “Ontinyent: arte e iglesias” entre sus publicaciones, pues no cabe duda de que este trabajo configura un acervo cultural de los pueblos que conforman la Vall d’Albaida.